Debate sobre la Victoria de Ollanta Humala en Perú ¿Populismo o Democracia?. La TuerKa CMI 9 Junio
lunes, 13 de junio de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
Por una revolución ciudadana
Vivimos en un estado de excepción que se está convirtiendo en permanente. Su sustancia: el dominio de los grupos de poder económicos y la suspensión del Derecho. Su forma, la democracia oligárquica. La soberanía popular está siendo progresivamente sustituida por lo que llaman la gobernanza europea, que no es mas que, la alianza de los grandes oligopolios y la burocracia de la Unión eficazmente dirigidas por el Banco Central. Esos poderes fácticos toman las decisiones fundamentales, fijan los límites y convierten nuestros débiles órganos representativos en simples asambleas de ratificación.
Las crisis suelen poner de manifiesto la verdadera naturaleza explotadora del capitalismo: la autonomía del Estado se reduce, las políticas económicas expresan abiertamente los intereses del capital, los derechos sindicales, laborales y sociales de asalariados y asalariadas, son cuestionados por las constricciones sistémicas (paro y precariedad) y por las estrategias de gestión puestas en práctica por el gobierno y la patronal. En el centro, el poder en sentido fuerte.
La política adquiere sus verdaderas dimensiones de clase: producir una gigantesca redistribución de renta, riqueza y poder a favor de los grupos económicamente dominantes. Todas las medidas de Zapatero tiene ese sesgo: la (contra) reforma laboral, las medidas tomadas (con el impagable acuerdo sindical) sobre las pensiones y las conversaciones iniciadas para modificar aspectos relevantes de la negociación colectiva. Lo que importa es debilitar la capacidad contractual de trabajadoras y trabajadores garantizando su sobreexplotación. El ajuste laboral permanente es el medio para mercantilizar sistemáticamente la fuerza de trabajo y ofrecerla “libre de derechos y poder” a los empresarios.
No nos engañemos, la plutocracia internacional que hoy domina el mundo va a exigir más sangre, más sacrificios humanos para el supremo objetivo de cobrar sus prestamos. Detrás de la Comisión y del Banco Central está el capital financiero francés y alemán que, obviamente, tienen a sus Estados para exigir lo adeudado. El artificio es discursivamente poderoso: una crisis, sin culpables, presentada como una catástrofe geológica. Estados que rescatan a los ricos y que terminan por endeudarse masivamente. La oligarquía financiera (anteriormente salvados con dinero público) que exigen planes durísimos de ajuste a las poblaciones para asegurar que lo prestado se pague a tiempo. Todos los poderes públicos se someten a este chantaje y, lo que es peor, lo legitiman en nombre de las inexorables leyes de la llamada economía de mercado. ( Sigue leyendo)
viernes, 22 de abril de 2011
Sobre la crisis geopolítica mundial. Entrevista para TV. La Habana. Noviembre de 2010
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Juan Valdes Paz y Manuel Monereo Pérez mantuvieron en Noviembre de 2010 una serie de entrevistas para la televisión cubana, con motivo de la participación de este en el Coloquio Internacional sobre el Bicentenario organizado en la Habana por Casa de las Américas.
Diálogos sobre la crisis geopolítica mundial. La Habana. Noviembre de 2010. Parte primera
Diálogos sobre la crisis geopolítica. La Habana. Noviembre de 2010. Tercera y última parte
Juan Valdes Paz y Manuel Monereo Pérez mantuvieron en Noviembre de 2010 una serie de entrevistas para la televisión cubana, con motivo de la participación de este en el Coloquio Internacional sobre el Bicentenario organizado en la Habana por Casa de las Américas.
Diálogos sobre la crisis geopolítica mundial. La Habana. Noviembre de 2010. Parte primera
Diálogos sobre la crisis geopolítica. La Habana. Noviembre de 2010. Tercera y última parte
jueves, 21 de abril de 2011
La República y nosotros. Debate en la Tuerka
En el plató, junto a Juan Carlos Monedero y Ramón Espinar, se sentaron Manolo Monereo (CEPS) y el historiador Nicolás Sánchez-Albornoz. Las rimas estuvieron a cargo de Latecnika
Coincidiendo con el 80 aniversario de la proclamación de la II República, en la TuerKa CMI discutimos sobre los imaginarios que ha dejado un periodo de nuestra historia en el que los avances sociales y democráticos y la voluntad popular de transformación revolucionaria fueron una realidad.
Coincidiendo con el 80 aniversario de la proclamación de la II República, en la TuerKa CMI discutimos sobre los imaginarios que ha dejado un periodo de nuestra historia en el que los avances sociales y democráticos y la voluntad popular de transformación revolucionaria fueron una realidad.
martes, 29 de marzo de 2011
Manifiesto juventud sin futuro y convocatoria de manifestación
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Nosotras y nosotros, la juventud sin futuro, nos dirigimos a la opinión pública para mostrar nuestro desacuerdo con la política de recortes sociales del Gobierno, y la consecuencia más grave y con mayor impacto en el futuro que estas medidas representan: la juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres.
La agresión contra el colectivo juvenil en un escenario de crisis capitalista, con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE, se materializa principalmente en tres medidas:
sábado, 26 de marzo de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
La gran transición geopolítica: crisis capitalista, ciclos hegemónicos y distribución del poder
El propósito de esta reflexión se configura en torno a tres ideas-fuerza:
1ª) En las relaciones trasnacionales la economía-mundo capitalista vive una mutación, una reordenación sistémica. Afrontamos una transición geopolítica de enormes dimensiones, su fundamento es la redistribución sustancial del poder político a nivel mundial.
