lunes, 8 de abril de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
Charla en Zaragoza: Construir mayorias, conquistar el poder
Vídeos de la charla que tuvo lugar el 9 de marzo de 2013, en Zaragoza en la librería Pantera Rossa, organizada por la corriente de opinión Jaque al Régimen
martes, 12 de marzo de 2013
lunes, 11 de marzo de 2013
Chavez: Hacer posibles los sueños
Hay una costumbre, un hábito muy español, que es hablar bien
de quién se muere. En este caso no ha sido así. Los grandes medios de
comunicación no han perdonado a Hugo Chávez ni siquiera después de muerto. Las
descalificaciones han sido recurrentes: golpista, dictador, autoritario,
gorila…envuelto todo ello en eso que ha terminado por convertirse en uno de los
peores insultos políticos: populismo.
No hay que extrañarse. Es un caso típico del odio de clase,
es decir, los poderosos acaban mostrando su desprecio y su repugnancia ante
aquellos que ponen en cuestión sus privilegios, sus reglas del juego y, lo
peor, ejercen el derecho a la rebelión cuando la injusticia es ley.
La figura de Chávez tiene, al menos, tres dimensiones: la
geopolítica latinoamericana, la específicamente venezolana y, más allá, la
simbólica. Estas se podían resumir muy bien hablando de lo que pudiéramos
llamar ”las promesas incumplidas de la independencia latinoamericana”. Chaves
representa mejor que nadie este esfuerzo colectivo por salir de una frustración
histórica que dura más de doscientos años.
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jueves, 28 de febrero de 2013
Ruptura democrática o transformismo: el gobierno de la transición
Uno de los conceptos más importantes de “la caja de
herramientas” analíticas de Antonio Gramsci es el de “transformismo”.
Esquematizando mucho, se podría decir que para el dirigente comunista italiano
es el dispositivo por medio del cual las clases dominantes, sobre todo en
tiempos de crisis política, cooptan a las élites (los intelectuales) de las
capas subalternas, ampliando su base social y perpetuando su poder.
Para entender lo que se quiere decir, puede resultar útil
poner el ejemplo de la crisis de la 1ª República Italiana. Como es sabido, la
“tangentópolis” puso de manifiesto que la corrupción se había convertido en
sistémica, comprometiendo a una parte sustancial de la clase política y
atravesando todas las estructuras del Estado. La investigación de los jueces
terminó por dinamitar el sistema de partidos, abriendo una gravísima crisis
política y la transición a un nuevo régimen. El resultado de esa operación fue,
al final, la llegada al poder de Silvio Berlusconi y la liquidación, nada más y
nada menos, de la izquierda política, social y cultural italiana.
Lo sustantivo, las lecciones que se deberían sacar de dicha
experiencia (Italia siempre ha sido un laboratorio para la izquierda europea)
es que las crisis políticas están ahí y no se pueden eludir y que las clases populares no son los únicas
protagonistas del conflicto: los poderes dominantes siempre tienen la capacidad
para usar las crisis en su propio beneficio, ampliando su control e influencia
sobre la sociedad. El “transformismo” es, a mi juicio, el concepto que expresa
mejor la sustancia de esa operación “a la italiana”.
En España vivimos hoy una grave crisis política (una crisis
“orgánica “del capitalismo español) que puede culminar en un cambio de régimen,
de hecho, a mi juicio, esto ya ha comenzado. Las similitudes con Italia son
muchas. El centro, una corrupción sistémica, engarzada a un determinado modelo
o patrón de crecimiento y conectada molecularmente con los poderes económicos.
Como en el país transalpino, aquí el centro de atención mediático se dirige a
los partidos políticos y a las múltiples formas de parasitismo, enriquecimiento
personal y comportamiento mafioso ligado al ejercicio de la cosa pública. Los
políticos, en masculino, son culpables y punto.
