jueves, 2 de mayo de 2013

Las bases sociales para una propuesta programática democrática-republicana (II)


En el artículo anterior expuse, muy sucintamente, los resultados de un estudio realizado por la Fundación del BBVA “Values  and Worldviews” en base a una encuesta  hecha en diez países de la Unión Europea. Ahora intentaré sacar algunas conclusiones que considero pertinentes para, por así decirlo, el debate de las izquierdas sobre nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro.
La primera cosa a subrayar es que una parte claramente mayoritaria de la opinión pública europea rechaza las políticas neoliberales y defiende con  mucha fuerza el Estado social. Para decirlo con más precisión: para las mujeres y los hombres que viven en  la Unión, los derechos sociales y laborales son un componente central de la ciudadanía democrática y de su dignidad como personas.
Una segunda cuestión a señalar es que se produce una hondísima crisis de representación, una enorme sima, entre dicha ciudadanía y las elites políticas, económicas y mediáticas que ejercen realmente el poder. Las personas no tienen dudas: los poderes existentes trabajan por y para el poder económico-financiero y los políticos están a su servicio. Así de claro, y por eso  una parte significativa de la ciudadanía, sobre todo en el sur, está profundamente insatisfecha con el funcionamiento de nuestras democracias. Aquí tampoco cabría equivocarse demasiado: las gentes critican, al menos por ahora, las democracias existentes porque la soberanía popular manda poco o nada y porque las instituciones democráticas son cada vez más subalternas e impotentes ante los poderes fácticos Hay un tercer dato, de valoración más compleja y sutil, con consecuencias políticas de mucho calado; me refiero, a la valoración de eso que se ha dado en llamar economía de mercado. El asunto se podría exponer del siguiente modo: la ciudadanía acepta la economía de mercado sabiendo que es la causante principal de las desigualdades sociales, por lo que  reclama un Estado responsable y garante de los derechos sociales e implicado fuertemente en su control y funcionamiento.  Se diría que la opinión pública,  más allá de los límites tradicionales de la izquierda y derecha, está por un programa de orientación fuertemente socialdemócrata, sobre todo en España.
Se podría continuar   -> Pinchar para seguir leyendo

sábado, 27 de abril de 2013

Las bases sociales para una propuesta programática -I-



Unas de las cuestiones esenciales del momento es conocer con precisión cómo y de qué forma están afectando los enormes cambios económicos y sociales que estamos viviendo a la consciencia, actitudes y comportamientos de la ciudadanía. Para la izquierda transformadora no es un problema menor: conocer lo que piensan realmente las gentes en momentos donde, parecería, que todas las crisis se acumulan y se anudan en torno al régimen salido de la transición, es ahora un problema político decisivo. Buenas encuestas, en síntesis, para dar un fundamento realista  a las propuestas que se formulan en la esfera pública.
Esto viene a cuento del debate abierto, sobre todo, en los mentideros políticos de la derecha extrema ante la encuesta realizada por la Fundación del BBVA sobre valores y actitudes sociales de las ciudadanas y de los ciudadanos de diez países de la Unión Europea (Alemania, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, Republica Checa y Suecia)
El estudio titulado “Values and Worldviews” se realizó por IPSOS entre noviembre del 2012 y enero del 2013, con una muestra de 15 mil personas. ¿Por qué mereció una encuesta como esta tal atención y tan duras críticas de los tertulianos ultras?  Porque se ponía de manifiesto, una vez más, que para una parte sustancial, claramente mayoritaria, de la opinión pública europea la defensa del Estado del Bienestar seguía siendo fundamental  y que cinco años  de crisis habían propiciado el convencimiento de que las políticas de ajustes que se han venido practicando son injustas e ineficaces . Para decirlo con más claridad: la ciudadanía demanda derechos sociales y laborales garantizados por el Estado y una mayor implicación de este en el funcionamiento, regulación  y control de eso que eufemísticamente se llama mercado. Lo peor, de ahí el escándalo superlativo, era que la opinión pública española  era  la más radical en estas posiciones “intervencionistas  y antiliberales”: ¡tanto dinero invertido en propaganda, tertulianos y en sesudos estudios para esto!  Siguel leyendo -->