2ª) América Latina y el Caribe tienen ante sí una gran oportunidad histórica, para ser sujeto y no mero objeto en esta transición. Esta región es una de las “líneas de fractura” del sistema-mundo. Por primera vez en décadas es un territorio en disputa entre las grandes potencias. La conmemoración del bicentenario de la independencia enlaza en el momento actual con esta cuestión. Es una nueva oportunidad histórica para engarzar la emancipación social con la independencia nacional y la soberanía con la unidad Latinoamericana.
3ª) Necesidad de un “nuevo regionalismo” para ello hay que salir del “cosmopolitismo de mercado” y organizar una nueva unidad que permita un modelo de desarrollo social, económico y ecológicamente sostenible. En definitiva; convertirse en un sujeto político internacional que de protagonismo y voz a los pueblos del continente.
I. El mundo está cambiando de base.
I. El mundo está cambiando de base.
En Noviembre de 2008, el Consejo Nacional de Inteligencia (órgano de análisis y planificación ligado a la CIA) hizo público el informe “Tendencias globales 2025”. (1) En él se afirmaba lo que conocidos especialistas norteamericanos venían advirtiendo hacía años. Sintetizando, en este se plantea cinco grandes cuestiones. En primer lugar señala que la tendencia dominante evoluciona hacia una organización multipolar del mundo. En segundo lugar los EEUU seguirían siendo la potencia predominante, aunque tendrían que adaptarse y compartir el poder a nivel planetario. En tercer lugar la emergencia de otras grandes potencias (específicamente China e India). Su capitalismo es muy diferente al de los EEUU. La intervención del Estado y un control de éste sobre los flujos de capitales, servicios, personas y tecnología, son su carta de naturaleza. En cuarto lugar se abre paso una nueva centralidad, los problemas ecológicos globales, la reducción de los recursos naturales, cada vez más escasos abre nuevos marcos de confrontación internacional. En quinto lugar, pensar la seguridad desde una visión global donde lo militar, los recursos del planeta y el llamado cambio climático se entrecruza y definen una nueva visión de la estrategia y de la geopolítica. Este informe, que está disponible en la red, da muchas pistas sobre lo que se ha venido en llamar la revolución en los “asuntos militares”. El paso a un mundo multipolar cuestiona un elemento central de la estrategia norteamericana: impedir que surja una potencia o un conjunto de potencias que pueda a medio y a largo plazo cuestionar el superpoder norteamericano.
Robert Kagan (2), también en el 2008, publicó un libro con el significativo título de “El retorno de la historia y el fin de los sueños”. Este autor, uno de los teóricos más reputados de la derecha extrema norteamericana y coautor del “Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano”, sostiene una tesis aparentemente simple. El mundo ha vivido un sueño, una ilusión transitoria llamada globalización. La historia, emerge de nuevo como conflicto por el poder a nivel mundial de un conjunto de potencias en competencia. Para el autor, la línea divisoria está situada en la defensa de las democracias de mercado frente al supuesto autoritarismo de las potencias emergentes. Obviamente, la clave son los EEUU y su capacidad para liderar política y militarmente el “mundo libre”.
Zbigniew Brzezinski(3) otro autor de mucho mayor nivel y capacidad, publicó también en ese año, un libro llamado “Tres presidentes: La segunda oportunidad para la gran superpotencia americana”; la tesis que mantiene este conocido “halcón” demócrata es, en muchos sentidos sugerente. Según él, estaríamos ante el “despertar político global”, caracterizado “por ser históricamente antiimperial, políticamente antioccidental y emocionalmente antinorteamericano en dosis crecientes. Este proceso está originando un gran desplazamiento del centro de gravedad mundial lo que, a su vez, está alterando la distribución global de poder con implicaciones muy importantes de cara al papel de EEUU en el mundo”. De este análisis sorprende la lucidez y su tono; argumenta que EEUU tiene una segunda oportunidad, no habrá una tercera si no es capaz de responder a los retos y desafíos de la fase geopolítica que está viviendo la humanidad en este comienzo del siglo.
La percepción del autor es muy aguda cuando
martes, 8 de febrero de 2011
jueves, 2 de diciembre de 2010
Encuentro en la Habana
En el marco del Coloquio Internacional sobre el Bicentenario organizado por Casa de las Américas, tuvo lugar el encuentro de Fidel Castro con intelectuales hispanoamericanos participantes en el evento Leer mas
miércoles, 17 de noviembre de 2010
La cuestión comunista, después del "comunismo"

Prólogo al libro de Lucio Magri
No está fuera de lugar recordar aquí una anécdota que nos contaba el difunto Paul Baran a su regreso de un viaje a Europa, probablemente, alrededor de 1960. Durante su estancia en Roma había sostenido una larga discusión (en ruso) con Togliatti, dirigente del PC italiano. Las preguntas de Baran traslucían su escepticismo en cuanto a la compatibilidad entre la táctica electoral y parlamentaria del PC italiano y la teoría marxista-leninista del “Estado y la Revolución”. Togiatti le respondió con otra pregunta. Es fácil hablar de revolución cuando se vive en los Estados Unidos, donde no existe ningún partido obrero de importancia, dijo. ‘¿Pero, qué haría usted si estuviera en mi lugar, si fuera responsable de un partido de masas al que los obreros confían la representación de sus intereses aquí y ahora?’ Baran se reconoció incapaz de ofrecerle una respuesta satisfactoria”. (Del artículo “El nuevo reformismo” de Paul M. Sweezy y Harry Magdoff. Monthly Review, mayo de 1976)Para una persona de mi generación, presentar un libro de Lucio Magri dedicado a la historia del Partido Comunista Italiano es fácil y a la vez difícil; fácil, porque él y el grupo que ayudó decisivamente a fundar, Il manifesto, fue un referente insustituible para aquellos que en esa época empezábamos a pensar en comunista; difícil, porque nos topamos con una trama histórica, en muchos sentidos dramática, en la que la ruptura generacional pesa muchísimo. ¿Cómo explicarle a un joven de hoy la historia de un movimiento que protagonizó el siglo XX y que se saldó con una gigantesca derrota? ¿Cómo explicarles que hubo muchos “comunismos” y que éstos suscitaron en millones de personas, comunes y corrientes, una descomunal pasión revolucionaria y un coraje moral e intelectual únicos?
