jueves, 16 de septiembre de 2010

La Democracia del Socialismo: la construcción social de la alternativa al capitalismo realmente existente.






Prólogo al libro de Marta Harnecker



1.-Prologar un nuevo libro de MH supone siempre una oportunidad para la discusión y el debate sobre los desafíos del movimiento popular y de la izquierda política en América Latina. Basta observar con cierto detenimiento la recopilación de sus obras (in)completas que está sacando Rebelión para tomar nota de la enorme variedad de temas, de la pluralidad de contextos sociales y geográficos y de la insaciable curiosidad de una mujer comprometida desde siempre con las clases subalternas, con sus experiencias y luchas, con sus sufrimientos.

El estilo intelectual de MH es una difícil síntesis entre investigación social en sentido estricto, periodismo de nivel y reflexión política al servicio de una pedagogía de la liberación meticulosamente construida y organizada. Todo ello desde un punto, lo diremos sin eufemismos, explícitamente revolucionario basado en la tradición marxista.

Este estilo intelectual se ha forjado en la experiencia chilena de la Unidad Popular; en el contacto directo con las transformaciones en la Cuba socialista y sus relaciones con el “socialismo real”; con la guerrilla centroamericana y la Nicaragua del primer sandinismo; con los movimientos populares sudamericanos (su trabajo sobre los “sin tierra” brasileños es ejemplar) y sus no siempre fáciles relaciones con la izquierda política; en el análisis de la gestión municipal y de las diversas formas de participación y autoorganización puestas en practica por la izquierda en diversos países; en fin, con el complejo mundo de postneoliberalismo latinoamericano y la apasionante aventura intelectual y política del así llamado “socialismo del siglo XXI”.

Este libro pretende dar cuenta de la experiencia, de los problemas y de los desafíos de unos procesos que, no solo impugnan el neoliberalismo, sino que pretenden, en estos tiempos de derrotas y de hegemonía del neoliberalismo, nada más y nada menos que construir el socialismo a las alturas de un siglo apenas iniciado. La aventura es, sin duda, apasionante. Hay muchas cuestiones abiertas.

Lo primero, es preguntarse el por qué estos procesos, de nuevo, se dan en países periféricos y singularmente en America Latina. Lo segundo, individualizar “lo nuevo” de un socialismo que pretende realizar una crítica no solo teórica sino política y de masas a las experiencias anteriores, es decir, pasar de “las armas de la crítica a la crítica de las armas”, por así decirlo. Nada fácil pues. En tercer lugar, evaluar las consecuencias de dichos procesos en otros contextos geográficos y políticos marcados por una grave crisis del capitalismo y una “transición geopolítica” de grandes dimensiones.

2.-De todos es sabido que A. Latina fue el laboratorio mundial del neoliberalismo. Lo hizo al modo tradicional: mediante durísimos golpes de Estado coordinados y organizados por el poderoso “amigo del norte”. La doctrina de ”Seguridad Nacional” fue la cobertura y el instrumento para iniciar una “guerra de clases” contra los pueblos, las clases subalternas y las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda. No eran golpes de Estado “normales”, tenían la vocación y el propósito de de ser fundadoras: crear las condiciones económicas, sociales y político-culturales que hiciesen irreversible el capitalismo subalterno y dependiente; consolidar el poder de las oligarquías criollas y perpetuar la subordinación a los intereses estratégicos de los EE.UU. Perry Anderson, con su acostumbrada agudeza, denominó a estos golpes militares “contrarrevoluciones preventivas” cuyo objetivo y función fue “la de traumatizar a la sociedad civil en su conjunto con una dosis de terror suficiente para asegurarse de que no habría tentación ulterior de reincidir en desafíos revolucionarios contra el orden social vigente; para romper cualquier aspiración o idea de un cambio social cualitativo desde abajo; para eliminar definitivamente el socialismo de la agenda política nacional”(1).

Se trato de una verdadera (contra)revolución que significó un gigantesco proceso de ”acumulación por desposesión” al servicio del capital transnacional y de las élites locales; disolución de la viejas identidades políticas y sindicales y la desintegración de las clases trabajadoras sometidas a eficientes políticas de disciplinamiento y reeducación que combinaban desestabilización de las relaciones laborales con desprotección social, mercantilización universal y represión sistemática de derechos y libertades, es decir, el terror como momento constitutivo de la política; El “desmantelamiento del Estado”, realizado con el poder del Estado, con el objetivo explicito de aplicar sin obstáculos lo que posteriormente se definiría como ”El consenso de Washington” y, nunca se debe de olvidar, producir una radical distribución de poder hacia “arriba”, concentrando renta, riqueza y poder (el mediático, entre ellos) en proporciones nunca conocidas. Posteriormente vendrían las llamadas transiciones democráticas y los infinitos debates en torno a la caracterización de las nuevos Estados. No fue casual que el paradigma dominante terminara siendo el de la gobernabilidad: había que compatibilizar la democracia electoral con las enormes desigualdades sociales y el patrón económico (y de poder) dominante.

Es bueno, como hace MH, partir de esta realidad sin la cual no se puede entender unos procesos políticos y sociales que, precisamente, se organizaron y forjaron en la lucha contra dichas políticas neoliberales. Porque lo primero fue el conflicto social y la acción colectiva de nuevos sujetos, luego vinieron nuevas practicas de autoorganización (“piqueteros”, ”Sin tierra”) que recogían formas tradicionales presentes en la “memoria larga” de los pueblos y convertidas en “memoria corta” por los movimiento en contextos sociales muy diferentes y, esto es muy sugerente, que acabaron por converger en una síntesis histórica que anudaba la lucha contra la “colonialidad del poder” con lucha por la vida, por los bienes comunes de la Humanidad, en torno a los pueblos originarios, portadores de futuro porque fueron capaces de construir su memoria y dar sentido al tiempo y, por tanto, de la muerte.

Lo nuevo no ha sido solo esto, con ser ya mucho. La radical novedad ha consistido en el paso de la lucha y de la movilización social, de la resistencia, en definitiva, a plantearse el problema del poder. Las resistencias populares provocaron en última instancia la crisis de legitimidad de las políticas neoliberales y fueron el fundamento de las victorias electorales de la izquierda y del centro-izquierda en Latinoamérica. MH hace en este apartado un esfuerzo muy meticuloso y prudente para no caer en los estereotipos, claramente interesados, que pretenden trazar una línea fuerte y dura, un muro, entre las varias experiencias de los gobiernos postneoliberales; hasta arriesga una tipología de los mismos muy matizada y nada esquemática.

