sábado, 12 de enero de 2013

Frente Cívico: La emergencia de un Nuevo Espacio Público.





En recuerdo de Paco Fernández Buey,
 comunista discreto, maestro y amigo.

Si algo ha caracterizado a Julio Anguita es su intuición política y su sentido  histórico. Él fue siempre un adelantado, un profeta armado con un punto de vista fundado en la cultura popular y en la democracia  plebeya. Siempre nos despistó a todos y nunca fue fácil clasificarlo: derecha, izquierda, renovador, leninista,  hasta falangista, según  el insigne Santiago Carrillo, que Dios tenga en su gloria.

Antes de la “caída del muro”, mucho antes (él sabía mucho de ese muro y lo que tenia de protección frente al enemigo de verdad: el imperialismo euro-norteamericano) se dio cuenta que las viejas formulas no valían y que había que innovar para seguir siendo comunista. Él siempre se definió por los grandes enemigos y escogió al que era más de derechas y el peor adversario de la izquierda con voluntad socialista: Felipe González. Lo combatió a fondo y sin tregua. Solo le ganaron cuando rompieron  IU y aislaron al PCE.

Perdimos todos y el sistema se reprodujo lindamente. Anguita nos dejó y llegó el enésimo encantamiento: Zapatero. No es cosa ahora de hacer balance, baste tan solo constatar que abrió casi todos los frentes posibles y que todos los cerró mal; el único que nunca enfrentó, el decisivo, fue el del poder económico y el del modelo de crecimiento; cuando llegó la crisis dio de sí todo lo esperable: sumisión a la oligarquía financiera-inmobiliaria, servilismo ante los dictados de la troika y, cobardía extrema, modificación de la Constitución para garantizar el pago de la deuda y la estabilidad presupuestaria, es decir, la conversión de España en un protectorado de la Europa alemana.

Todos esos años Anguita siguió escribiendo, hablando y estudiando: comprender el mundo para transformarlo, al viejo modo de los tribunos del pueblo, removiendo conciencias, enfrentándose a los poderosos y haciendo bueno aquello de la soledad orgullosa del que se sabe acompañado por muchos y que nunca mira atrás. Eran los años de la “belle époque” y del sueño de los españolitos y españolitas: somos como ellos, al fin europeos y adiós al subdesarrollo. No duró mucho el  encantamiento.

La crisis lo cambió todo. Se inició virulentamente la del patrón de acumulación español en el contexto de una profunda y radical mutación en eso que se llamó la globalización capitalista; emergió una crítica de fondo a la clase política y se puso en cuestión el bipartidismo dominante; la monarquía, piedra angular del sistema de poder, fue denunciada por su carácter parasitario y corrupto y la “vieja y nueva” cuestión nacional del Estado español volvió a situarse en el centro del debate público. Era todo el imaginario de la “inmaculada transición democrática “el que entraba en crisis en medio  de un desempleo de grandes dimensiones, del crecimiento de las desigualdades y del planificado desmontaje de nuestro débil Estado Social. Era el inicio de nuestra peculiar marcha hacia el subdesarrollo.

Hace apenas unos días, en el marco de la asamblea anual del CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales, fundación, entre otras muchas cosas, especializada en A. Latina y en sus cambios políticos y constitucionales) se suscitó en amplio debate sobre una aparente paradoja: la progresiva “latinoamericanización” de Europa precisamente cuando esta intenta, a su modo, europeizarse. La tesis que hemos defendido algunos de nosotros, con ganas de provocar, es verdad, era que empezaban a darse en algunos países del sur de Europa “condiciones nacional-populares”, eso que algunos denominan  de forma  casi siempre descalificatoria, condiciones “populistas”.

No es este el lugar para un debate de calado sobre estos temas, solo subrayar  que estas condiciones nacional-populares tienen, al menos, cuatro rasgos básicos: (a) la aplicación sistemática del modelo neoliberal de transformación social, con el tratamiento de shock correspondiente, por medio del uso a fondo y sin contemplaciones del poder político; (b) la creación de un modelo político y social que promueva el miedo y la inseguridad colectivas y personales hasta el punto que el “sálvese quien pueda” y el individualismo más atroz e insolidario sea el modo normal de funcionamiento de la sociedad; (c) la disolución de las viejas identidades de clase y de los viejos alineamientos políticos tradicionales; (d) el desmantelamiento de la acción social protectora del Estado, la supresión de derechos sociales y sindicales en el marco de una mercantilización brutal del conjunto de las relaciones sociales.