Este último aspecto es de los más inquietantes del libro: el comunismo, los comunismos, no parecen haber dejado herencia, legado y legatarios, sino sólo derrota, negatividad y, eso sí, una permanente y sistemática agresión a su historia, como si se quisiera convertir su momentánea muerte en definitiva: escarnio y lodo, crimen y represión, en eso consistiría la esencia de un movimiento que llevó a la política a millones de seres humanos y que atemorizó a los poderes dominantes de tal modo, con tal intensidad, que hoy necesitan periódicamente exorcizar al fantasma que una vez recorrió el mundo para que no emerja de nuevo de la ultratumba.
Nuestro autor intenta explicar esto partiendo de la riquísima historia del mayor partido comunista de Occidente, en el contexto de un mundo en permanente conflicto y transformación y de una Italia convertida “en caso”, en singularidad digna de ser analizada y estudiada. En estos momentos de derrota, confusión y pérdida de horizontes alternativos de la izquierda europea, la reflexión sobre la “cuestión comunista” sigue siendo, en opinión de Magri, pertinente y, en muchos sentidos, obligatoria, precisamente para fundamentar un nuevo pensamiento emancipatorio.
Preguntarse por qué millones de personas vivieron la política como instrumento de liberación, el comunismo como acción colectiva al servicio de una pasión justiciera y la militancia (organizada) como compromiso político-moral es identificar uno de los nudos decisivos que hicieron posible las grandes transformaciones de nuestra época. Es cierto que poco queda hoy de aquellas sociedades que se planteaban explícitamente el socialismo y que la izquierda realmente existente apenas es una sombra de lo que fue. Magri sabe que el mundo del comunismo tal como lo conocimos ha terminado y que las nostalgias ayudan poco a comprender el pasado e iluminar el porvenir. Simplemente constata que, de un lado, la problemática comunista sigue estando presente, de una u otra forma, en nuestras sociedades, es decir, que la tarea histórica de superar el capitalismo sigue siendo hoy, seguramente aún más que antes, una necesidad, y que el tiempo apremia; de otro lado, que la fundación del proyecto emancipatorio socialista exige medirse con el pasado, con el socialismo real y con aquellas experiencias, como la del PCI, que intentaron construir una vía original y, en más de un sentido, alternativa a lo existente.
Otra pregunta es también obligatoria: la de cómo y por qué un ideal de emancipación devino en despotismo y tiranía para las mayorías sociales y por qué fue aceptado como bueno y benéfico por millones de hombres y mujeres que en condiciones terribles (en China, Vietnam, Indonesia, Cuba, Argelia, Palestina) apoyaron el socialismo realmente existente. La famosa doppiezza del PCI tenía que ver centralmente con esto: afirmar la autonomía del proyecto de la vía italiana al socialismo y aprovechar la fuerza del campo socialista (frente al imperialismo norteamericano) para hacerlo posible, viable.
Lucio Magri, lo cuenta en el libro, ingresó en el Partido Comunista Italiano en 1958. Su biografía política, más común de lo que pudiera parecer hoy, se inicia en la juventud de la izquierda católica y continúa en el Partido Comunista. Fue un revolucionario profesional (él nunca admitiría la palabra funcionario) que siguió el itinerario habitual de aquellos que se dedicaban a esta especifica actividad (siempre sacrificada y mal remunerada): secretario de federación local, miembro de de la secretaría regional lombarda y, posteriormente (previa entrevista, muy significativa, por lo demás, con Togliatti), del aparato central del Partido, en concreto, en el departamento dirigido por Giorgio Napolitano. Intervino activamente en los riquísimos debates del comunismo italiano de los años 60, siendo expulsado, después de crear la revista Il manifesto, en 1970. Durante años fue el Secretario General del PDUP (Partido de Unidad Proletaria), realizando una labor política muy intensa y teóricamente innovadora, intentando poner la problemática comunista y la revolución en Occidente en el centro de la revuelta social y la protesta estudiantil en el “largo 68 italiano”.
En el año 80 vuelve al Partido Comunista Italiano, en un momento crucial, cuando Berlinguer (esto sigue siendo muy polémico hoy) gira hacia la izquierda tras el fracaso del “compromiso histórico”.Cuando Occhetto, sin debate previo y de forma improvisada, propone la disolución del PCI es uno de los que se opone con argumentos para nada oportunistas (el más que sugerente apéndice del libro dice muchas de sus razones y de sus convicciones) y lo hace no en nombre de viejas ortodoxias o de antiguas nostalgias (como los medios de comunicación insistieron una y otra vez) sino desde la necesidad de recuperar lo mejor de la tradición partidaria y refundar el proyecto del comunismo italiano. Con fuertes dosis de escepticismo participa en la creación del Partido de la Refundación Comunista. Más adelante abandonó dicho partido ante lo que él entendía como una deriva sectaria y maximalista insuficientemente refundadora. Los últimos años, fuera ya de la política activa, los dedicó a escribir este libro que hoy presentamos, es decir, la historia de 50 años del comunismo italiano.