En Italia, y como hoy en España, hay un actor decisivo que
desaparece: los poderes económicos. Este es el verdadero problema y el centro
de la disputa hegemónica en el país. La cuestión de fondo en una democracia
capitalista es complejo: ¿cómo mandan los que no se presentan a las
elecciones?, es decir, ¿cómo controlan e influyen en las decisiones de la clase
política los que tienen el poder económico?: la corrupción, directa o
indirecta, ha sido y es el mejor instrumento, sabiendo, nunca se debe de
olvidar, que ellos tienen un poder estructural en nuestras sociedades.
Para decirlo con mayor precisión: el problema, aquí y ahora,
es la “captura” del poder político por
los grupos de poder económicos, mediáticos y financieros. La creciente
homogeneidad, en los hechos y en la teoría, entre el PSOE y PP, la separación
cada vez más profunda entre las demandas de las mayorías sociales y las
políticas de los gobiernos, la sumisión absoluta ante las decisiones de la
troika (auténticos chantajes a las poblaciones) son algunos de los datos más
relevantes del control que los poderosos
ejercen sobre una clase política cobarde y dependiente que gobierna contra las personas.
Cuando se habla de la derrota de la política nos estamos
refiriendo a esto: la soberanía popular tiene cada vez menos poder frente a los
grupos económicos y la tupida red de tecnócratas que los representan.
La transición ya ha comenzado y se esta haciendo a espaldas
de la ciudadanía. Por ahora, la clase política bipartidista mal que bien
controla la situación, pero las maniobras son muchas y aparecen por todos
lados. Se puede decir que los poderes fácticos empiezan ya a definir opciones
posibles, manteniendo la actual situación y apostando por futuros alternativos,
inclusive intentando, y algo más, cooptar a dirigentes y cuadros de los
movimientos alternativos, dando voz y medios a posiciones aparentemente
rupturistas pero que acaban por consolidar un modelo de Estado y unas relaciones
de poder funcionales a los grupos económico-financieros dominantes.
Ante una situación así definida caben, al menos, dos
opciones: defender lo existente o disputarle la hegemonía a los poderes
dominantes. Insisto, la transición ya ha comenzado y lo decisivo es que las
clases subalternas, los “comunes y corrientes” participen y le disputen el
gobierno de la misma a los poderes fácticos.
Se trata de definir un proyecto de país, de hacer política a
lo grande, que organice un nuevo modelo de desarrollo al servicio de las
necesidades básicas de las personas, que profundice y amplíe los derechos
sociales y sindicales y, lo fundamental, que construya una democracia económica
y ecológica. La pieza maestra: el poder de la ciudadanía. Lo que esto significa
está claro: proceso constituyente y desarrollo de la soberanía popular para
construir una nueva clase dirigente nacional-popular. A esto es lo que llamamos
Revolución Democrática.
Manolo Monereo
sábado, 12 de enero de 2013
Frente Cívico: La emergencia de un Nuevo Espacio Público.
Si algo ha caracterizado a Julio Anguita es su intuición política y su
sentido histórico. Él fue siempre un
adelantado, un profeta armado con un punto de vista fundado en la cultura
popular y en la democracia plebeya.
Siempre nos despistó a todos y nunca fue fácil clasificarlo: derecha,
izquierda, renovador, leninista, hasta
falangista, según el insigne Santiago
Carrillo, que Dios tenga en su gloria.
Antes de la “caída del muro”, mucho antes (él sabía mucho de ese muro
y lo que tenia de protección frente al enemigo de verdad: el imperialismo euro-norteamericano)
se dio cuenta que las viejas formulas no valían y que había que innovar para
seguir siendo comunista. Él siempre se definió por los grandes enemigos y
escogió al que era más de derechas y el peor adversario de la izquierda con
voluntad socialista: Felipe González. Lo combatió a fondo y sin tregua. Solo le
ganaron cuando rompieron IU y aislaron
al PCE.