Todavía no estamos en condiciones de valorar en todas su dimensión el 15M como símbolo y ejemplo de resistencia de una parte significativa de la sociedad a la ofensiva del capital y de los poderes  económicos y mediáticos. De todas, a mi juicio, la más importante, fue la emergencia de un “nuevo espacio público” en el terreno y en la lucha democrática. Siempre hay otras posibilidades y el espacio se fue construyendo en un territorio que pugnaba por una regeneración  democrática de la sociedad, la economía y del poder. Esa es una batalla que puede marcar una época.

La gran intuición de Anguita es darse cuenta que correlativamente a la crisis del régimen se estaba abriendo un nuevo espacio público y que sobre él habría que construir la resistencia democrática, la reorganización de las fuerzas populares y  la ofensiva constituyente, ahora sí, en su contenido fuerte. Veamos. Cuando un comunista convicto y confeso plantea, como tantos jóvenes en las plazas públicas, que “el Frente Cívico no es de derechas o de izquierdas sino de los de abajo”, está constatando que las viejas identidades (¿el PSOE es de izquierdas?) ya dicen poco a las nuevas generaciones y a los nuevos sujetos emergentes, y que la izquierda de verdad, la transformadora, debe aspirar a vertebrar una nueva mayoría social capaz de crear y organizar un nuevo régimen político al servicio de una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales.  Por derecho: no solo conquistar el poder sino transformarlo, democratizarlo.

Se trata, insisto, de un nuevo espacio público difuso, heterogéneo, “mar de muchas mareas” donde lo viejo y lo nuevo se confunde, donde las viejas culturas emancipatorias se mezclan  con nuevas experiencias apenas vividas y donde el tiempo se comprime y acelera. En esto tampoco cabe engañarse: la batalla estratégica es ampliar este nuevo espacio público y restar base de masas a los “populismos de extrema derecha” o al fascismo puro y duro. Todo esto construido en las luchas, en el enfrentamiento radical a las políticas de la derecha y desde el desarrollo de la democracia como democratización sustancial de las relaciones sociales y del poder. ¿No es eso aquí y ahora estrategia socialista en lo real concreto?

Ahora de lo que se trata es poner en marcha un nuevo discurso público al servicio de una estrategia de poderes sociales. Ni más pero tampoco menos. Vayamos por partes. Nuevo discurso público. No hay que inventarse nada, solo hay que traducirlo a propuesta política. El enemigo está claro: la plutocracia, el gobierno de los ricos con la complicidad de la clase  política bipartidista más o menos imperfecta (es decir, con la burguesía vasca y catalana). El objetivo: una democracia de hombres y mujeres libres e iguales. Contenido: una economía al servicio de las necesidades básicas de las personas y en armoniosa relación con nuestro medio natural del que formamos parte. Medio-forma: poder constituyente. Método: la acción democrática.

Esto último tiene su importancia. Lo digo directamente: la rebelión democrática que  Izquierda Unida  ha hecho suya en la última asamblea requiere un método de lucha, una forma de acción y organización que, como diría Rosa Luxenburgo, en los medios estén los fines. Esto significa: desobediencia civil y estrategia pacifista. Sobre estas cosas Paco Fernández Buey escribió mucho y bien y a él me remito. Una cuestión: hay que leer y estudiar. Los codos y la soledad ayudan a pensar libremente. Tenemos que robar la ciencia a los ricos y entregársela a nuestra gente “común y corriente”.

Estrategia de poderes sociales. Lo diré con una cita, con perdón, del Kautsky marxista (maestro de Lenin: la gente cambia y no siempre para mejor, sobre todo, en momentos de crisis y cuando se ponen en juego los verdaderos fundamentos político-morales de los dirigentes) venía a decir así: el partido te coge en la casa cuna y te deja en el cementerio. Traducción: el Partido Socialdemócrata Alemán había creado toda una red social organizada que iba desde las guarderías hasta las funerarias al margen del estado y como economía-organización popular. Para decirlo de otro modo: se creó en la sociedad un (contra) poder social organizado que era el sustento material de la fuerza política. Más: no solo fue cosa de alemanes, se hizo en casi todas partes y se sigue haciendo hoy. Ejemplos: el PSOE de las “Casas del Pueblo” y  los anarquistas de los “Ateneos Populares”. Hoy, guste más guste menos: Hamas y, sobre todo, Hizbulá. Para que no se diga: la experiencia de los kibutz también comprendida y valorada por una de las personas más venerables del siglo XX: Martin Buber. Entre nosotros: solo queda algo así en el mundo de HB, ellos nos enseñan muchas cosas en una vía nada fácil.