lunes, 22 de abril de 2013

De la crisis a la revolución democrática



Lo que se intenta argumentar en este libro es que estamos en un cambio de época para peor y que el pasado no volverá. Lo que hay detrás es muy conocido: una grave crisis sistémica del capitalismo histórico, una “gran transición geopolítica” que está definiendo una radical redistribución del poder a nivel mundial, la decadencia del “Occidentalismo” como geocultura dominante y más allá una crisis ecológica y social de grandes dimensiones
En España estamos ante una auténtica involución social y política, marchando aceleradamente hacia el subdesarrollo, convertidos cada vez más en periferia subalterna de una Unión Europea alemana. Estamos viviendo un auténtico Estado de Excepción caracterizado por el predominio de los poderes fácticos, la suspensión del derecho y la progresiva conversión de nuestros sistemas po-líticos en democracias “limitadas y oligárquicas”. Es por esto que el verdadero debate está entre los que aceptan como inevitables ajustes, involuciones sociales y políticas, y aquellos que creen que los derechos sociales y las libertades se defienden profundizando la democracia como desarrollo del autogobierno de las poblaciones, garantizando la soberanía popular y definiendo nuevas reglas que hagan efectivos los derechos sociales y pongan la economía al servicio de las necesidades básicas de las personas.
Lo que eso significa aquí y ahora es proceso constituyente y poder ciudadano, en definitiva, una Revolución Democrática para una República Plebeya

miércoles, 10 de abril de 2013

En la Semana Republicana de Palencia

 Miércoles 10 de abril, y en el marco de la Semana Republicana de Palencia, tuvo lugar un homenaje a Paco Fernández Buey, filósofo nacido en dicha localidad y uno de los pensadores mas lúcidos de la segunda mitad del siglo XX en España. Será a las 19:00 horas en la Biblioteca Pública, bajo el título “Homenaje a Fernández Buey; comprender, luchar, amar”.

lunes, 8 de abril de 2013

Invitación a una "Cita Secreta" . Un tal Vladimir Illic



"Entre las peculiaridades más dignas de mención del temple humano», dice Lotz, «cuenta, a más de tanto egoísmo particular, la general falta de envidia del presente respecto a su futuro». Esta reflexión nos lleva a pensar que la imagen de felicidad que albergamos se halla enteramente teñida por el tiempo en el que de una vez por todas nos ha relegado el decurso de nuestra existencia. La felicidad que podría despertar nuestra envidia existe sólo en el aire que hemos respirado, entre los hombres con los que hubiésemos podido hablar, entre las mujeres que hubiesen podido entregársenos. Con otras palabras, en la representación de felicidad vibra inalienablemente la de redención. Y lo mismo ocurre con la representación de pasado, del cual hace la historia asunto suyo. El pasado lleva consigo un índice temporal mediante el cual queda remitido a la redención. Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros, nos ha sido dada una flaca fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos. No se debe despachar esta exigencia a la ligera. Algo sabe de ello el materialismo histórico."
Tesis de filosofía de la historia Walter Benjamin (1940)
Traducción de Jesús Aguirre
Taurus, Madrid, 1973

Foro Social Mundial de Tunez- El futuro de los países del Sur

sábado, 16 de marzo de 2013

Charla en Zaragoza: Construir mayorias, conquistar el poder



Vídeos de la charla que tuvo lugar el 9 de marzo de 2013,  en Zaragoza en la librería Pantera Rossa, organizada por la corriente de opinión Jaque al Régimen

lunes, 11 de marzo de 2013

Chavez: Hacer posibles los sueños



Hay una costumbre, un hábito muy español, que es hablar bien de quién se muere. En este caso no ha sido así. Los grandes medios de comunicación no han perdonado a Hugo Chávez ni siquiera después de muerto. Las descalificaciones han sido recurrentes: golpista, dictador, autoritario, gorila…envuelto todo ello en eso que ha terminado por convertirse en uno de los peores insultos políticos: populismo.

No hay que extrañarse. Es un caso típico del odio de clase, es decir, los poderosos acaban mostrando su desprecio y su repugnancia ante aquellos que ponen en cuestión sus privilegios, sus reglas del juego y, lo peor, ejercen el derecho a la rebelión cuando la injusticia es ley.

La figura de Chávez tiene, al menos, tres dimensiones: la geopolítica latinoamericana, la específicamente venezolana y, más allá, la simbólica. Estas se podían resumir muy bien hablando de lo que pudiéramos llamar ”las promesas incumplidas de la independencia latinoamericana”. Chaves representa mejor que nadie este esfuerzo colectivo por salir de una frustración histórica que dura más de doscientos años.

Sigue leyendo ->

jueves, 28 de febrero de 2013

Ruptura democrática o transformismo: el gobierno de la transición



Uno de los conceptos más importantes de “la caja de herramientas” analíticas de Antonio Gramsci es el de “transformismo”. Esquematizando mucho, se podría decir que para el dirigente comunista italiano es el dispositivo por medio del cual las clases dominantes, sobre todo en tiempos de crisis política, cooptan a las élites (los intelectuales) de las capas subalternas, ampliando su base social y perpetuando su poder.