Perdimos todos y el sistema se reprodujo lindamente. Anguita nos dejó
y llegó el enésimo encantamiento: Zapatero. No es cosa ahora de hacer balance,
baste tan solo constatar que abrió casi todos los frentes posibles y que todos
los cerró mal; el único que nunca enfrentó, el decisivo, fue el del poder
económico y el del modelo de crecimiento; cuando llegó la crisis dio de sí todo
lo esperable: sumisión a la oligarquía financiera-inmobiliaria, servilismo ante
los dictados de la troika y, cobardía extrema, modificación de la Constitución
para garantizar el pago de la deuda y la estabilidad presupuestaria, es decir,
la conversión de España en un protectorado de la Europa alemana.
Todos esos años Anguita siguió escribiendo, hablando y estudiando:
comprender el mundo para transformarlo, al viejo modo de los tribunos del
pueblo, removiendo conciencias, enfrentándose a los poderosos y haciendo bueno
aquello de la soledad orgullosa del que se sabe acompañado por muchos y que
nunca mira atrás. Eran los años de la “belle époque” y del sueño de los
españolitos y españolitas: somos como ellos, al fin europeos y adiós al
subdesarrollo. No duró mucho el
encantamiento.
La crisis lo cambió todo. Se inició virulentamente la del patrón de
acumulación español en el contexto de una profunda y radical mutación en eso
que se llamó la globalización capitalista; emergió una crítica de fondo a la
clase política y se puso en cuestión el bipartidismo dominante; la monarquía,
piedra angular del sistema de poder, fue denunciada por su carácter parasitario
y corrupto y la “vieja y nueva” cuestión nacional del Estado español volvió a
situarse en el centro del debate público. Era todo el imaginario de la
“inmaculada transición democrática “el que entraba en crisis en medio de un desempleo de grandes dimensiones, del
crecimiento de las desigualdades y del planificado desmontaje de nuestro débil
Estado Social. Era el inicio de nuestra peculiar marcha hacia el subdesarrollo.
Hace apenas unos días, en el marco de la asamblea anual del CEPS
(Centro de Estudios Políticos y Sociales, fundación, entre otras muchas cosas,
especializada en A. Latina y en sus cambios políticos y constitucionales) se
suscitó en amplio debate sobre una aparente paradoja: la progresiva “latinoamericanización”
de Europa precisamente cuando esta intenta, a su modo, europeizarse. La tesis
que hemos defendido algunos de nosotros, con ganas de provocar, es verdad, era
que empezaban a darse en algunos países del sur de Europa “condiciones
nacional-populares”, eso que algunos denominan de forma casi siempre descalificatoria, condiciones
“populistas”.
No es este el lugar para un debate de calado sobre estos temas, solo
subrayar que estas condiciones nacional-populares
tienen, al menos, cuatro rasgos básicos: (a) la aplicación sistemática del
modelo neoliberal de transformación social, con el tratamiento de shock
correspondiente, por medio del uso a fondo y sin contemplaciones del poder
político; (b) la creación de un modelo político y social que promueva el miedo
y la inseguridad colectivas y personales hasta el punto que el “sálvese quien
pueda” y el individualismo más atroz e insolidario sea el modo normal de
funcionamiento de la sociedad; (c) la disolución de las viejas identidades de
clase y de los viejos alineamientos políticos tradicionales; (d) el
desmantelamiento de la acción social protectora del Estado, la supresión de
derechos sociales y sindicales en el marco de una mercantilización brutal del
conjunto de las relaciones sociales.
Todavía no estamos en condiciones de valorar en todas su dimensión el
15M como símbolo y ejemplo de resistencia de una parte significativa de la
sociedad a la ofensiva del capital y de los poderes económicos y mediáticos. De todas, a mi
juicio, la más importante, fue la emergencia de un “nuevo espacio público” en
el terreno y en la lucha democrática. Siempre hay otras posibilidades y el
espacio se fue construyendo en un territorio que pugnaba por una regeneración democrática de la sociedad, la economía y del
poder. Esa es una batalla que puede marcar una época.