A estas alturas parece claro que los procesos de transformación social han estado marcados más por los contextos nacionales, por la hondura y la radicalidad de los conflictos sociales y las relaciones de poder, que por premeditadas estrategias políticas. MH señala con mucho acierto que Chávez llego al gobierno con un proyecto de “tercera vía” y que su radicalización posterior tuvo más que ver con la respuesta brutal de la oligarquía y de sus aliados imperiales a su moderado programa que a un proyecto elaborado de ruptura con el capitalismo. A mi juicio, lo determinante para explicar unas u otras derivas está relacionado con la existencia o no de una crisis nacional, de una crisis de Régimen. Cuando los procesos electorales (productos de precisos contextos nacionales) sancionan o inician cambios de Régimen (las nuevas constituciones representan mejor que cualquier otro dato dichos cambios), la radicalización programática y político- cultural se ha hecho más evidente y aparecen nuevos problemas y nuevas necesidades que empujan, por así decirlo, a horizontes socialistas.

3.- El meollo del libro es justamente este: intentar explicar el por qué emerge de nuevo la cuestión del socialismo en el contexto indoamericano y qué características lo irían definiendo como “construcción heroica” de los pueblos. El asunto no es nada fácil de dilucidar. MH narra con precisión como en el contexto venezolano va apareciendo el término hasta culminar en febrero del 2005 con la propuesta de Chávez de “inventar el socialismo del siglo XXI” como tarea de masas y como proyecto político a construir.

En general, tanto en Venezuela como en Bolivia y Ecuador, el programa real de las fuerzas populares implicaba una alianza social antineoliberal con contenidos claros nacionalistas, desarrollistas, democráticos y descoloniales .En el centro, la propuesta de nuevas constituciones concebidas como programa y hoja de ruta de las transformaciones, es decir, nuevos regímenes, nuevas legitimidades y las consagración jurídica de las aspiraciones de las mayorías sociales. La cuestión del socialismo aparece cuando convergen la reacción brutal de las clases dominantes, la permanente ingerencia de EEUU y las respuestas populares en defensa de las reformas; para decirlo más claramente, es la necesidad de cambiar el patrón de poder dominante lo que desencadena el cuestionamiento del capitalismo y abre el horizonte del socialismo.

“Inventar el socialismo del siglo XXI” implica dar respuesta, al menos, a tres conjuntos de problemas:

Primero, medirse con el “socialismo real”. Las afirmaciones sólamente ideológicas no ayudan demasiado. Afirmar que aquello no era socialismo por su desviación del proyecto original, ahorra demasiadas explicaciones y dice poco de su descrédito político-cultural en el imaginario colectivo. Si analizamos dichas experiencias históricas con ojos limpios y desde un punto de vista emancipatorio, encontraremos un “material” extremadamente sugerente y rico que ayudará a entender las enormes dificultades, los inmensos desafíos, los errores y dilemas, de la transformación revolucionaria de nuestras sociedades.

Segundo, desde dicha critica, fundada en ella, refundar el proyecto socialista-comunista. Es conocido que los clásicos de nuestra tradición fueron muy reacios a dar ideas muy acabadas de la futura sociedad emancipada. A lo máximo que llegaron fue a formular un conjunto de principios ético-jurídicos e hipótesis, fundadas en experiencias históricas concretas, que daban “pistas” sobre el andamiaje político-institucional de la transición socialista. No mucho más. El por qué de esto, y sus consecuencias, sería largo de explicar y nos llevaría demasiado lejos. Baste indicar que los bolcheviques en el poder, en condiciones no clásicas, como las definió el viejo Lukacs, tuvieron que “inventarse” el socialismo y, para bien o para mal, lo definieron, históricamente, de una determinada manera. Del Lenin de ”El Estado y la Revolución” al del “Renegado Kaustky” va un tiempo muy corto, pero desde el punto histórico-social es enorme.
La tarea, sin embargo, es más ardua. La refundación exige medirse con los viejos y con los nuevos problemas. La crisis ecológico-social del planeta, las luchas de las mujeres y el pensamiento feminista y la crítica decolonial, entre otros, exige algo más que meros retoques al edificio. Se trata de una tarea fundadora y no de mera acumulación de problemas y de respuestas apresuradas.”Otro” socialismo es posible, podríamos decir.

Tercero, transformar los imaginarios colectivos. Es la derrota más dura. La tatcheriana afirmación de que “no hay alternativa” pesa como una inmensa losa sobra las conciencias de las gentes. En momentos como el presente de grave crisis del capitalismo, es un obstáculo político fundamental. Para esta tarea, la “construcción social” de la alternativa que se está ensayando en diversas partes de A. Latina tiene una dimensión política que va mucho más allá de sus fronteras.

La importancia del libro de MH tiene que ver centralmente con esto: dar cuenta, en tiempo real, de las transformaciones políticas y sociales que se están produciendo en diversos países con el objetivo explícito de construir una sociedad alternativa al capitalismo.

MH lo hace recogiendo experiencias y dándole un filo, me perdonará, teórico. Lo hace tirando del “hilo rojo” del viejo Marx, aprendiz de la Comuna de París, del Lenin “soviético” y de la experiencia yugoeslava. Su objetivo, mostrar que los “elementos de socialismo” que se están intentado en esta sociedades son un crítica, practica y teórica, a los viejos modelos y un esfuerzo extremadamente duro para ir construyendo ”desde abajo” una sociedad socialista. El desafío es enorme y la posibilidades de fracaso también.

Lo que está en juego es mucho y nos afectará a todos: si el socialismo es un modo de producir, consumir y socializar el poder, es decir, un modo de vida diferente y alternativo al capitalismo o es una continuidad de este, de una u otra forma, encaminada a propiciar nuevas formas de dominio y opresión.

Manolo Monereo.12 de septiembre del 2010


viernes, 10 de septiembre de 2010

La lógica del reparto y la Refundación


¿Realmente la fruta está verde?

Manuel Monereo

Por enésima vez y por los mismos protagonistas comienza la operación Verde. Es normal y nadie, insisto nadie, debería darse por sorprendido. El deterioro del PSOE es grande, IU no despunta (en las encuestas y en la sociedad) y sigue perdiendo efectivos y, lo fundamental, se abre un espacio político a la izquierda del zapaterismo, diremos que significativo. Todo ello en la vigilia de una Huelga General más que difícil a cuyo éxito hay que apostar con todas las fuerzas ideales, morales y organizativas.