Estamos aquí ante un libro singular sobre un partido singular. El tipo de trabajo que Magri realiza (luego abundaremos más sobre ello) es una valoración personal, una historia razonada del movimiento obrero, de la izquierda y del comunismo italiano en una etapa histórica precisa que por su trascendencia europea y, yo diría, mundial, le obliga, de una u otra forma, a interpretar acontecimientos esenciales de lo que fue el movimiento comunista internacional. Magri lo hace con un peculiar estilo intelectual, muchas veces en primera persona y arriesgándose por los peligrosos senderos del análisis contrafactual. Si algo identifica la metódica que emplea recurrentemente en el libro es su obsesión antideterminista: lo que ocurrió tenía otras posibles alternativas, otros nudos de explicación e intervención. Para decirlo más claramente: siempre hubo otras posibilidades en juego y las cosas se podrían haber hecho de otra forma. Una y otra vez, ante cada episodio significativo, el autor interviene dando opinión y argumentando, creo que coherentemente, otras posibles salidas.
La tesis central del libro es clara y explícita desde el primer momento: la singularidad del comunismo italiano. Su especificidad histórica tiene que ver con la construcción en la práctica, y en parte en la teoría, de una auténtica y verdadera “tercera vía” frente a la socialdemocracia europea y frente al comunismo soviético. La así llamada “vía democrática al socialismo”, con sus ambigüedades y contradicciones, fue la expresión más profunda de este singular camino, más producto de la práctica y de la experiencia colectiva que de desarrollos teóricos elaborados. El antecedente (genoma) Gramsci fue siempre inspiración, fundamento último de una estrategia no siempre compatible con la práctica. Magri, paradójicamente viniendo de él, hace una valoración muy positiva, no exenta de crítica, de la figura de Togliatti (convertido en “perro muerto” por los “ex comunistas” italianos).
Los cambios radicales que se producen en las relaciones internacionales con la guerra fría y la política de bloques, las respuestas que desde el bloque soviético se fueron dando a las diversas iniciativas puestas en marcha por el imperialismo norteamericano, son analizadas pormenorizadamente (las páginas sobre la Kominform son antológicas) y puestas en relación con las políticas que realizaba el grupo dirigente del PCI. Con mucho vigor polémico, analiza asuntos como lo sucedido en Polonia, Hungría, Checoslovaquia o China y critica, desde fundamentos poco usuales, las ambigüedades de Togliatti y del grupo dirigente sobre el estalinismo, así como sus consecuencias para la “vía italiana al socialismo”.
Para continuar, parece necesario referirse a la metódica que emplea Magri. Ésta es, por lo demás, muy típica de la cultura del comunismo italiano de raíz gramsciana-togliattiana: primero, atención preferente a lo nacional-estatal, es decir, a la especificidad italiana, a la peculiaridad de su capitalismo y de su desarrollo histórico-social; en segundo lugar, individualización de las transformaciones ocurridas en la clase trabajadora, en su composición social y político-cultural, desde un punto de vista que privilegia el complejo y heterogéneo mundo de las clases subalternas y de las alianzas sociales; en tercer lugar, la lucha política en sus relaciones con el movimiento social y con el trabajo institucional. Clases subalternas, movimiento social, organización político-partidaria e instituciones del Estado, aparecen permanentemente interrelacionadas, configurando una determinada fase histórica; en cuarto lugar, las grandes tendencias del capitalismo imperialista mundial y sus conexiones con lo nacional-estatal. Lo internacional, los aspectos político-militares, nunca son algo externo y secundario, sino constitutivo, aunque diferenciable, de la correlación de fuerzas que hay que transformar y modificar.
El Partido de masas, el “Partido nuevo” es el instrumento a través del cual las clases subalternas pretenden convertirse en clases dirigentes y es, a su vez, un agente privilegiado, pero no único, de la transformación social. Como recogen también las memorias de Rossana Rossanda y de Pietro Ingrao, el partido de masas, sólidamente insertado en la realidad social, parte de la vida cotidiana de centenares de miles de personas, y es conformador de una verdadera cultura popular y creador de un imaginario colectivo enraizado en procesos reales de transformación social. Esta parte de la historia nos la perdimos las generaciones que no vivimos la República y la Guerra Civil. En la España de la transición democrática nunca tuvimos en la izquierda los grandes partidos de integración de masas y, por eso, nos cuesta tanto entender la singularidad de un proceso histórico que tenía al hombre y la mujer común como protagonistas y sujetos de la historia.
El elemento clave del análisis es lo que en la tradición comunista italiana se ha llamado la fase, es decir, comprender el momento histórico en el que se está, sus elementos individualizadores básicos y los nudos de las contradicciones sociales que expresan. Análisis de fase, entender la fase, insertarse en la fase, le ha permitido a la izquierda comunista italiana conocer la realidad en su dinámica, en su movimiento, buscando siempre lo nuevo, las discontinuidades históricas y desde ellas y con ellas, hacer política. Me perdonará Magri si le digo, a estas alturas todo se puede decir, que es el método que nos enseñó el viejo Ingrao, más seguramente como poeta que como dirigente revolucionario. Es esa cosa extraña y confusa que llamamos dialéctica, ese modo fino de pensar la realidad (en el pensamiento, no queda otra) de la que nos hablaron el Me-ti de Bertolt Brecht y mi maestro Manolo Sacristán, en definitiva, un arte, como lo es toda política revolucionaria verdadera (la otra, también; dicho sea de paso, eso del pensar no admite las fronteras del “pensar correcto”).