La gran intuición de Anguita es darse cuenta que correlativamente a la
crisis del régimen se estaba abriendo un nuevo espacio público y que sobre él
habría que construir la resistencia democrática, la reorganización de las
fuerzas populares y la ofensiva
constituyente, ahora sí, en su contenido fuerte. Veamos. Cuando un comunista
convicto y confeso plantea, como tantos jóvenes en las plazas públicas, que “el
Frente Cívico no es de derechas o de izquierdas sino de los de abajo”, está
constatando que las viejas identidades (¿el PSOE es de izquierdas?) ya dicen
poco a las nuevas generaciones y a los nuevos sujetos emergentes, y que la
izquierda de verdad, la transformadora, debe aspirar a vertebrar una nueva
mayoría social capaz de crear y organizar un nuevo régimen político al servicio
de una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales. Por derecho: no solo conquistar el poder sino
transformarlo, democratizarlo.
Se trata, insisto, de un nuevo
espacio público difuso, heterogéneo, “mar de muchas mareas” donde lo viejo
y lo nuevo se confunde, donde las viejas culturas emancipatorias se
mezclan con nuevas experiencias apenas
vividas y donde el tiempo se comprime y acelera. En esto tampoco cabe
engañarse: la batalla estratégica es ampliar este nuevo espacio público y
restar base de masas a los “populismos de extrema derecha” o al fascismo puro y
duro. Todo esto construido en las luchas, en el enfrentamiento radical a las
políticas de la derecha y desde el desarrollo de la democracia como
democratización sustancial de las relaciones sociales y del poder. ¿No es eso
aquí y ahora estrategia socialista en lo real concreto?
Ahora de lo que se trata es poner en marcha un nuevo discurso público al servicio de una estrategia de poderes
sociales. Ni más pero tampoco menos. Vayamos por partes. Nuevo discurso público. No hay que
inventarse nada, solo hay que traducirlo a propuesta política. El enemigo está claro: la plutocracia, el
gobierno de los ricos con la complicidad de la clase política bipartidista más o menos imperfecta
(es decir, con la burguesía vasca y catalana). El objetivo: una
democracia de hombres y mujeres libres e iguales. Contenido: una economía al servicio de las necesidades básicas de
las personas y en armoniosa relación con nuestro medio natural del que formamos
parte. Medio-forma: poder
constituyente. Método: la acción
democrática.
Esto último tiene su importancia. Lo digo directamente: la rebelión
democrática que Izquierda Unida ha hecho suya en la última asamblea requiere
un método de lucha, una forma de acción y organización que, como diría Rosa
Luxenburgo, en los medios estén los fines. Esto significa: desobediencia civil
y estrategia pacifista. Sobre estas cosas Paco Fernández Buey escribió mucho y
bien y a él me remito. Una cuestión: hay que leer y estudiar. Los codos y la
soledad ayudan a pensar libremente. Tenemos que robar la ciencia a los ricos y
entregársela a nuestra gente “común y corriente”.
Estrategia de poderes sociales. Lo diré con una cita, con perdón, del Kautsky
marxista (maestro de Lenin: la gente cambia y no siempre para mejor, sobre
todo, en momentos de crisis y cuando se ponen en juego los verdaderos
fundamentos político-morales de los dirigentes) venía a decir así: el partido
te coge en la casa cuna y te deja en el cementerio. Traducción: el Partido
Socialdemócrata Alemán había creado toda una red social organizada que iba
desde las guarderías hasta las funerarias al margen del estado y como
economía-organización popular. Para decirlo de otro modo: se creó en la
sociedad un (contra) poder social organizado que era el sustento material de la
fuerza política. Más: no solo fue cosa de alemanes, se hizo en casi todas
partes y se sigue haciendo hoy. Ejemplos: el PSOE de las “Casas del Pueblo”
y los anarquistas de los “Ateneos
Populares”. Hoy, guste más guste menos: Hamas y, sobre todo, Hizbulá. Para que
no se diga: la experiencia de los kibutz también comprendida y valorada por una
de las personas más venerables del siglo XX: Martin Buber. Entre nosotros: solo
queda algo así en el mundo de HB, ellos nos enseñan muchas cosas en una vía
nada fácil.