Que IC esté en la operación desde el principio de los tiempos a nadie puede extrañar. Hablar de deslealtad y demás juicios morales es más rabieta que verdad: nunca lo han ocultado, los hechos lo han confirmado una y otra vez y, cosa no menor, el PCC lo ha legitimado (a priori o a posteriori) siempre, como muestra, las últimas elecciones europeas. Rasgarse las vestiduras y poner cara de ofendido no arreglará nada y lo empeorará todo.

La política tiene sus reglas, no son muchas y, además, no son fáciles de definir, pero existen. Cuando hace mucho tiempo algunos hablábamos de Refundar la izquierda (que no IU) constatábamos dos cosas: que IU estaba agotada como formula política y que era necesario iniciar un proceso constituyente para fundar una nueva fuerza de la izquierda alternativa. No éramos inocentes, sabíamos que, de un lado, la lucha por la hegemonía ideal y programática sería (como siempre) un problema básico que solo se podría resolver con reglas claras, democracia y consenso. De otro lado, que las estructuras de poder de IU no estaban por la labor. Esto es siempre entendible: se tiene representación institucional, poder (pequeño pero muy valioso) que repartir y los acuerdos internos cada vez están más marcados por los recursos derivados de dicha representación. La lógica dominante en IU ha sido lo que he llamado la “lógica del reparto”. Esta consistía, básicamente en lo siguiente: se sabía que se iba a subir electoralmente, poco o mucho, pero se subía y que lo fundamental era que las federaciones más importantes (Madrid y Andalucía) alcanzasen para ellos el máximo de poder institucional, que es lo realmente importante, según ellos, en la política. Hasta ahí, lo previsible. Ahora bien, eso tenía varios problemas: primero, que lo que queda de IU tiene poca sustancia social y un atractivo electoral limitado; segundo, que a la izquierda del PSOE se abren espacios que otras fuerzas, naturalmente, quieren ocupar electoralmente; y tercero, que para el PSOE, ante la evidencia de una marcada derrota electoral, no sería demasiado negativo que fuese ocupado por fuerzas complementarias y políticamente liberal-democráticas, como son en casi todas partes los Verdes.

La operación Verde han que verla, pues, en este contexto. Se comprende el nerviosismo existente en muchas gentes de IU: la subida electoral sigue siendo precaria y más competidores en los mismos espacios podría convertirla en nada. Este es el problema y de aquí vienen los dilemas políticos que, gusten más o gusten menos, hay que afrontar sin autoengaños: o la lógica del reparto o la lógica de la hegemonía social y cultural. Con la primera ya se sabe, más o menos a donde se va a llegar y conocemos claramente sus límites. La otra, el proceso constituyente, tiene una gran ventaja, responde a una necesidad social y electoral (después de la Huelga General más), abre espacios nuevos (se sale de los juegos de suma cero) e impulsa una dinámica unitaria por abajo que puede convertirla en un territorio propicio para la innovación social, cultural y política.

Las próximas elecciones municipales podrían ser un elemento decisivo en la reconstrucción de esta fuerza alternativa. Crear miles de candidaturas unitarias, construidas con una democracia participativa fuerte y real, conectadas con las izquierdas sociales, podía ser no solo un instrumento electoral, sino un medio de autoorganización política para dotar de sustancia social a la construcción colectiva de una nueva formación de la izquierda alternativa.

Si este proceso lo encabeza IU, la convertiría en una fuerza útil y ayudaría mucho a su extensión política y orgánica. Como las realidades son ontológicamente tercas, acaban siempre por imponerse. El otro escenario también es posible atisbarlo: hacer la refundación al margen o contra IU. Más desgarros, más divisiones y lo peor: no estar la a las alturas de las necesidades de las gentes.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

A propósito de la experiencia comunista italiana





























A propósito de la experiencia comunista italiana. Presentación y conferencia



lunes, 19 de julio de 2010

domingo, 18 de julio de 2010

Para que la Izquierda tenga futuro



1.- Para comenzar, dos afirmaciones que, creo, clarifican mucho el panorama político-cultural: una, la socialdemocracia realmente existente no solo no defiende programas socialdemócratas sino que se ha convertido en la variante de “izquierda” del proyecto neoliberal; otra, es la “izquierda de la izquierda” la que, hoy por hoy, defiende propuestas sociales y democráticas.

Lo que hay detrás de todo esto, lo sabemos todos, es que la correlación de fuerzas se ha hecho abiertamente favorable a los poderes económicos y que, derivadamente, las fuerzas del trabajo y del movimiento obrero organizado han perdido peso social, capacidad para organizar y movilizar. En el fondo, también lo sabemos, la (contra)revolución neoliberal, que ha conseguido derrotar los tres grandes proyectos-movimientos que habían actuado de contrapeso al capitalismo histórico: la izquierda política y sindical europea, los movimientos desarrollistas y nacional-populares y el llamado socialismo real.

Como toda revolución, el neoliberalismo ha cambiado duraderamente las relaciones entre el poder económico y el poder político, ha desarticulado social y políticamente a las clases trabajadoras y, es lo fundamental, ha conseguido hacer desaparecer del imaginario colectivo de las clases subalternas la idea de la revolución (en cualquiera de sus acepciones), de la superación socialista de la sociedad capitalista.

La derrota de la izquierda sindical y política en nuestro continente no hubiese sido posible, sin el consenso en torno al modo específico de integración europea (porque había y hay otras). Este ha conseguido: 1) desmantelar la soberanía económica de los Estados y transferirla a órganos sin control democrático y en permanente alianza con los poderes económicos y financieros; 2) constitucionalizar las políticas neoliberales al servicio de la construcción de un gran mercado donde la competencia sea libre y no falseada; 3) agravar la crisis de la política: la democracia, es decir, los hombres y mujeres comunes y corrientes han perdido poder, las decisiones fundamentales se toman al margen de la soberanía popular y se organiza sistemáticamente la subordinación de la política a los intereses de los poderes económicos; 4) De hecho (sin proceso constituyente) existe una “constitución material” superior y definitoria sobre la vigente en nuestro país en todo lo referente a la llamada “constitución económica” y a la llamada ”constitución del trabajo. Seguir hablando en estas condiciones de Estado social ofende a las palabras y a la decencia.