¿De qué se trata?: construir una “una economía moral de la multitud” “un sector público voluntario” que organice capilarmente este nuevo sector público emergente, lo fecunde, reproduzca y la convierta en poder social. La gente cuando se organiza, se compromete y se dota de un proyecto se convierte en  poder; en condiciones democráticas (ojo, hay que tenerlo en cuenta) derrotar a los que tienen el poder económico y controlan el poder mediático y político exige de un contrapoder social de las clases subalternas como fundamento de cualquier avance electoral. La condición para los que no tienen poder es siempre socializarlo y hacerlo carne y sangre de las capas populares. Sobre esto han escrito cosas preciosas Max Abel y Juan Ramón Capella.

¿Qué tendríamos que hacer hoy? Discutir, consensuar  y ejecutar un plan para  acción. En el centro: exigir la dimisión  del gobierno Rajoy y nuevas por elecciones generales. Será el momento para proponer una lista  propia de todos los que estamos por un proceso constituyente. Una salida democrático-republicana a la crisis de régimen.

La clave: diferenciar claramente legalidad y legitimidad. Este gobierno no es legítimo: incumple  sistemáticamente su programa electoral, legisla contra la constitución vigente y sirve a interese de los grupos de poder económicos. El derecho  y el deber de resistencia  frente a la tiranía de los mercados, la desobediencia civil ejercida pacíficamente y sin violencia es un derecho humano fundamental. La libertad se defiende ejerciéndola.

La unidad y la convergencia  al servicio de la acción consciente organizada es imprescindible. Se dan síntomas de que la movilización social esta encontrando límites políticos para su desarrollo. Parece llegado el momento de la política en sentido fuerte. El 2013 por venir será decisivo: hacia la Revolución Democrática.