Hay un momento en la narración que hace Magri que tiene mucha importancia y que también ocurrió entre nosotros. Me refiero a la cuestión del trabajo político en las fábricas. Con acento crítico, Magri señala que se fue produciendo una división del trabajo político cada vez más acentuada entre el partido y el sindicato. El primero privilegiaba el trabajo en el territorio y en las instituciones, mientras que el segundo se centraba en el mundo del trabajo visto desde la fábrica. Nuestro autor señala que, si bien es cierto que la mayoría de las veces el sindicato iba por delante del partido y que en el terreno de la innovación y de la práctica el sindicato fue muchas veces más audaz y más revolucionario, digámoslo así, que el partido, la pérdida de un referente político orgánico en las fábricas, en un momento en que las clases trabajadoras y el conflicto social emergían, significó, desde el principio, un límite importante tanto para el partido como para el sindicato, lo cual no dejaría de tener consecuencias, sobre todo en el momento en el que la patronal y el gobierno iniciaron la contraofensiva.
.Un asunto interesante del libro tiene que ver con la relación del sujeto-Magri con la historia que cuenta. Él ha sido un protagonista, secundario si se quiere, pero protagonista al fin y al cabo, de la historia que relata. Magri es consciente del problema y para remediarlo se “inventa”, con mucho sentido común, una hermenéutica capaz de darle objetividad y distanciamiento. El procedimiento que emplea se basa en tres recursos: “El primero de ellos consiste en introducir en la narración, cuando tiene, al menos, un mínimo de importancia, cosas que yo mismo he dicho y he hecho durante ese periodo, aplicando el mismo criterio crítico reservado a otras posturas diferentes, es decir, reconociendo errores y reivindicando méritos. O sea, sin falsa modestia, ni versiones acomodaticias. El segundo recurso es el de utilizar, contra mi parcialidad, como antídoto, la presunción de quien se cree aún lo suficientemente inteligente como para reconocer las razones de los errores que ha compartido y la porción de verdades importantes mezcladas con éstos y que han sido reconocidas o reprimidas. El tercer recurso, obvio, pero aún más importante, es el compromiso de atenerse lo más posible a hechos documentados” .
No conviene equivocarse: el libro de Magri (sin notas y sin aparato bibliográfico) es un producto intelectual y militante hecho con rigor, múltiples lecturas, consulta minuciosa de documentos y contraste de fuentes tanto primarias como secundarias.
Seguramente, el núcleo más significativo del libro (obviamente tiene mucho que ver con su biografía política) es el debate comunista, que incluye a toda la izquierda italiana de los años 60. Magri analiza pormenorizadamente las cuestiones que estaban en el fondo del debate e ilumina elementos (auténticas leyendas urbanas) como el llamado “ingraísmo” o el papel que cumplió en toda esta historia Giorgio Amendola. Como siempre, la cuestión central fue el análisis de la fase. En concreto, de cuatro cuestiones interrelacionadas: el capitalismo italiano, su desarrollo y sus tendencias básicas; el centro izquierda, su naturaleza y su futuro; la cuestión del programa organizado en torno a conceptos novedosos en ese momento y que tenían mucho que ver con la “vía italiana al socialismo”. Me refiero a la apuesta por un nuevo modelo de desarrollo, la cuestión de las reformas estructurales y su conexión con la lucha de los trabajadores que, como no se cansa de señalar Magri, son los auténticos protagonistas de la década. Un cuarto aspecto tiene que ver con la espinosa cuestión del Partido y de sus reglas de funcionamiento.
No es este el lugar para hacer un análisis pormenorizado de lo que todo este debate implicaba. Duró toda la década y tuvo sus aspectos culminantes en la Conferencia de 1962 del Instituto Gramsci sobre el desarrollo del capitalismo italiano; continuó, más o menos pacíficamente, hasta la Conferencia Obrera de Génova del 65 y explotó en el XI Congreso del PCI en enero de 1966. Este fue algo más que una contraposición entre Amendola e Ingrao y tendría consecuencias enormes apenas unos años después, en eso que Magri llama el “largo 68 italiano”. La izquierda “ingraiana”, que fue durísimamente golpeada por el aparato, se anticipó a la revuelta obrera y estudiantil y situó temas fundamentales que, desde la propia lógica de la vía italiana, engarzaba con lo nuevo y abría la posibilidad de un giro a la izquierda del país. Gentes como Lombardi en el PSI o como Lelio Basso o intelectuales de la talla de Panzieri o Tronti, desde puntos de vista muy diferentes, coincidían en esta posibilidad de giro a la izquierda y la derrota del bloque conservador que se articulaba en torno a una democracia cristiana en crisis.
Ciertamente, las cosas no siguieron este camino. La expulsión del grupo de Il manifesto y la nueva línea política que fue emergiendo, en los durísimos “años de plomo” y que se llamaría “compromiso histórico”, significaron muchas cosas. En primer lugar, se rompió la conexión con una parte del movimiento y, especialmente, con los jóvenes; en segundo lugar, el Partido perdió peso en el conflicto social y encontró muchas dificultades para establecer nexos entre lucha social y alternativa política; en tercer lugar, la marginación de la izquierda debilitó al Partido, le limitó capacidad política y de intervención y, al final, le restó militancia. El PCI vio como, de año en año, incrementaba sus votos y perdía afiliados, con una juventud comunista incapaz ya de representar a las nuevas generaciones.
La historia es conocida y no queremos hacer más larga esta presentación. Pienso, con Magri, que este debate es un nudo crucial para explicar el por qué en el 89 se disolvió el Partido Comunista Italiano. Como él dice, la disolución fue una catástrofe política, no solo para los trabajadores y la izquierda italiana sino para la propia democracia italiana: miles de hombres y mujeres abandonaron la política activa y engrosaron la masa anónima de una democracia ya sólo electoral, en manos de las empresas. No es para nada casual que de esos restos acabara emergiendo Berlusconi y, seguramente, el único partido realmente de masas hoy en Italia, la Liga Norte.