La defensa de los derechos sociales y económicos de los trabajadores y la reconstrucción de los vínculos entre la política y la sociedad van a estar directamente determinado por la capacidad de la izquierda para refundarse, es decir, por reencontrarse, desde abajo y desde la izquierda, con las clases subalternas y, específicamente, con las nuevas generaciones. Esto exigirá, entre otras cosas:

1º. Definir bien la fase. No hay que engañar ni engañarse; estamos ante una crisis profunda del capitalismo en el marco de “una gran transición geopolítica” y en medio de una crisis ecológico social de grandes dimensiones. Esta crisis va a durar mucho tiempo y apenas estamos en sus comienzos. Lo fundamental: el capitalismo finaciarizado en crisis es incompatible con los derechos sociales y sindicales de las clases trabajadoras y esto es importante con los valores u cultura de la izquierda.

2º. Refundar Europa. La Europa del euro, tal como está configurada, está en una crisis profunda: o avanza hacia una forma de Estado (en cualquiera de sus acepciones) o terminará disolviéndose en la crisis. El proyecto neoliberal europeo no da más de sí y exige de una refundación que dé poderes reales a los ciudadanos y ciudadanas, que gobierne la economía y que garantice la satisfacción de las necesidades básicas de las personas.

3º. La vuelta a los principios socialistas. El ideario socialista, basado en ideas fuertes de igualdad, autogobierno y comunidad, sigue siendo el fundamento de una práctica política alternativa a o existente. Hay que reconstruir los imaginarios colectivos y argumentar válidamente la deseabilidad y la factibilidad de la superación socialista del capitalismo.

4º. Un programa de izquierdas. Hoy más que nunca es necesario pasar a la ofensiva y demostrar que no estamos condenados a escoger permanentemente entre neoliberalismo y neoliberalismo. Es posible otra política y eso exige, sobre todo, coraje y decisión. Lo primero, definiendo bien el enemigo: la oligarquía financiera y la dictadura de los mercados y, lo segundo, organizar un conjunto de de ideas-fuerza capaces de mover la razón, el sentimiento y la imaginación rebelde.

5º.-Refundar la política. La democracia se defiende y se desarrolla desde el conflicto social y la implicación colectiva de las poblaciones: esta es la gran experiencia europea y su gran singularidad .La condición previa de todo es la política como ética de lo colectivo y como autogobierno de las poblaciones, es decir, la democracia como poder de los ciudadanas y ciudadanas y como el gobiernos de los políticos. Así de simple: o desarrollamos una democracia participativa y económica o esta, la democracia, se convertirá en una pura técnica de selección de élites gobernantes y eso es incompatible con la transformación social y la justicia, o sea incompatible con la izquierda: la norteamericación de la vida pública europea.

Manolo Monereo

Madrid a 14 de Junio del 2010.

jueves, 8 de julio de 2010

“Vivimos en una democracia oligárquica, en manos de los mercados




En la presentación de la asociación “Socialismo 21”, Manuel Monereo apostó por “superar la resignación y la apatía, y volver a los ideales”

Enric Llopis
Rebelión


Politólogo, abogado laboralista y militante del PCE e IU, Manuel Monereo es uno de los impulsores de la Asociación Socialismo 21, una asociación político-cultural presentada esta semana públicamente en Valencia, que pretende contribuir a la refundación de la izquierda “desde una perspectiva anticapitalista y con una voluntad socialista”. Durante la conferencia celebrada en Valencia, Monereo señaló “el punto central que debemos explicar: cómo el capitalismo fracasa mientras la izquierda se hunde”, en palabras de una viñeta de El Roto. “Todo ello en el contexto de una democracia oligárquica, en la que la soberanía está secuestrada por los mercados”.

A juicio de Monereo, “una minoría que no se presenta a las elecciones –el capital financiero- detenta un poder que ha arrebatado a los estados; además, hoy Europa significa la hegemonía de Alemania y el Banco Central Europeo, instancias a las que se ha transferido la soberanía popular”.

“La consecuencia de todo ello es una democracia sin tensión y sin conflicto, sin pasión por transformar la sociedad, que se reduce a elegir entre qué facción de las clases dominantes va a someternos”, ha añadido el politólogo andaluz.

En todo ello desempeñan un papel central los denominados “mercados”, que el militante comunista explica del siguiente modo: “Tratan de aplicar un ajuste duro, porque dicen que España se ha endeudado. Sin embargo, no se trata de deuda pública sino fundamentalmente privada, la contraída por los bancos españoles con la banca alemana y francesa. A que las clases populares paguen, por tanto, las deudas de Botín y Francisco González, es a lo que se llama los mercados”.

Además, “la democracia se ha convertido hoy en una mera anécdota; de hecho, la política la hace gente que no se presenta a las elecciones, controla los medios de comunicación y financia a los partidos; por tanto, el poder económico domina al político, que funciona de acuerdo con las directrices del primero. Esto también son los mercados”.

Ante esta situación, ha añadido Monereo es urgente “recuperar la lucha de clases; las élites la practican todos los días; los únicos que no creen en ella son los trabajadores”. Para ello, hay que tener claros tres principios: “Saber en qué mundo vivimos y que la crisis durará al menos entre 13 y 15 años; volver a los ideales, algo que nos sirve para criticar lo existente y proponer alternativas; y, por último, superar la resignación y la apatía; para ello, hemos de recordar constantemente nuestras conquistas y a nuestros muertos”.

De hecho, “la democracia es un fenómeno de hace dos días, producto de una lucha cruenta desarrollada por el movimiento obrero y por la izquierda; por ejemplo, en Grecia no votaban las mujeres ni los esclavos; cuando empieza la Primera Guerra Mundial sólo había sufragio universal en tres países y, hasta 1971, las mujeres no tuvieron derecho al voto en Suiza. Hay que recordar, así pues, que la historia de la democracia es la de la lucha de los hombres y mujeres que pretendían construir una sociedad distinta y el socialismo”.

Este proceso de luchas históricas nada tiene que ver, como quieren Jiménez Losantos y otros opinadores de parecido pelaje, con el liberalismo. “Los liberales nunca fueron demócratas; al contrario, casi siempre defendieron posiciones antidemocráticas, es decir, censitarias. Podían participar en política sólo aquéllos que tenían medios y dinero”, explica Monereo.

El contexto en el que nos situamos hoy es el de una “gigantesca derrota de la izquierda”, ha afirmado Manuel Monereo. Entre la década de los 70 y los 90 han caído los grandes frenos a la expansión capitalista: la izquierda y la clase obrera; los Movimientos de Liberación Nacional (por ejemplo, la guerra del Vietnam) y la URSS y el campo socialista. Es el proceso conocido como “Neoliberalismo”, en el cual se ubica el presente que vivimos, caracterizado por la restauración de la hegemonía del capital frente al trabajo.