                                                                                           Manolo Monereo  30 de Diciembre de 2012

martes, 25 de diciembre de 2012

Intervención X Asamblea Federal de Izquierda Unida

Izquierda Unida: hacia una revolución democrática

Quisiera comenzar esta intervención recordando a Francisco Fernández Buey intelectual comunista, marxista y fundador de IU. Su memoria y ejemplo nos acompañaran siempre.
No hace demasiado tiempo, paseando por Córdoba, recordaba Julia Anguita, con cierta sorna, que a él, en IU, le aprobaban los informes por unanimidad y que luego cada cual hacía lo que le venía en gana.
En esta Asamblea, la primera cuestión que habría que recuperar es la veracidad, la coherencia entre lo que dice y lo que se hace, huir del lenguaje falsario y desterrar eso de que el papel “lo aguanta todo”.
Una segunda cuestión en la que merecería la pena detenerse tiene que ver con la caracterización de la etapa histórica en la que vivimos, distinguiendo entre normalidad y excepción. La historia avanza a saltos, el tiempo histórico se comprime y acelera, las verdades y hábitos de la etapa de normalidad ya no sirven. Lo fundamental es saber que vivimos una etapa de excepción histórica, de agudización de los conflictos de clase y de ruptura con los fundamentos tradicionales del poder.
Habría que hacer una tercera distinción: el factor tiempo es muy importante. En esta Asamblea, en los debates que hemos tenido en estos meses parecería que tendríamos todo el tiempo del mundo y no es así. En los periodos de excepción se dan enfrentamientos frontales y se definen las correlaciones de fuerzas futuras. Para decirlo con más claridad: en los próximos dos o tres años, como mucho, se concretará si la reacción avanza o retrocede, si las clases trabajadoras defenderán o no los derechos sociales y laborales conquistados y si seremos capaces de construir una nueva sociedad de hombres y mujeres libres e iguales, una democracia plebeya.
Esta Asamblea tiene por delante el debate de cuatro cuestiones fundamentales planteadas en las tesis políticas: 1) la rebelión democrática; 2) el proceso constituyente; 3) la construcción del “bloque político y social”; 4) la necesidad de una “revolución interna” en IU como fuerza y como organización política. Todo esto significa un giro radical, sustancial, que nos exigirán cambios profundos en los modos de hacer y practicar la política, nuevas relaciones entre trabajo en las instituciones y los movimientos sociales y, es fundamental, formas de organización diferentes a las tradicionales. No es poca cosa.
Quisiera, en esta intervención, hacer referencia a algunas cuestiones  no abordadas o insuficientemente analizadas en las tesis políticas. La primera tiene que ver con el análisis y caracterización de la crisis. Se trata, evidentemente, de una crisis capitalista y, más allá, de la crisis de una entera civilización. Seguramente, el aspecto más relevante sea la inaudita acumulación de “crisis en la crisis”, es decir, una crisis económico-financiera que abre una crisis geopolítica y en las relaciones internacionales, que profundiza al límite  la crisis ecológico-social del planeta, y, sobre todo, una crisis del “occidentalismo” como predominio político cultural de la modernidad capitalista euroamericana.
En las tesis no se tiene suficientemente en cuenta los cambios geopolíticos, destacadamente la decadencia de EEUU (y su aliado subalterno, la Unión Europea) y el ascenso de nuevas potencias. Estamos en plena transición geopolítica mundial y lo decisivo es la tendencia a la multipolaridad. Lo que eso significa es una gigantesca redistribución del poder a nivel mundial. El problema radical es que, históricamente, estas crisis se han resuelto siempre, tarde o temprano, con la guerra, con la expansión del militarismo y con enorme sufrimiento de las poblaciones. La lucha por la paz debería ser una prioridad de nuestro trabajo.
Una segunda cuestión tiene que ver con la Unión Europea. Nuestra posición es clara en este tema: el federalismo europeo que tradicionalmente hemos defendido tiene que ser sustancialmente revisado. La “Europa alemana” impide cualquier avance democrático y perpetúa las desigualdades sociales y entre países. La cuestión del euro tiene que ser planteada con todo su radicalidad.  
La tercera cuestión hace referencia a lo que algunos hemos llamado la “crisis orgánica” del capitalismo español. Hablamos de toda una etapa histórica que se ha cerrado: la que va desde los primeros gobiernos socialistas hasta el 2007. Lo básico es entender que esta crisis del patrón de acumulación capitalista español abre una crisis de régimen, de Estado y de la política en sentido fuerte. No voy a detenerme mucho aquí; subrayar, sobre todo, que detrás de la crisis de régimen está el cuestionamiento profundo del bipartidismo político dominante. Lo hemos dicho muchas veces y hoy conviene repetirlo: el bipartidismo ha sido un modo de organizar el poder al servicio de aquellos que no se presentan a las elecciones y detentan el poder económico, mediático y cultural. La alternancia ha sido eso, diferencias entre partidos dominantes siempre resueltas en favor de los poderes fácticos.
La pregunta que las tesis políticas no se hace es la siguiente: ¿Cómo combatir realmente el bipartidismo? Aquí y ahora tenemos dos experiencias, la andaluza, gobernar con el PSOE y la extremeña, dejar gobernar al Partido Popular Este debate no puede ser eludido y tiene que realizarse a fondo, hasta sus últimas consecuencias. Nuestra propuesta es también diáfana: no hay posibilidad de regeneración democrática en nuestro que no pase por la ruptura con el bipartidismo y la construcción de una gran fuerza democrático-popular (el bloque políticos y social) que derrote a la derecha, le dispute la hegemonía al PSOE y, no se debe de olvidar, neutralice a la extrema derecha emergente.   
También en este tema el factor tiempo es muy importante. Los poderes fácticos harán todo lo posible por perpetuar el bipartidismo (siempre con la derecha catalana y vasca) y hoy andan extremadamente preocupados por la decadencia del PSOE. Tenemos que hacer un enorme esfuerzo político para construir el bloque político-social alternativo precisamente en un momento donde el PSOE vive una crisis profunda. Hay que insistir: no tenemos todo el tiempo del mundo.
La propuesta de un proceso constituyente es decisiva. Algunas veces parecería que se trata de una  posición política voluntarista o arbitraria. No es así. Han sido los poderes económicos los que han puesto en crisis el  régimen constitucional del 78 y han iniciado la transición hacia otro que bien pudiéramos llamar de democracia oligárquica. Así de claro y evidente. Lo fundamental es que se está haciendo sin tener en cuenta al soberano, es decir, al conjunto de ciudadanos y ciudadanas. Reclamar un proceso constituyente es reivindicar la soberanía popular y el ejercicio de los derechos y libertades violadas por los poderes fácticos con la complicidad, hay que insistir una y otra vez, del PP y del PSOE.
Para ir terminando, Cayo Lara ha venido poniendo el acento en algo que es muy importante: IU gana votos y pierde afiliación. Él habla hasta de tragedia por esta cuestión; verdaderamente lo es. La pregunta que habría que hacerse es ¿por qué? La cuestión podría plantearse del siguiente modo: hoy las clases subalternas necesitan más que nunca organización, pero las viejas formas-partido ya no sirven.
Fijémonos en dos asuntos para entender lo que se quiere decir. De un lado, el predominio absoluto del eje electoral-institucional en el funcionamiento regular de IU. Primera paradoja: nos institucionalizamos cada vez más cuando los órganos representativos tienen cada vez menos poder y la democracia decide cada vez menos. De otro lado, las viejas formas-partido tradicionales del movimiento obrero habían socializado enormemente la política y sus modos de ejercerla. Hoy lo que predominan son partidos de cuadros cada vez más profesionalizados y, segunda paradoja, donde hacen política fundamentalmente los que viven de ella. Para la izquierda transformadora esto es mortal.
Lo importante para el movimiento obrero organizado era que miles de hombres y de mujeres dedicaban una parte de su tiempo libre a la cosa pública, a la organización, al partido. Es lo que se ha llamado “una economía moral de la multitud” o un “sector público voluntario”. Pues bien, necesitamos hoy más que nunca formas de “socialización de la política” que promuevan el compromiso y el trabajo voluntario de miles de hombres y mujeres; la auto organización social y formas agregación social y económicas que generen un (contra) poder  de los que no tienen el poder.