¿De qué se trata?: construir una “una economía moral de la multitud”
“un sector público voluntario” que organice capilarmente este nuevo sector
público emergente, lo fecunde, reproduzca y la convierta en poder social. La
gente cuando se organiza, se compromete y se dota de un proyecto se convierte
en poder; en condiciones democráticas
(ojo, hay que tenerlo en cuenta) derrotar a los que tienen el poder económico y
controlan el poder mediático y político exige de un contrapoder social de las
clases subalternas como fundamento de cualquier avance electoral. La condición para
los que no tienen poder es siempre socializarlo y hacerlo carne y sangre de las
capas populares. Sobre esto han escrito cosas preciosas Max Abel y Juan Ramón
Capella.
¿Qué tendríamos que hacer hoy? Discutir, consensuar y ejecutar un plan para acción. En el centro: exigir la dimisión del gobierno Rajoy y nuevas por elecciones
generales. Será el momento para proponer una lista propia de todos los que estamos por un
proceso constituyente. Una salida democrático-republicana a la crisis de
régimen.
La clave: diferenciar claramente legalidad y legitimidad. Este
gobierno no es legítimo: incumple
sistemáticamente su programa electoral, legisla contra la constitución
vigente y sirve a interese de los grupos de poder económicos. El derecho y el deber de resistencia frente a la tiranía de los mercados, la
desobediencia civil ejercida pacíficamente y sin violencia es un derecho humano
fundamental. La libertad se defiende ejerciéndola.
La unidad y la convergencia al
servicio de la acción consciente organizada es imprescindible. Se dan síntomas
de que la movilización social esta encontrando límites políticos para su
desarrollo. Parece llegado el momento de la política en sentido fuerte. El 2013
por venir será decisivo: hacia la Revolución Democrática.
martes, 25 de diciembre de 2012
Izquierda Unida: hacia una revolución democrática
Quisiera comenzar
esta intervención recordando a Francisco Fernández Buey intelectual comunista,
marxista y fundador de IU. Su memoria y ejemplo nos acompañaran siempre.
No hace demasiado tiempo, paseando por Córdoba, recordaba Julia Anguita, con
cierta sorna, que a él, en IU, le aprobaban los informes por unanimidad y que
luego cada cual hacía lo que le venía en gana.
En esta Asamblea, la primera cuestión que habría que recuperar es la
veracidad, la coherencia entre lo que dice y lo que se hace, huir del lenguaje
falsario y desterrar eso de que el papel “lo aguanta todo”.
Una segunda cuestión en la que merecería la pena detenerse tiene que ver
con la caracterización de la etapa histórica en la que vivimos, distinguiendo
entre normalidad y excepción. La historia avanza a saltos, el tiempo histórico
se comprime y acelera, las verdades y hábitos de la etapa de normalidad ya no
sirven. Lo fundamental es saber que vivimos una etapa de excepción histórica, de
agudización de los conflictos de clase y de ruptura con los fundamentos
tradicionales del poder.
Habría que hacer una tercera distinción: el factor tiempo es muy
importante. En esta Asamblea, en los debates que hemos tenido en estos meses
parecería que tendríamos todo el tiempo del mundo y no es así. En los periodos
de excepción se dan enfrentamientos frontales y se definen las correlaciones de
fuerzas futuras. Para decirlo con más claridad: en los próximos dos o tres
años, como mucho, se concretará si la reacción avanza o retrocede, si las
clases trabajadoras defenderán o no los derechos sociales y laborales
conquistados y si seremos capaces de construir una nueva sociedad de hombres y
mujeres libres e iguales, una democracia plebeya.
Esta Asamblea tiene por delante el debate de cuatro cuestiones
fundamentales planteadas en las tesis políticas: 1) la rebelión democrática; 2)
el proceso constituyente; 3) la construcción del “bloque político y social”; 4)
la necesidad de una “revolución interna” en IU como fuerza y como organización
política. Todo esto significa un giro radical, sustancial, que nos exigirán cambios
profundos en los modos de hacer y practicar la política, nuevas relaciones
entre trabajo en las instituciones y los movimientos sociales y, es fundamental,
formas de organización diferentes a las tradicionales. No es poca cosa.