Puestos a buscar ejemplos de qué hacer, Manuel Monereo se fija en América Latina. “Lo que allí está ocurriendo es la lucha popular por revertir el neoliberalismo, que comienza a implantarse en 1973 a raíz del golpe militar que derrota a Allende; El mensaje que se nos transmite desde América Latina es que cuando el pueblo se organiza y lucha puede conquistar derechos políticos y sociales”

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 14 de junio de 2010

Perú ¿Línea de fractura en América Latina?


Introducción.
2.006 fue un año difícil para la oligarquía peruana. En un contexto general de cambios en América Latina, un candidato, Ollanta Humala, ponía en peligro el control que dicha oligarquía ejercía sobre la vida pública y sobre una democracia que, sin exageraciones, cabría definir como limitada y recortada al servicio de los grupos de poder económicos y de los intereses geopolíticos norteamericanos.
Alan García fue elegido presidente encabezando un amplio frente que iba desde el APRA a la derecha política, pasando por los llamados medios de comunicación y dirigidos por la embajada Norteamericana. Aún así, Ollanta Humala alcanzó el 47,5% de los votos del país, teniendo que soportar una cascada de descalificaciones, insultos y calumnias inimaginables en países con hábitos más o menos democráticos .

Después de las elecciones, el gobierno de Alan García ha dedicado una parte sustancial de su actividad a demoler sistemáticamente la persona y el proyecto de Ollanta Humala. Han sido más de once procesos judiciales abiertos con acusaciones tan graves como la violación de derechos humanos, la financiación ilegal o la insurrección militar (agravada porque a consecuencia de la misma hubo muertos). Como se puede suponer, cada procesamiento significó primeras páginas y titulares en los noticieros televisivos (acusaciones sin presunción de inocencia). Estos juicios obligaron al candidato de la mitad de los peruanos y las peruanas a presentarse periódicamente ante los juzgados, la prohibición de salida de Lima y la retirada del pasaporte para viajar al extranjero. Hoy Ollanta Humala ha ganado todos los juicios. Pero la imagen de “satanización” queda para una parte significativa de la opinión pública: “calumnia, que algo queda” es aquí una verdad que no admite demasiadas dudas y que funciona.

Podría hablarse de venganza o de persecución política, pero es algo más. Alan García sabe perfectamente que, hoy por hoy, en el Perú solo Ollanta Humala está en condiciones de organizar la alternativa al patrón económico y de poder dominante en el país andino. De ahí el ensañamiento: impedir que la esperanza se organice y gane peso en las aspiraciones del pueblo peruano. Por eso, nos tememos que los ataques y las calumnias no han hecho nada más que empezar y se agudizarán en el futuro conforme se acerquen las elecciones presidenciales y el candidato nacionalista siga encabezando las encuestas.

Las elecciones presidenciales peruanas en el contexto geopolítico sudamericano.

No hace falta insistir demasiado en la idea de que la geopolítica Latinoamericana está cambiando aceleradamente. En primer lugar, la crisis económica está teniendo consecuencias contradictorias en países que intentan construir alternativas reales a las políticas neoliberales. La recesión económica mundial está afectando a todos los países, especialmente a aquellos que dependen fuertemente de las exportaciones de materias primas y que están incrementando el gasto social desde el control público de los recursos naturales. En otros casos, como en el Perú, la crisis puede beneficiar a las fuerzas que, desde la oposición, rechazan el modelo neoliberal y el patrón de poder dominante.

En segundo lugar, la política de Obama en América Latina no se diferencia demasiado de la de Bush y, en cierto sentido, es mucho más peligrosa: neutraliza a una parte de la izquierda (en sentido amplio) y reorganiza a las fuerzas que, de una u otra manera, defienden los intereses oligárquicos. La presencia de la IV Flota, las nuevas bases militares en Colombia y el rearme general, nos dicen claramente que EEUU, en momentos de debilidad relativa, necesita volver a anclarse sólidamente en América Latina para defender sus intereses estratégicos globales. Honduras nos advierte de que el llamado “poder inteligente”, como no podía se de otra forma, vale porque tiene siempre el fundamento de los “poderes duros” con un objetivo preciso: evitar que nuevos países se sumen a los cambios sociales y a las transformaciones políticas en nuestro continente, advirtiendo, de paso, que el golpe militar, en determinadas condiciones, puede ser una alternativa viable.

En tercer lugar, el ciclo electoral latinoamericano está generando incertidumbres y contradicciones que no deben ser ignorados. Uruguay y Bolivia, desde sus especificidades, suponen nuevas energías para los procesos de cambio. Chile, sea cual sea la valoración que se haga de los gobiernos de la Concertación, significa el retorno de una derecha pura y dura en un país crucial que tiene relaciones privilegiadas con los EEUU. Brasil y Argentina tienen procesos electorales abiertos y cuyas salidas políticas son inciertas. La construcción de un eje (del Pacífico) entre México, Panamá, Colombia, Perú y Chile sería la alternativa al llamado “eje del mal” encabezado por Venezuela.
Perú y sus elecciones, en este contexto, cobra una importancia fundamental. En cierto sentido, aún más que en el 2.006, ya que ése era un momento de cambio y de ofensiva general y hoy, hay que subrayarlo, se vive el contraataque del imperio y una etapa (¿relativa?) caracterizada por el repliegue y la consolidación de espacios.

La coyuntura peruana: déficit de legitimidad sin crisis de Régimen

Si hoy llegara al Perú un observador atento advertiría una paradoja muy sobresaliente, a saber, un país que ha crecido en los últimos siete años en porcentajes “asiáticos” (6,74% de media), tiene un gobierno rechazado por el 71% y un presidente rechazado por el 66% de la ciudadanía (encuesta Ipsos –Apoyo del 17 de enero del 2010). ¿Cómo es posible esto? En primer lugar, porque las magnitudes macroeconómicas no reflejan la calidad de la vida de las poblaciones y especialmente el desigual reparto de la renta y de la riqueza. En segundo lugar, porque el modelo primario-exportador dominante en la economía peruana escinde social y territorialmente al país, agravando las desigualdades y marginalizando a partes significativas de la población. En tercer lugar, porque el sistema político vigente es una forma de dominio que asegura el control de los grupos de poder económico y que organiza una clase política a su servicio. La corrupción no es algo episódico o exclusivamente de moral pública, es el sistema; el medio a través del cual los que no se presentan a las elecciones ganan siempre. De ahí, el desprestigio de la política y de los políticos; de ahí la asociación entre la política, el robo y el expolio del país que explica el enorme déficit de legitimidad de todo el sistema político.