Manolo Monereo a 15 de Diciembre del 2012.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Intervención acto constitución Frente Civico Somos Mayoría de Salamanca


La Sala de Grados de la Facultad de Geografía e Historia de la USAL se quedó pequeña. La presentación del Frente Cívico “Somos Mayoría” en Salamanca tuvo que cambiar de localización pocos minutos antes de empezar, debido a los 122 salmantinos y salmantinas que acudieron a conocer más de cerca esta propuesta. Muchos de ellos eran miembros actuales del Frente Cívico en Salamanca, así como de la asamblea La Izquierda de Salamanca, asamblea abierta creada hace dos años, y que desde el pasado mes de septiembre está impulsando el Frente Cívico “Somos Mayoría” en esta ciudad.

El ponente Manuel Monereo,  cofundador del Frente Cívico, realizó una exposición acerca de la historia reciente de este país. Desde el fin de la dictadura y el inicio de la supuesta “democracia ejemplar”, recorrió los años del felipismo, el boom del ladrillo y la crisis presente. “Los españoles creíamos que habíamos dejado atrás la pobreza, que ya pertenecíamos al mundo desarrollado, y ahora nos encontramos con que eso se acabó” – comentó- “la gente se encuentra con esta crisis que no esperaba, una crisis económica y también política, pues la gente no confía en los políticos”. En este aspecto, Monereo explicó que el Frente Cívico aspira a construir un “contrapoder” frente a “unos representantes que no nos representan”.

“El pasado no volverá”, explicó el ponente, para quien lo utópico no es pretender una sociedad diferente, sino creer que el capitalismo va a devolver los derechos sociales eliminados. Según el ponente es necesario construir un nuevo modelo de sociedad desde las bases: “muévanse, en el Frente Cívico o donde ustedes quieran, pero muévanse”, indicó al público. “El Frente Cívico será lo que todos nosotros queramos que sea”, concluyó Monereo, ante los aplausos de los asistentes. 


viernes, 30 de noviembre de 2012

Eurofascismos: La rebelión del sur


Las así llamadas políticas de ajuste y austeridad están significando una autentica involución civilizatoria en estas sociedades. El objetivo es transparente: una enorme redistribución de riqueza, renta y poder en favor de los grupos económicamente dominantes, de la plutocracia. Ahora se trata de devolver a los bancos alemanes, franceses y demás acreedores preferentes (se han cambiado constituciones, como la española, para garantizar esto) lo que prestaron a los bancos y a empresas de sur. Se rescatan bancos y no países; para decirlo con más precisión, son los ciudadanos y ciudadanas, las mayorías sociales, los que tienen ahora que pagar la enorme factura de despilfarros, especulaciones sin límites e ineficiencias generalizadas de unos grupos de poder económico que durante una décadas realizaron la vieja utopía del alquimista: convertir en oro  las piedras, es decir, ladrillos y terrenos en construcción.
Los neoliberales siempre lo han tenido claro: transformar la sociedad, usar el poder político a fondo, intervenir coercitivamente (muchas veces previo golpes de Estado) para mercantilizar las relaciones sociales, desregulando, privatizando, desmontando, pieza a pieza, los controles sociales y políticos que han protegido a las personas del capitalismo. La clave: realizar cambios de tal magnitud y radicalidad que lo hagan irreversibles. En eso son (contra) revolucionarios: transformar todas las estructuras básicas para garantizar duraderamente el poder de los que no se presentan a las elecciones y siempre mandan; si es posible, desde regímenes formalmente democráticos y si no, estados de excepción y autoritarismo de geometría variable.