Quisiera, en esta intervención, hacer referencia a algunas cuestiones no abordadas o insuficientemente analizadas
en las tesis políticas. La primera tiene que ver con el análisis y
caracterización de la crisis. Se trata, evidentemente, de una crisis
capitalista y, más allá, de la crisis de una entera civilización. Seguramente,
el aspecto más relevante sea la inaudita acumulación de “crisis en la crisis”,
es decir, una crisis económico-financiera que abre una crisis geopolítica y en
las relaciones internacionales, que profundiza al límite la crisis ecológico-social del planeta, y,
sobre todo, una crisis del “occidentalismo” como predominio político cultural
de la modernidad capitalista euroamericana.
En las tesis no se tiene suficientemente en cuenta los cambios
geopolíticos, destacadamente la decadencia de EEUU (y su aliado subalterno, la
Unión Europea) y el ascenso de nuevas potencias. Estamos en plena transición
geopolítica mundial y lo decisivo es la tendencia a la multipolaridad. Lo que
eso significa es una gigantesca redistribución del poder a nivel mundial. El
problema radical es que, históricamente, estas crisis se han resuelto siempre,
tarde o temprano, con la guerra, con la expansión del militarismo y con enorme
sufrimiento de las poblaciones. La lucha por la paz debería ser una prioridad
de nuestro trabajo.
Una segunda cuestión tiene que ver con la Unión Europea. Nuestra posición
es clara en este tema: el federalismo europeo que tradicionalmente hemos
defendido tiene que ser sustancialmente revisado. La “Europa alemana” impide
cualquier avance democrático y perpetúa las desigualdades sociales y entre
países. La cuestión del euro tiene que ser planteada con todo su radicalidad.
La tercera cuestión hace referencia a lo que algunos hemos llamado la
“crisis orgánica” del capitalismo español. Hablamos de toda una etapa histórica
que se ha cerrado: la que va desde los primeros gobiernos socialistas hasta el
2007. Lo básico es entender que esta crisis del patrón de acumulación
capitalista español abre una crisis de régimen, de Estado y de la política en
sentido fuerte. No voy a detenerme mucho aquí; subrayar, sobre todo, que detrás
de la crisis de régimen está el cuestionamiento profundo del bipartidismo político
dominante. Lo hemos dicho muchas veces y hoy conviene repetirlo: el
bipartidismo ha sido un modo de organizar el poder al servicio de aquellos que
no se presentan a las elecciones y detentan el poder económico, mediático y
cultural. La alternancia ha sido eso, diferencias entre partidos dominantes siempre
resueltas en favor de los poderes fácticos.
La pregunta que las tesis políticas no se hace es la siguiente: ¿Cómo
combatir realmente el bipartidismo? Aquí y ahora tenemos dos experiencias, la
andaluza, gobernar con el PSOE y la extremeña, dejar gobernar al Partido Popular
Este debate no puede ser eludido y tiene que realizarse a fondo, hasta sus
últimas consecuencias. Nuestra propuesta es también diáfana: no hay posibilidad
de regeneración democrática en nuestro que no pase por la ruptura con el
bipartidismo y la construcción de una gran fuerza democrático-popular (el
bloque políticos y social) que derrote a la derecha, le dispute la hegemonía al
PSOE y, no se debe de olvidar, neutralice a la extrema derecha emergente.
También en este tema el factor tiempo es muy importante. Los poderes
fácticos harán todo lo posible por perpetuar el bipartidismo (siempre con la
derecha catalana y vasca) y hoy andan extremadamente preocupados por la
decadencia del PSOE. Tenemos que hacer un enorme esfuerzo político para
construir el bloque político-social alternativo precisamente en un momento
donde el PSOE vive una crisis profunda. Hay que insistir: no tenemos todo el
tiempo del mundo.