Cuatro elementos explican con cierta precisión la actual coyuntura del Perú:

a) El gobierno de García. Para poder ganar a Ollanta Humala, García tuvo que, de un lado, ganarse el apoyo de los poderes económicos fuertes y de la derecha política; de otro, convertirse en un crítico de las políticas neoliberales prometiendo un giro más social y más próximo a las capas populares. Una vez llegado al gobierno, García se ha convertido en un fundamentalista de las políticas económicas más a la derecha y, literalmente, ha cuarteado y puesto en venta el territorio peruano. De hecho, hoy es el prototipo de la desnacionalización de la economía, el ajuste y represión salarial permanente y de la sumisión a los intereses de las grandes trasnacionales.
b) García va, sin embargo, más lejos. Pretende construir lo que pudiéramos llamar el “Partido del Régimen”, es decir, perpetuar el sistema político fujimorista e impedir, usando todos los medios (legales e ilegales) que Ollanta Humala llegue democráticamente al gobierno del país. Como el mismo García ha dicho, el presidente del Perú no elige a su sucesor pero puede impedir que un político que cuestiona el Régimen acceda al gobierno.
c) En tercer lugar, la conflictividad social. Una de las singularidades del Perú es que existe una conflictividad difusa que no logra traducirse en alternativa política. Lo que se ha llamado “el Baguazo” (la sublevación de las tribus amazónicas) expresa con mucha claridad esto que se acaba de decir: conflictos sociales radicales, que no logran traspasar el muro de la política. Para decirlo con más claridad: la habilidad de la oligarquía limeña ha consistido en desconectar lo social de lo político. Esto tiene consecuencias importantes: deja a lo electoral como territorio único para dirimir los conflictos políticos-sociales y fomenta la “delegación” en torno a figuras extra o antisistema. Así como, perpetua la debilidad de los movimientos sociales y, derivadamente, de los partidos políticos democrático-populares.
d) Por último, la izquierda social y política en Perú fue destruida en el conflicto militar entre Sendero Luminoso y el gobierno dictatorial de Fujimori. Una de las izquierdas más creativas y con más apoyo social sucumbió presa, de un lado, de la represión fujimorista y, de otro, del cainismo de unas formaciones políticas y sindicales que nunca entendieron un problema capital: configurarse como alternativa de poder.

Hoy quedan los residuos de aquella izquierda, personas y organizaciones con poca incidencia electoral, apreciable presencia social y mucho sacrificio militante. El problema es muy simple y, a su vez, política y humanamente complejo: ¿cómo ayudar a construir una alternativa en la que ellos no serán los actores principales? Ollanta Humala parece consciente de esta realidad: él tiene votos y base electoral, pero tiene una organización aún demasiado débil, es decir, carece de cuadros (cantidad y cualidad) capaces de organizar e impulsar una fuerza (que es ideológicamente plural y socialmente heterogénea) con voluntad de constituirse en alternativa de gobierno y de poder.


El movimiento nacionalista y popular: una posibilidad real de la alternativa.

Que Ollanta Humala ha sido víctima de un proyecto de demolición personal y político es algo que nadie puede negar en el Perú. Hay una singularidad: García, para ser el presidente del “Partido del Régimen”, necesita polarizarse con Ollanta Humala y, a su vez, debe impedir que éste llegue al poder. Esto hay que entenderlo bien. García quiere volver a ser en el futuro Presidente del Perú y para ello necesita gobernar la transición y convertirse en el “gran elector” determinando, en lo posible, a su sucesor. Esta es una arista del asunto, la otra es que la derecha (económica, mediática y política) quiere tener las manos libres para imponer sus políticas y sus candidatos evitando hipotecas demasiado costosas y riesgos de bonapartismo. La carta última del Presidente es que una candidatura dirigida y gobernada por la derecha no seria capaz de impedir el triunfo del candidato (antisistema) Ollanta: solo él está en condiciones de impedirlo.
Con la feroz campaña contra el candidato nacionalista lo que se pretendía y se seguirá pretendiendo es que no pase a la segunda vuelta, pero esto es cada vez menos viable. La encuesta de Ipsos-Apoyo (aparecida el 17 y 18 de Enero de 2010 en el periódico “El Comercio”) pone de manifiesto que por mucho que intenten manipular a la opinión pública, hoy por hoy, Ollanta Humala es un candidato bastante seguro para la segunda vuelta. Para decirlo de otra manera, el problema real, como anteriormente se indicó, es saber cuál será el candidato de la oligarquía con posibilidades reales de ganar a Ollanta en una previsible segunda vuelta.

En Perú, como en casi todas partes, las encuestas son un arma electoral. Ipsos-Apoyo es la empresa más solvente, pero se sabe con claridad que responde a los intereses de los grupos económicos dominantes. Ha intentado en estos últimos años situar en un lugar secundario a Ollanta Humala: no lo ha conseguido. Hoy tienen que reconocer que Ollanta ocupa el tercer lugar, pero que fuera de Lima es ya mayoritario. Si hacemos un análisis de lo que podríamos llamar “las tripas” de la encuesta de Apoyo llegamos a la conclusión de que el interior del Perú está subvalorado y que, lo que podríamos llamar Lima en un sentido amplio, está sobredimensionada. Más claramente, a nuestro juicio Ollanta Humala está en un suelo electoral del 20%, y se configura como alternativa viable

El problema de fondo es cómo pasar de un suelo del 20% a conquistar la mayoría del país. Esto requiere credibilidad, solvencia y fuerza organizada. Configurarse como una alternativa de gobierno y de poder en las condiciones del Perú exigirá de Ollanta, en primer lugar, un programa claro, radical y posible; en segundo lugar, un equipo solvente, es decir, Ollanta debe convencer a una parte mayoritaria de la población de que no solo quiere, sino que puede y para eso es decisivo un equipo de hombres y mujeres capaces de gobernar para transformar, tejiendo alianzas sociales, aglutinando mayorías sociales y sabiendo gestionar; en tercer lugar, debe vertebrar y organizar una fuerza político-social donde converjan movimientos sociales, intelectuales y profesionales críticos, sectores empresariales emergentes y fuerzas políticas regionales. Una campaña electoral entendida como un proceso prolongado de acumulación de fuerzas, de alianzas con los sectores medios y de re-asentamiento en los sectores populares. En este sentido, como en el 2006,Lima será decisiva.