Toda la sociedad subordinada a los intereses de la oligarquía financiera

Lo nuevo, aquí y ahora, es que son las instituciones dela Unión Europea, la así llamada Troika (Banco Central, Comisión y FMI) las que está ejecutando sin piedad estas políticas. Pasamos de “refundar el capitalismo”, al inicio de la crisis, a subordinar a toda la sociedad a los intereses de una oligarquía financiera sedienta de capital y necesitada de expropiar derechos y bienes públicos a la ciudadanía. No hay que engañarse demasiado. Se busca, se planifica conscientemente, la inseguridad y el miedo: el pleno empleo con derechos un lujo de tiempos pasados, los derechos sociales (educación, salud, servicios sociales) inasumibles en un mundo globalizado; los sindicatos, un anacronismo condenado ya por la historia y las pensiones públicas, un coste imposible ya de financiar.
Podríamos continuar y no iríamos muy lejos. Las poblaciones del sur de Europa quieren conservar sus derechos y conquistas históricas en momentos que son más necesarias que nunca. ¿Qué hacen? Luchan como pueden y votan contra los que ejecutan políticas contrarias a sus intereses. Claro, la libertad de elección es cada vez más limitada. En España, en Portugal y en Grecia fue la socialdemocracia quien puso en práctica los  durísimos ajustes decretados por eso que eufemísticamente se llama Europa. La consecuencia: fueron derrotados en las urnas a manos de unas derechas que prometían en todas partes renegociar los recortes e iniciar la senda del crecimiento y de la eficiencia.
La izquierda social y política salió muy debilitada del ciclo anterior de crecimiento y la socialdemocracia, en todas partes, no ha hecho otra cosa que aplicar las medidas de ajuste y doblegarse sin resistencia a los poderes económicos reinantes
Lo que vino después es también conocido: ajustes aún más duros y uso de la crisis para poner fin lo que queda del Estado social. Cuando, como en Grecia, aparece una alternativa democrática solvente y nada radical, que solo pretende evitar el holocausto social en curso, lo que se encuentra es el chantaje de la Troika y la amenaza general (incluidos los gobiernos francés y alemán: los que mandan) de que los griegos deben votar lo que se les ordena y que con Syriza llegaría el caos y la quiebra del país.
¿Alguien se puede extrañar de que en un contexto así renazca el fascismo? Desposeer a las personas de sus derechos, condenar a las sociedades al desempleo, la precariedad y la pobreza; reducir las democracias realmente existentes a simples juegos electorales que nada deciden y que someten a las instituciones representativas a una lógica de poder que considera a la soberanía popular un molesto y peligroso estorbo en tiempos como los presentes; países convertidos de facto en protectorados de unos poderes omnímodos dirigidos por una Alemania, de nuevo, invasora.
Pensar que todo esto no tendrá consecuencias es ponerse la venda delante de los ojos y cegarse a la realidad. La nazifascista griega “Aurora Dorada” llegó al 7 por ciento y las encuestas solventes le dan ahora un 15 y algunas un 20 por ciento. Las sociedades no se suicidan pasivamente.
Ante semejante catástrofe social las poblaciones están reaccionando desde contextos sociales y culturales nada fáciles. Se ha vivido, no se debe olvidar, una época percibida mayoritariamente como buena o muy buena y enfrentarse, de nuevo, a la dura realidad de la lucha y del conflicto social está siendo traumática. La izquierda social y política salió muy debilitada del ciclo anterior de crecimiento y la socialdemocracia, en todas partes, no ha hecho otra cosa que aplicar las medidas de ajuste y doblegarse sin resistencia a los poderes económicos reinantes.
Las políticas de ajuste y austeridad están significando una autentica involución civilizatoria en las sociedades del Sur de Europa. El objetivo es transparente: una enorme redistribución de riqueza, renta y poder en favor de los grupos económicamente dominantes, de la plutocracia