Para entender lo que se quiere decir, puede resultar útil poner el ejemplo de la crisis de la 1ª República Italiana. Como es sabido, la “tangentópolis” puso de manifiesto que la corrupción se había convertido en sistémica, comprometiendo a una parte sustancial de la clase política y atravesando todas las estructuras del Estado. La investigación de los jueces terminó por dinamitar el sistema de partidos, abriendo una gravísima crisis política y la transición a un nuevo régimen. El resultado de esa operación fue, al final, la llegada al poder de Silvio Berlusconi y la liquidación, nada más y nada menos, de la izquierda política, social y cultural italiana.

Lo sustantivo, las lecciones que se deberían sacar de dicha experiencia (Italia siempre ha sido un laboratorio para la izquierda europea) es que las crisis políticas están ahí y no se pueden eludir y que  las clases populares no son los únicas protagonistas del conflicto: los poderes dominantes siempre tienen la capacidad para usar las crisis en su propio beneficio, ampliando su control e influencia sobre la sociedad. El “transformismo” es, a mi juicio, el concepto que expresa mejor la sustancia de esa operación “a la italiana”.

En España vivimos hoy una grave crisis política (una crisis “orgánica “del capitalismo español) que puede culminar en un cambio de régimen, de hecho, a mi juicio, esto ya ha comenzado. Las similitudes con Italia son muchas. El centro, una corrupción sistémica, engarzada a un determinado modelo o patrón de crecimiento y conectada molecularmente con los poderes económicos. Como en el país transalpino, aquí el centro de atención mediático se dirige a los partidos políticos y a las múltiples formas de parasitismo, enriquecimiento personal y comportamiento mafioso ligado al ejercicio de la cosa pública. Los políticos, en masculino, son culpables y punto.

En Italia, y como hoy en España, hay un actor decisivo que desaparece: los poderes económicos. Este es el verdadero problema y el centro de la disputa hegemónica en el país. La cuestión de fondo en una democracia capitalista es complejo: ¿cómo mandan los que no se presentan a las elecciones?, es decir, ¿cómo controlan e influyen en las decisiones de la clase política los que tienen el poder económico?: la corrupción, directa o indirecta, ha sido y es el mejor instrumento, sabiendo, nunca se debe de olvidar, que ellos tienen un poder estructural en nuestras sociedades.

Para decirlo con mayor precisión: el problema, aquí y ahora, es la “captura”  del poder político por los grupos de poder económicos, mediáticos y financieros. La creciente homogeneidad, en los hechos y en la teoría, entre el PSOE y PP, la separación cada vez más profunda entre las demandas de las mayorías sociales y las políticas de los gobiernos, la sumisión absoluta ante las decisiones de la troika (auténticos chantajes a las poblaciones) son algunos de los datos más relevantes  del control que los poderosos ejercen sobre una clase política cobarde y dependiente que gobierna contra las personas.

Cuando se habla de la derrota de la política nos estamos refiriendo a esto: la soberanía popular tiene cada vez menos poder frente a los grupos económicos y la tupida red de tecnócratas que los representan.

La transición ya ha comenzado y se esta haciendo a espaldas de la ciudadanía. Por ahora, la clase política bipartidista mal que bien controla la situación, pero las maniobras son muchas y aparecen por todos lados. Se puede decir que los poderes fácticos empiezan ya a definir opciones posibles, manteniendo la actual situación y apostando por futuros alternativos, inclusive intentando, y algo más, cooptar a dirigentes y cuadros de los movimientos alternativos, dando voz y medios a posiciones aparentemente rupturistas pero que acaban por consolidar un modelo de Estado y unas relaciones de poder funcionales a los grupos económico-financieros dominantes.

Ante una situación así definida caben, al menos, dos opciones: defender lo existente o disputarle la hegemonía a los poderes dominantes. Insisto, la transición ya ha comenzado y lo decisivo es que las clases subalternas, los “comunes y corrientes” participen y le disputen el gobierno de la misma a los poderes fácticos.

Se trata de definir un proyecto de país, de hacer política a lo grande, que organice un nuevo modelo de desarrollo al servicio de las necesidades básicas de las personas, que profundice y amplíe los derechos sociales y sindicales y, lo fundamental, que construya una democracia económica y ecológica. La pieza maestra: el poder de la ciudadanía. Lo que esto significa está claro: proceso constituyente y desarrollo de la soberanía popular para construir una nueva clase dirigente nacional-popular. A esto es lo que llamamos Revolución Democrática.

                                                                                              
                                                                                                   Manolo Monereo