En cuarto lugar, la campaña debe ser fuertemente propositiva, generadora de alternativas concretas y pegada al terreno de las necesidades básicas de las personas de carne y hueso, de los “comunes y corrientes”. El objetivo central de la misma, el imaginario (el marco) que hay que movilizar, es que el cambio es necesario y posible; que hay futuro para el Perú porque hay futuro para los ciudadanos y ciudadanos que viven en esa tierra. Que la esperanza de los más venza al miedo de los menos. Hay Alternativa.

El manifiesto a favor de la gran transformación y de la candidatura presidencial de Ollanta firmado por un conjunto de prestigiosos intelectuales va en el buen sentido: demostrar que Ollanta quiere, puede y sabe. Todo ello desde una defensa intransigente de los intereses nacionales y de las clases subalternas, que al fin y al cabo, son su sustento moral, electoral y político.

Manuel Monereo Pérez
Lima, Marzo 2010

martes, 23 de marzo de 2010

Preocupaciones

De Jaén,de la refundación y del peligro de restauración


Querido compañero:

Te escribo para expresarte algunas preocupaciones y que, si lo ves oportuno, las "socialices" con los amigos. Como sabes, el tema de Jaén está ya en su tramo final y temo que termine mal, muy mal. Sabes también que no soy neutral: soy amigo de los "críticos" de mi tierra desde siempre. Ahora bien (es tan viejo como el mundo de los que piensan y reflexionan sobre como piensan) reconocer la propia subjetividad no significa trasladarse al mundo de lo arbitrario, más bien al contrario: partir de la propia posición para decantarla intelectualmente hacia lo argumentable y lo racionalmente consistente.

Yendo derecho, lo de Jaén es simple: los críticos son mayoría desde hace mucho tiempo y el "mecanismo único" PCA-IUCA no lo admite. Se podrían dar muchas pruebas de lo que digo, por todas: la sentencia judicial que anula la anterior Asamblea Provincial de Jaén de IUCA. La resolución es tan concluyente que de darse para cualquier organismo público llevaría emparejada la dimisión por responsabilidades políticas. Desde IU se han exigido dimisiones por mucho menos. Aquí no: se premia al secreto urdidor del asunto y se le legitima en la practica como Coordinador Provincial, puesto al que concurrirá de nuevo con los parabienes del "mecanismo único". La paradoja, una más, es que los órganos de control democrático del Estado (¡de este Estado!) son más garantistas que los de IU, es decir, de una fuerza política de izquierdas, democrática, alternativa y hasta republicana. Moraleja: hay que ser prudentes y modestos sobre nuestras autoproclamaciones.

Las gentes no es tonta, miran y ven y, al final, miden la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Un resultado de todo esto suele ser la credibilidad, mejor dicho, la perdida de la credibilidad en un proyecto donde el hacer es apenas un eco del decir. Muchas veces nos quejamos, seguramente con razón, que un fallo, un error, de IU se paga durísimamente en términos políticos y electorales. Hay que entender las cosas: una parte grande de la población sabe perfectamente que en las fuerzas de lo existente (las grandes formaciones políticas) anidan la corrupción, la dependencia de la plutocracia y el apego al poder. Periódicamente (se juegan mucho) elijen casi siempre lo que les parece que es el mal menor, para luego continuar una vida que es todo menos fácil. ¿Por que votar una IU que para lo bueno y lo malo es una "copia" (algunas veces algo peor) de lo que hacen los demás?. Las palabras y las proclamaciones son importantes pero para "perder el voto" se exige mucho más, muchísimo más.

Lo de Jaén no es una anécdota no solo porque está en juego una provincia y mas de mil militantes, sino por que pone en cuestión la Refundación misma. Aquí quisiera iniciar una reflexión de más calado de la que nunca escribimos y de la que hablamos mucho, muchísimo. Me refiero a las relaciones PCE-IU

Cuando pasamos de IU "coalición" a IU "formación política de nuevo tipo" sabíamos lo que estábamos haciendo: iniciar la construcción de un movimiento-político social plural, democrático y de base programática. Un hombre y una mujer, un voto era el corolario necesario: ¿Por qué? Primero, porque pretendíamos atraer a miles de personas "sin partido" que emergían a la política en torno a Julio Anguita y al proyecto que él encabezaba. Segundo, la necesidad de formas nuevas de hacer política y de formas de organización -luego lo llamamos democracia participativa- más horizontales y más abiertas. Tercero, no podía haber militantes de primera y de segunda: los militantes del PCE éramos como los demás y nos sometíamos a las reglas comunes. Es más, algunas veces defendimos que era bueno que en la futura IU el PCE fuese minoría (se entiende organizativamente): señal de que el (su) proyecto había triunfado y que el movimiento político-social llegaba a su mayoría de edad. Hasta aquí la teoría.

Lo increíble es que la crisis de IU se da porque triunfa demasiado pronto. Cuando se pasó de fuerza de minoritaria de oposición a la oposición determinante, todas las costuras estallaron y todas las contradicciones aparecieron. Contradicciones transversales y que eran, antes que de nadie, del PCE: Nueva Izquierda fue una formación compuesta y dirigida por militantes comunistas en su inmensa mayoría. Lo primero fue la política y luego vino la organización. La contradicción real no fue nunca PCE si o PCE no, eso fue una trampa que ocultaba lo fundamental, a saber, el carácter autónomo y alternativo de Izquierda Unida. En momentos de "caída del muro" hacer anticomunismo daba (y da) réditos y los dirigentes ex-comunistas lo supieron usar con eficacia.

Quedaba un problema: las relaciones entre IU y el PCE. El asunto era simple: IU se cerraba, centenares de militantes, miles, se fueron y centenares de miles de votantes nos dejaron. Ahora, como antes, los debates seguían siendo entre comunistas dirigentes de IU y comunistas dirigentes del PCE (que a su vez eran de IU). Con un matiz: Gaspar Llamazares nunca fue, en las grandes cuestiones políticas, minoría. Se pudo cuestionar su gestión o sus formas organizativas, pero el grueso de su política (desde el así llamado Tratado Constitucional a los acuerdos de "asociación preferente" con Zapatero y alguna cosa más que no quiero acordarme) siempre contaron con un respaldo mayoritario y algunos fueron mucho más lejos que el otrora Coordinador de IU.

Esta es una cuestión muy difícil de dilucidar. Para decirlo directamente: esto se resuelve por IU o se resuelve por el PCE. Siempre hay puntos intermedios pero no caben demasiados atajos. La coherencia del Comité Provincial del PCA de Sevilla es en este punto digna de elogio y para mi respetable, precisamente por que no estoy de acuerdo con ella. Constato que dicha posición política requiere de respuestas y no de descalificaciones y, mucho menos, de artilugios ( Carrillo versus Claudín ) tan conocidos en nuestra tradición como el de "dejar pasar la pelota pero no al jugador". No hay que confundir política con politiqueria.