La propuesta de un proceso constituyente es decisiva. Algunas veces
parecería que se trata de una posición
política voluntarista o arbitraria. No es así. Han sido los poderes económicos
los que han puesto en crisis el régimen
constitucional del 78 y han iniciado la transición hacia otro que bien
pudiéramos llamar de democracia oligárquica. Así de claro y evidente. Lo
fundamental es que se está haciendo sin tener en cuenta al soberano, es decir,
al conjunto de ciudadanos y ciudadanas. Reclamar un proceso constituyente es
reivindicar la soberanía popular y el ejercicio de los derechos y libertades violadas
por los poderes fácticos con la complicidad, hay que insistir una y otra vez,
del PP y del PSOE.
Para ir terminando, Cayo Lara ha venido poniendo el acento en algo que es
muy importante: IU gana votos y pierde afiliación. Él habla hasta de tragedia
por esta cuestión; verdaderamente lo es. La pregunta que habría que hacerse es
¿por qué? La cuestión podría plantearse del siguiente modo: hoy las clases
subalternas necesitan más que nunca organización, pero las viejas
formas-partido ya no sirven.
Fijémonos en dos asuntos para entender lo que se quiere decir. De un lado,
el predominio absoluto del eje electoral-institucional en el funcionamiento regular
de IU. Primera paradoja: nos institucionalizamos cada vez más cuando los
órganos representativos tienen cada vez menos poder y la democracia decide cada
vez menos. De otro lado, las viejas formas-partido tradicionales del movimiento
obrero habían socializado enormemente la política y sus modos de ejercerla. Hoy
lo que predominan son partidos de cuadros cada vez más profesionalizados y,
segunda paradoja, donde hacen política fundamentalmente los que viven de ella.
Para la izquierda transformadora esto es mortal.
Lo importante para el movimiento obrero organizado era que miles de hombres
y de mujeres dedicaban una parte de su tiempo libre a la cosa pública, a la
organización, al partido. Es lo que se ha llamado “una economía moral de la
multitud” o un “sector público voluntario”. Pues bien, necesitamos hoy más que
nunca formas de “socialización de la política” que promuevan el compromiso y el
trabajo voluntario de miles de hombres y mujeres; la auto organización social y
formas agregación social y económicas que generen un (contra) poder de los que no tienen el poder.
Manolo Monereo a 15 de Diciembre del 2012.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Intervención acto constitución Frente Civico Somos Mayoría de Salamanca
La Sala de Grados de la Facultad de Geografía e Historia de
la USAL se quedó pequeña. La presentación del Frente Cívico “Somos Mayoría” en
Salamanca tuvo que cambiar de localización pocos minutos antes de empezar,
debido a los 122 salmantinos y salmantinas que acudieron a conocer más de cerca
esta propuesta. Muchos de ellos eran miembros actuales del Frente Cívico en
Salamanca, así como de la asamblea La Izquierda de Salamanca, asamblea abierta
creada hace dos años, y que desde el pasado mes de septiembre está impulsando
el Frente Cívico “Somos Mayoría” en esta ciudad.
El ponente Manuel Monereo, cofundador del
Frente Cívico, realizó una exposición acerca de la historia reciente de este
país. Desde el fin de la dictadura y el inicio de la supuesta “democracia
ejemplar”, recorrió los años del felipismo, el boom del ladrillo y la crisis
presente. “Los españoles creíamos que habíamos dejado atrás la pobreza, que ya
pertenecíamos al mundo desarrollado, y ahora nos encontramos con que eso se
acabó” – comentó- “la gente se encuentra con esta crisis que no esperaba, una
crisis económica y también política, pues la gente no confía en los políticos”.
En este aspecto, Monereo explicó que el Frente Cívico aspira a construir un
“contrapoder” frente a “unos representantes que no nos representan”.
“El pasado no volverá”, explicó el ponente, para quien lo
utópico no es pretender una sociedad diferente, sino creer que el capitalismo
va a devolver los derechos sociales eliminados. Según el ponente es necesario
construir un nuevo modelo de sociedad desde las bases: “muévanse, en el Frente
Cívico o donde ustedes quieran, pero muévanse”, indicó al público. “El Frente
Cívico será lo que todos nosotros queramos que sea”, concluyó Monereo, ante los
aplausos de los asistentes.
martes, 11 de diciembre de 2012
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