Manuel Monereo Pérez
Madrid, 14 de Octubre de 2010
Este último aspecto es de los más inquietantes del libro: el comunismo, los comunismos, no parecen haber dejado herencia, legado y legatarios, sino sólo derrota, negatividad y, eso sí, una permanente y sistemática agresión a su historia, como si se quisiera convertir su momentánea muerte en definitiva: escarnio y lodo, crimen y represión, en eso consistiría la esencia de un movimiento que llevó a la política a millones de seres humanos y que atemorizó a los poderes dominantes de tal modo, con tal intensidad, que hoy necesitan periódicamente exorcizar al fantasma que una vez recorrió el mundo para que no emerja de nuevo de la ultratumba.
Nuestro autor intenta explicar esto partiendo de la riquísima historia del mayor partido comunista de Occidente, en el contexto de un mundo en permanente conflicto y transformación y de una Italia convertida “en caso”, en singularidad digna de ser analizada y estudiada. En estos momentos de derrota, confusión y pérdida de horizontes alternativos de la izquierda europea, la reflexión sobre la “cuestión comunista” sigue siendo, en opinión de Magri, pertinente y, en muchos sentidos, obligatoria, precisamente para fundamentar un nuevo pensamiento emancipatorio.
Preguntarse por qué millones de personas vivieron la política como instrumento de liberación, el comunismo como acción colectiva al servicio de una pasión justiciera y la militancia (organizada) como compromiso político-moral es identificar uno de los nudos decisivos que hicieron posible las grandes transformaciones de nuestra época. Es cierto que poco queda hoy de aquellas sociedades que se planteaban explícitamente el socialismo y que la izquierda realmente existente apenas es una sombra de lo que fue. Magri sabe que el mundo del comunismo tal como lo conocimos ha terminado y que las nostalgias ayudan poco a comprender el pasado e iluminar el porvenir. Simplemente constata que, de un lado, la problemática comunista sigue estando presente, de una u otra forma, en nuestras sociedades, es decir, que la tarea histórica de superar el capitalismo sigue siendo hoy, seguramente aún más que antes, una necesidad, y que el tiempo apremia; de otro lado, que la fundación del proyecto emancipatorio socialista exige medirse con el pasado, con el socialismo real y con aquellas experiencias, como la del PCI, que intentaron construir una vía original y, en más de un sentido, alternativa a lo existente.
Otra pregunta es también obligatoria: la de cómo y por qué un ideal de emancipación devino en despotismo y tiranía para las mayorías sociales y por qué fue aceptado como bueno y benéfico por millones de hombres y mujeres que en condiciones terribles (en China, Vietnam, Indonesia, Cuba, Argelia, Palestina) apoyaron el socialismo realmente existente. La famosa doppiezza del PCI tenía que ver centralmente con esto: afirmar la autonomía del proyecto de la vía italiana al socialismo y aprovechar la fuerza del campo socialista (frente al imperialismo norteamericano) para hacerlo posible, viable.
Lucio Magri, lo cuenta en el libro, ingresó en el Partido Comunista Italiano en 1958. Su biografía política, más común de lo que pudiera parecer hoy, se inicia en la juventud de la izquierda católica y continúa en el Partido Comunista. Fue un revolucionario profesional (él nunca admitiría la palabra funcionario) que siguió el itinerario habitual de aquellos que se dedicaban a esta especifica actividad (siempre sacrificada y mal remunerada): secretario de federación local, miembro de de la secretaría regional lombarda y, posteriormente (previa entrevista, muy significativa, por lo demás, con Togliatti), del aparato central del Partido, en concreto, en el departamento dirigido por Giorgio Napolitano. Intervino activamente en los riquísimos debates del comunismo italiano de los años 60, siendo expulsado, después de crear la revista Il manifesto, en 1970. Durante años fue el Secretario General del PDUP (Partido de Unidad Proletaria), realizando una labor política muy intensa y teóricamente innovadora, intentando poner la problemática comunista y la revolución en Occidente en el centro de la revuelta social y la protesta estudiantil en el “largo 68 italiano”.
En el año 80 vuelve al Partido Comunista Italiano, en un momento crucial, cuando Berlinguer (esto sigue siendo muy polémico hoy) gira hacia la izquierda tras el fracaso del “compromiso histórico”.Cuando Occhetto, sin debate previo y de forma improvisada, propone la disolución del PCI es uno de los que se opone con argumentos para nada oportunistas (el más que sugerente apéndice del libro dice muchas de sus razones y de sus convicciones) y lo hace no en nombre de viejas ortodoxias o de antiguas nostalgias (como los medios de comunicación insistieron una y otra vez) sino desde la necesidad de recuperar lo mejor de la tradición partidaria y refundar el proyecto del comunismo italiano. Con fuertes dosis de escepticismo participa en la creación del Partido de la Refundación Comunista. Más adelante abandonó dicho partido ante lo que él entendía como una deriva sectaria y maximalista insuficientemente refundadora. Los últimos años, fuera ya de la política activa, los dedicó a escribir este libro que hoy presentamos, es decir, la historia de 50 años del comunismo italiano.