El 14N, Europa vivió un salto de cualidad

El 14 de noviembre Europa vivió un salto de cualidad. Por primera vez, convocados por las centrales sindicales y por los movimientos sociales, miles de trabajadores y de trabajadoras salieron a las calles reclamando un cambio sustancial de las políticas económicas y sociales y soluciones reales a un desempleo galopante, a la precariedad laboral y las dinámicas de exclusión social y pobreza que se extiende como una mancha de aceite toxico sobre países, sobre todo, del sur. En España y Portugal se dio, por primera vez, una huelga general conjunta, seguida, en parte, en Italia y acompañada por masivas manifestaciones en Grecia, que en días previos realizó su enésima huelga general.
Parecería que las clases trabajadoras, los asalariados y los jóvenes salen de la pasividad e inician la lucha. Lo fundamental, es que se empiezan a engarzar “cuestión social”, “democratización política” y “soberanía nacional”. En el centro, una alianza social muy amplia nucleada en torno a unas clases trabajadoras (el así llamado precariado será un elemento clave) que empiezan a comprender que no basta solo resistir (fundamental, por lo demás) sino que deben dotarse de un proyecto de país que dispute la hegemonía a los poderes económicos y a la socialdemocracia y que organice “el gran rechazo” a las fuerzas fascistas. Como siempre, serán los trabajadores y las trabajadoras los que tendrán que defender las libertades y derechos enfrentándose a los poderes capitalistas desde un proyecto democrático-popular que busque una nueva sociedad de hombres y mujeres libres e iguales.

martes, 30 de octubre de 2012

Murió Txomin Zuloaga. Patriota vasco y comunista



Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.

Me moriré
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.
Gabriel Aresti

Llevaba mucho tiempo intentando hablar con él y saber lo que pensaba del mundo y de sus cosas. Como me suele ocurrir últimamente, se murió mi amigo sin poder pasear por las playas que amaba. Me toca ahora acompañarlo por última vez. No será fácil.

Es curioso que hayan sido dos poetas vascos, tres quizás si añado a Unamuno, los que me han enseñado más sobre España. Me refiero a Blas de Otero y Gabriel Aresti. Vascos muy diferentes, es cierto, pero miraban a España de una manera singular, desde un punto de vista que hacían sobresalir rasgos no siempre perceptibles, y lo hacían a su manera, rotunda y clara.

Txomin Ziluaga también me enseñó a mirar a mi país y lo hizo como lo que siempre fue, un patriota vasco, internacionalista y solidario, que luchó por la independencia de su patria. Entre nosotros hubo acuerdos y desacuerdos, pero me ayudó a comprender el carácter plurinacional de este Estado, las pasiones y aspiraciones de los hombres y mujeres de Euskal Herria, la dignidad y la alegría que da la lucha. Fue un militante extremadamente coherente, combatió, sufrió la tortura, pasó una larga temporada en la cárcel y salió de esa experiencia más sabio, más rojo, más abertzale. No se rindió nunca.

Las derrotas también llegaron y las vivió con orgullo y con lucidez. Combinó principios muy sólidos con la modestia de los que saben mucho y vienen a este mundo a dejar la herencia de un trabajo bien hecho y con honradez.

Sus amigos nos quedamos más solos. Izaskun, te queremos.

Manolo Monereo, a 24 de octubre de 2012






lunes, 22 de octubre de 2012

Cataluña, nuevo Estado de Europa. España es culpable


La distinción entre normalidad y excepción me sigue pareciendo clave para entender la etapa histórica que estamos viviendo. El mundo cambia aceleradamente y los esquemas del pasado ayudan poco a entender lo que está ocurriendo. Nada explica mejor esto que las diversas interpretaciones que se están dando en torno a la llamada “cuestión catalana”.

La sucesión de asombros y quejas de tantos intelectuales bien intencionados ante la deriva soberanista catalana dice mucho de una la realidad que se escapa cada vez más de lo, para bien o para mal, pensamos de ella. Resulta que la globalización ponía en cuestión a los Estados nacionales y hay en el mundo más Estados que nunca. Resulta que la Unión Europea marchaba impetuosa hacia el federalismo y que los Estados nacionales progresivamente se “deconstruían” y aseguraban la solución de los viejos y nuevos problemas nacionales, y topamos con la paradoja de que es un viejo Estado nacional, la Alemania unificada, la que hegemoniza y pone en crisis la UE, precisamente porque tiene un diseño competitivo nacional. Resulta que la derecha política catalana, que ha mandado ininterrumpidamente desde la Transición (al final desde siempre) cree llegado el momento de convertir Cataluña en Estado independiente y asegurarse así un lugar en esta Europa en reestructuración, poniendo en crisis al conjunto del Estado español. Las paradojas son muchas y los viejos esquemas no consiguen aprehenderlas.