La propuesta es simple: convertir IU en una especie de CDU portuguesa, es decir, coalición electoral más o menos estable donde no se confundan el PCE y su frente electoral. En este sentido se haría realidad lo que se dice: el PCE recupera todas sus competencias excepto las electorales. Claro, que siempre queda la duda de por qué no se presenta el Partido con sus propias siglas en vez de "cargar" con unas que, hoy por hoy, tienen una realidad electoral, lo diríamos así, no demasiado brillante. Se me ocurre que tiene motivaciones estrictamente electorales. Parece normal

En Andalucía, sin embargo, se ha ido construyendo una formula que creo que esta cargada de futuro. El "modelo andaluz" intenta superar, desde la practica, las cuestiones planteadas por el PCA de Sevilla. El esquema es el siguiente: el PCA define la política de IU y la hace obligatoria para sus militantes a todos los niveles. Los que no la siguen, de una forma u otra, son separados, autoexcluidos o, simplemente, son dados de baja. A su vez el Partido cotiza colectivamente por el número y la cantidad que considera oportuna y, además, reclama su presencia pública. El objetivo es claro: todos, y especialmente los dirigentes de IUCA, deben de seguir las directivas de la dirección del PCA, desde la línea política, la composición de la dirección y sus funciones hasta, decisivo, las listas electorales.

Prácticamente, excepto la CUT, no hay otro tipo de afiliados que los militante del PCE, en sus diversas condiciones (activos, expulsados, excluidos, separados) y un número reducido de "independientes". En estas condiciones es más claro y más democrático el sistema propuesto por Sevilla.

Lo que se construye, paradojas de la política, es una democracia elitista u oligárquica: una estructura de poder define, fuera de la "esfera y de la deliberación pública" de los afiliados y afiliadas (formalmente iguales, como en nuestras democracias), las reglas y determina las decisiones porque "tiene más poder" (lo organización es poder) que la persona individual. Más claro: hay una asimetría estructural de poder; todos ya no son, no somos, en derechos y deberes, iguales, la desigualdad deviene en permanente. Lo de un hombre y una mujer, un voto es algo formal.

La única posibilidad, como se hizo en las viejas y antidemocráticas sociedades liberales, es organizarse y crear estructuras de poder como, en este caso, el PCA. Lo que se echa por la ventana entra por la puerta, es decir, al final hay coalición de partidos o, como pasa en Andalucía, un partido controla y determina IUCA. Para decirlo con más precisión, el sistema (el llamado modelo andaluz) funciona por que solo existe un partido (organizado) de verdad, si existieran varios, o seria una formación de corrientes organizadas (fracciones en el sentido de Lenin) o una coalición de partidos.

¿Se puede alguien imaginar una organización de varios partidos o fracciones que hicieran lo mismo que hace el PCA? Por eso, repito, organización de fracciones o coalición de partidos. El mecanismo, el truco, como diría el castizo, es que una fuerza política así constituida impide que ingresen otros partidos (con estas "barreras de entrada" es imposible competir) y hace muy difícil que personas individuales encuentren atractivo afiliarse (¡conforme está eso de militar en un partido!) a una organización así.

Luego están las marrullerías, como pasa en Jaén, que consiste en abusar del artilugio de poder. Si se cotiza colectivamente siempre se gana. Cuando hay disputa siempre aparecen afiliados, vivos o muertos, que dirimen los delegados y la mayorías en lo que realmente es importante: las direcciones que eligen a los cargos públicos, que no es otro el bien que se derime. Este método es mucho más fácil que otros como manipular censos, hacer aparecer y desaparecer afilados y cotizaciones virtuales consentidas por el órgano superior, siempre que sea de la misma "cuerda" o de la misma mayoría, si no lío y comisión de garantías.

Cuando el problema de una organización son sus censos, es decir, la carencia de censos limpios y veraces estamos en la antipolitica y en el triunfo de las oligarquías. Se puede matar al mensajero y decir que el problema no existe. Pero la verdad, como la vida, no se para y vuelve por la puerta. Todo ello en una organización que, con dificultades, anda por el 5 por ciento.

¿Es a eso a lo que vamos? ¿Es creíble?¿Merece la pena? No nos engañemos: dos estructuras (organizaciones) de poder paralelas y simétricas en todo el entramado (tan débil y con tan poca sustancia social) de IU no la llevó muy lejos (cuando habían mejores condiciones) y no creo que lleve muy lejos ahora.

Una organización política anticapitalista y con voluntad socialista y, digámoslo en serio, republicana, no se construirá si no es en base a la democracia participativa, la deliberación publica y un "demos" claro, es decir, un pueblo, un conjunto de ciudadanos y ciudadanas (afiliados y afiliados) conocidos (censos claros) y que decidan soberanamente. La legitimidad nace de esto: procedimientos claros, libertades republicanas e igualdad de opciones. La minoría aceptará las decisiones mayoritarias si las reglas se cumplen y si en algún momento posterior pueden ser mayoría. Cuando esto se impide (la manipulación de los censos y la arbitrariedad de las direcciones sirven para esto) lo que viene es el reino de la selva y la guerra civil interna.

¿Por que lo que pedimos como gobierno y sociedad no se puede cumplir en esta comunidad de hombres y mujeres libres que según decimos es IU?

Para terminar, yo sigo confiando en Cayo Lara. Su discurso y su estilo político me dicen que hay posibilidades de hacer girar las cosas. Hay que ayudarle en todo lo que se pueda.

Manolo Monereo. Lima 17 de Marzo del 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

Diálogo sobre un ideario socialista en el siglo XXI



Conferencia que tuvo lugar el pasado día 12 de febrero de 2010 en Jaén







Vídeos de la conferencia






 Audios de la conferencia


martes, 9 de marzo de 2010

Seminario: Por una alternativa emancipatoria a la crisis sistémica del capitalismo. Experiencias alternativas en la UE y América Latina

Organizado en el marco del Foro Social de Cataluña por la Asocciació Socialisme 21, FARGA, Forum ecologista de síntesis libertaria y Revista Viejo Topo, tuvo lugar el pasado día 30 de enero, en la Universidad de Barcelona. Moderó y presentó: Rosa Cañadell, y tuvo como ponentes a Ramón Franquesa, Severino Viraca, y Manuel Monereo Pérez

Audios


Video intervención Manuel Monereo