Estamos aquí ante un libro singular sobre un partido singular. El tipo de trabajo que Magri realiza (luego abundaremos más sobre ello) es una valoración personal, una historia razonada del movimiento obrero, de la izquierda y del comunismo italiano en una etapa histórica precisa que por su trascendencia europea y, yo diría, mundial, le obliga, de una u otra forma, a interpretar acontecimientos esenciales de lo que fue el movimiento comunista internacional. Magri lo hace con un peculiar estilo intelectual, muchas veces en primera persona y arriesgándose por los peligrosos senderos del análisis contrafactual. Si algo identifica la metódica que emplea recurrentemente en el libro es su obsesión antideterminista: lo que ocurrió tenía otras posibles alternativas, otros nudos de explicación e intervención. Para decirlo más claramente: siempre hubo otras posibilidades en juego y las cosas se podrían haber hecho de otra forma. Una y otra vez, ante cada episodio significativo, el autor interviene dando opinión y argumentando, creo que coherentemente, otras posibles salidas.
La tesis central del libro es clara y explícita desde el primer momento: la singularidad del comunismo italiano. Su especificidad histórica tiene que ver con la construcción en la práctica, y en parte en la teoría, de una auténtica y verdadera “tercera vía” frente a la socialdemocracia europea y frente al comunismo soviético. La así llamada “vía democrática al socialismo”, con sus ambigüedades y contradicciones, fue la expresión más profunda de este singular camino, más producto de la práctica y de la experiencia colectiva que de desarrollos teóricos elaborados. El antecedente (genoma) Gramsci fue siempre inspiración, fundamento último de una estrategia no siempre compatible con la práctica. Magri, paradójicamente viniendo de él, hace una valoración muy positiva, no exenta de crítica, de la figura de Togliatti (convertido en “perro muerto” por los “ex comunistas” italianos).
Los cambios radicales que se producen en las relaciones internacionales con la guerra fría y la política de bloques, las respuestas que desde el bloque soviético se fueron dando a las diversas iniciativas puestas en marcha por el imperialismo norteamericano, son analizadas pormenorizadamente (las páginas sobre la Kominform son antológicas) y puestas en relación con las políticas que realizaba el grupo dirigente del PCI. Con mucho vigor polémico, analiza asuntos como lo sucedido en Polonia, Hungría, Checoslovaquia o China y critica, desde fundamentos poco usuales, las ambigüedades de Togliatti y del grupo dirigente sobre el estalinismo, así como sus consecuencias para la “vía italiana al socialismo”.
Para continuar, parece necesario referirse a la metódica que emplea Magri. Ésta es, por lo demás, muy típica de la cultura del comunismo italiano de raíz gramsciana-togliattiana: primero, atención preferente a lo nacional-estatal, es decir, a la especificidad italiana, a la peculiaridad de su capitalismo y de su desarrollo histórico-social; en segundo lugar, individualización de las transformaciones ocurridas en la clase trabajadora, en su composición social y político-cultural, desde un punto de vista que privilegia el complejo y heterogéneo mundo de las clases subalternas y de las alianzas sociales; en tercer lugar, la lucha política en sus relaciones con el movimiento social y con el trabajo institucional. Clases subalternas, movimiento social, organización político-partidaria e instituciones del Estado, aparecen permanentemente interrelacionadas, configurando una determinada fase histórica; en cuarto lugar, las grandes tendencias del capitalismo imperialista mundial y sus conexiones con lo nacional-estatal. Lo internacional, los aspectos político-militares, nunca son algo externo y secundario, sino constitutivo, aunque diferenciable, de la correlación de fuerzas que hay que transformar y modificar.
El Partido de masas, el “Partido nuevo” es el instrumento a través del cual las clases subalternas pretenden convertirse en clases dirigentes y es, a su vez, un agente privilegiado, pero no único, de la transformación social. Como recogen también las memorias de Rossana Rossanda y de Pietro Ingrao, el partido de masas, sólidamente insertado en la realidad social, parte de la vida cotidiana de centenares de miles de personas, y es conformador de una verdadera cultura popular y creador de un imaginario colectivo enraizado en procesos reales de transformación social. Esta parte de la historia nos la perdimos las generaciones que no vivimos la República y la Guerra Civil. En la España de la transición democrática nunca tuvimos en la izquierda los grandes partidos de integración de masas y, por eso, nos cuesta tanto entender la singularidad de un proceso histórico que tenía al hombre y la mujer común como protagonistas y sujetos de la historia.
El elemento clave del análisis es lo que en la tradición comunista italiana se ha llamado la fase, es decir, comprender el momento histórico en el que se está, sus elementos individualizadores básicos y los nudos de las contradicciones sociales que expresan. Análisis de fase, entender la fase, insertarse en la fase, le ha permitido a la izquierda comunista italiana conocer la realidad en su dinámica, en su movimiento, buscando siempre lo nuevo, las discontinuidades históricas y desde ellas y con ellas, hacer política. Me perdonará Magri si le digo, a estas alturas todo se puede decir, que es el método que nos enseñó el viejo Ingrao, más seguramente como poeta que como dirigente revolucionario. Es esa cosa extraña y confusa que llamamos dialéctica, ese modo fino de pensar la realidad (en el pensamiento, no queda otra) de la que nos hablaron el Me-ti de Bertolt Brecht y mi maestro Manolo Sacristán, en definitiva, un arte, como lo es toda política revolucionaria verdadera (la otra, también; dicho sea de paso, eso del pensar no admite las fronteras del “pensar correcto”).