 No es casualidad. Se trata de hacer de Cataluña un nuevo Estado de Europa, de esta Europa, es decir de la Europa neoliberal, la que se esfuerza sistemáticamente en el desmontaje del Estado social, la empeñada en seguir degradando condiciones de vida y de trabajo para las mayorías sociales, la que, de una y otra forma, liquida la democracia entendida como autogobierno de los ciudadanos y ciudadanas. Todo ello, bajo la hegemonía del Estado nacional alemán. La burguesía catalana, conseguida por fin la hegemonía social y cultural, da ya la batalla en Europa. Tampoco en esto hay casualidades.

 El señor Artur Mas lo explicó con toda claridad en una reciente conferencia dada en Madrid y lo hizo a un modo muy tradicional, comparando Cataluña y su papel en el Estado español con Alemania –no podía ser de otra manera– en la Unión Europea. La dialéctica Norte Sur volvía a ser la clave del discurso. De un lado, el Centro rico, industrializado, culturalmente poderoso. De otro lado el Sur, pobre, subsidiado, pesado fardo que no deja que el centro se desarrolle y encuentre la salida de la crisis. No entro en otras cosas que suelen decirse y que se repiten cuando se habla de Portugal, de Grecia, de España y de Italia, que son simplemente insultos teñidos, muchas veces, de un racismo mal encubierto. 

 Se culpabiliza a un enemigo externo, a España, y nada se dice del poder que determina las políticas que se aplican en el Estado, es decir, la Unión Europea y sus instituciones, sobre todo, el Banco Central Europeo, de cuya sacrosanta independencia la derecha catalana siempre ha sido valedora. Se golpea a un “enemigo” débil y en decadencia y nada se dice de los poderes que están determinando el futuro de esta Europa y de Cataluña: el poder económico, la plutocracia que realmente nos gobierna. Esto también significa una ruptura con el catalanismo popular y la puesta en pie de un proyecto nacionalista que tiene más que ver con Cambó que con Lluís Companys y más que ver con la Padania de Humberto Bossi que con el federalismo democrático de Pi y Margall.

 Cuando, en condiciones de gravísima crisis económica y de enorme sufrimiento de las poblaciones se reabre el debate soberanista, éste no se puede desligar de las políticas que realmente se practican, del conflicto de clases y de los cambios geopolíticos que aceleradamente se están sucediendo en Europa y en el mundo. La mirada tiene que ser cualificada con estos datos porque sino acabaremos enzarzados en una discusión abstracta entre principios jurídicos. El debate sobre el derecho de autodeterminación se tiene que situar, necesariamente, en la realidad concreta de una determinada correlación de fuerzas nacional e internacional.

 ¿Es anecdótico que el gobierno de la derecha catalana haya sido, con mucho, el que con más virulencia ha aplicado los recortes sociales? ¿Es un dato menor que Cataluña fue uno de los lugares en donde el 15M tuvo mayor resonancia y que lo central en él fuesen las cuestiones sociales y ciudadanas ante la queja de los nacionalistas por la ausencia de la cuestión catalana entre sus reivindicaciones? ¿No es relevante que, culpabilizando de los males de Cataluña al resto del Estado español, hayan conseguido desviar el conflicto social y ocultar las políticas de derecha que han aplicado en Cataluña (en alianza con el PP) y a escala estatal apoyando al PP?

 Todas estas cuestiones no son, en absoluto, secundarias si se quiere hacer un análisis del derecho a la autodeterminación desde un punto de vista de clase e internacionalista. Y eso es lo que no se está haciendo, ni en Cataluña ni en España. Los actores son un nacionalismo catalán, claramente hegemonizado por la derecha, y un nacionalismo español, que siempre ha sido de derechas, en vías de volver a emerger como fuerza de masas, defendiendo unos y otros las esencias inmutables de sus “homogéneas” comunidades en medio de una gravísima crisis económico social y cuando Europa se encuentra en una encrucijada histórica. Y en medio, una débil izquierda, internacionalista y solidaria, intentando defender derechos históricos conquistados por los trabajadores, la regeneración de la política y el poder constituyente de la ciudadanía en unas condiciones, en Cataluña y en el Estado, que, para decirlo suavemente, nos condenan a una democracia oligárquica.

 Lo menos que se puede decir es que deberíamos ver con ojos nuevos y limpios viejos debates y sabiendo, como diría el clásico, que la verdad es siempre concreta.

Manolo Monereo
Madrid, 12 de octubre de 2012