Hay un momento en la narración que hace Magri que tiene mucha importancia y que también ocurrió entre nosotros. Me refiero a la cuestión del trabajo político en las fábricas. Con acento crítico, Magri señala que se fue produciendo una división del trabajo político cada vez más acentuada entre el partido y el sindicato. El primero privilegiaba el trabajo en el territorio y en las instituciones, mientras que el segundo se centraba en el mundo del trabajo visto desde la fábrica. Nuestro autor señala que, si bien es cierto que la mayoría de las veces el sindicato iba por delante del partido y que en el terreno de la innovación y de la práctica el sindicato fue muchas veces más audaz y más revolucionario, digámoslo así, que el partido, la pérdida de un referente político orgánico en las fábricas, en un momento en que las clases trabajadoras y el conflicto social emergían, significó, desde el principio, un límite importante tanto para el partido como para el sindicato, lo cual no dejaría de tener consecuencias, sobre todo en el momento en el que la patronal y el gobierno iniciaron la contraofensiva.
.Un asunto interesante del libro tiene que ver con la relación del sujeto-Magri con la historia que cuenta. Él ha sido un protagonista, secundario si se quiere, pero protagonista al fin y al cabo, de la historia que relata. Magri es consciente del problema y para remediarlo se “inventa”, con mucho sentido común, una hermenéutica capaz de darle objetividad y distanciamiento. El procedimiento que emplea se basa en tres recursos: “El primero de ellos consiste en introducir en la narración, cuando tiene, al menos, un mínimo de importancia, cosas que yo mismo he dicho y he hecho durante ese periodo, aplicando el mismo criterio crítico reservado a otras posturas diferentes, es decir, reconociendo errores y reivindicando méritos. O sea, sin falsa modestia, ni versiones acomodaticias. El segundo recurso es el de utilizar, contra mi parcialidad, como antídoto, la presunción de quien se cree aún lo suficientemente inteligente como para reconocer las razones de los errores que ha compartido y la porción de verdades importantes mezcladas con éstos y que han sido reconocidas o reprimidas. El tercer recurso, obvio, pero aún más importante, es el compromiso de atenerse lo más posible a hechos documentados” .
No conviene equivocarse: el libro de Magri (sin notas y sin aparato bibliográfico) es un producto intelectual y militante hecho con rigor, múltiples lecturas, consulta minuciosa de documentos y contraste de fuentes tanto primarias como secundarias.
Seguramente, el núcleo más significativo del libro (obviamente tiene mucho que ver con su biografía política) es el debate comunista, que incluye a toda la izquierda italiana de los años 60. Magri analiza pormenorizadamente las cuestiones que estaban en el fondo del debate e ilumina elementos (auténticas leyendas urbanas) como el llamado “ingraísmo” o el papel que cumplió en toda esta historia Giorgio Amendola. Como siempre, la cuestión central fue el análisis de la fase. En concreto, de cuatro cuestiones interrelacionadas: el capitalismo italiano, su desarrollo y sus tendencias básicas; el centro izquierda, su naturaleza y su futuro; la cuestión del programa organizado en torno a conceptos novedosos en ese momento y que tenían mucho que ver con la “vía italiana al socialismo”. Me refiero a la apuesta por un nuevo modelo de desarrollo, la cuestión de las reformas estructurales y su conexión con la lucha de los trabajadores que, como no se cansa de señalar Magri, son los auténticos protagonistas de la década. Un cuarto aspecto tiene que ver con la espinosa cuestión del Partido y de sus reglas de funcionamiento.
No es este el lugar para hacer un análisis pormenorizado de lo que todo este debate implicaba. Duró toda la década y tuvo sus aspectos culminantes en la Conferencia de 1962 del Instituto Gramsci sobre el desarrollo del capitalismo italiano; continuó, más o menos pacíficamente, hasta la Conferencia Obrera de Génova del 65 y explotó en el XI Congreso del PCI en enero de 1966. Este fue algo más que una contraposición entre Amendola e Ingrao y tendría consecuencias enormes apenas unos años después, en eso que Magri llama el “largo 68 italiano”. La izquierda “ingraiana”, que fue durísimamente golpeada por el aparato, se anticipó a la revuelta obrera y estudiantil y situó temas fundamentales que, desde la propia lógica de la vía italiana, engarzaba con lo nuevo y abría la posibilidad de un giro a la izquierda del país. Gentes como Lombardi en el PSI o como Lelio Basso o intelectuales de la talla de Panzieri o Tronti, desde puntos de vista muy diferentes, coincidían en esta posibilidad de giro a la izquierda y la derrota del bloque conservador que se articulaba en torno a una democracia cristiana en crisis.
Ciertamente, las cosas no siguieron este camino. La expulsión del grupo de Il manifesto y la nueva línea política que fue emergiendo, en los durísimos “años de plomo” y que se llamaría “compromiso histórico”, significaron muchas cosas. En primer lugar, se rompió la conexión con una parte del movimiento y, especialmente, con los jóvenes; en segundo lugar, el Partido perdió peso en el conflicto social y encontró muchas dificultades para establecer nexos entre lucha social y alternativa política; en tercer lugar, la marginación de la izquierda debilitó al Partido, le limitó capacidad política y de intervención y, al final, le restó militancia. El PCI vio como, de año en año, incrementaba sus votos y perdía afiliados, con una juventud comunista incapaz ya de representar a las nuevas generaciones.
La historia es conocida y no queremos hacer más larga esta presentación. Pienso, con Magri, que este debate es un nudo crucial para explicar el por qué en el 89 se disolvió el Partido Comunista Italiano. Como él dice, la disolución fue una catástrofe política, no solo para los trabajadores y la izquierda italiana sino para la propia democracia italiana: miles de hombres y mujeres abandonaron la política activa y engrosaron la masa anónima de una democracia ya sólo electoral, en manos de las empresas. No es para nada casual que de esos restos acabara emergiendo Berlusconi y, seguramente, el único partido realmente de masas hoy en Italia, la Liga Norte.
Manuel Monereo Pérez
Madrid, 14 de Octubre de 2010
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