viernes, 8 de agosto de 2014

El verdadero objetivo impedir la alianza entre Izquierda Unida y Podemos

                                                                                 




Para las compañeras y compañeros del CEPS

Siempre es bueno saber donde se está en cada momento, cual es la fase política real que  se vive y ser capaces de distinguir lo episódico de lo fundamental, las voces de los ecos, que decía el poeta. Tiene esto que ver con un fenómeno que en momentos como el presente es mortal de necesidad, nos referimos a  hacer política a base de titulares de prensa y situar los mayores o menores desajustes internos de las fuerzas políticas en el centro de las preocupaciones, olvidando, que a pesar de la aparente normalidad, esta etapa se caracteriza por una lucha especialmente dura y hasta encarnizada, entre las fuerzas empeñadas en la consolidación del nuevo régimen monárquico y aquellos que defendemos la ruptura democrático-republicana. Olvidar esto es perderse y no tenemos todo el tiempo del mundo para dar vueltas sobre nosotros mismos: hay que hacer política y a lo grande. No queda otra.

Los nostálgicos de la Constitución del 78, cada vez menos, es verdad, plantean este asunto de modo diferente: estamos en un paréntesis doloroso, muy doloroso, pero transitorio; volveremos pronto al pasado, a los pactos, a la negociación colectiva, a los derechos sociales, al crecimiento económico y a la paz social. Esta es la penúltima quimera (siempre caben más) de los que se niegan a afrontar la realidad y sacar consecuencias políticas y estratégicas adecuadas. No, el pasado no volverá. La disyuntiva aparece cada día más clara: o un nuevo régimen monárquico, en  acelerada construcción, basado en una democracia “limitada”, “oligárquica” y crecientemente “autoritaria”, o un proceso constituyente que defina un nuevo proyecto de país fundado en una democratización sustancial del poder económico, político y mediático-cultural.

Cabe una variante, vengo insistiendo en ello desde hace tiempo, el transformismo, es decir, usar la fuerza de los que quieren cambios reales para consolidar nuevas formas de dominio que lejos de ”democratizar la democracia” consoliden y hagan más fuertes poderes económicos y mediáticos y su control  sobre la clase política. La clave está, en muchos sentidos, en el gobierno de Rajoy y, secundariamente, en su partido. El poder del Estado es siempre decisivo y en épocas de transición mucho más: coordina, centraliza y ordena los diversos poderes (incluido los no gubernamentales)  y los convierten en decisión política.
El gobierno del Estado (del bloque del poder, sobre todo) tiene que tomar opciones nada fáciles, la primera el papel del PSOE en la sociedad española. Sin una ayuda potente de los poderes fácticos, el Partido Socialista no levantará el vuelo. La operación primarias no parece  haber servido para dar una señal inequívoca de recuperación y todo apunta que los problemas de su decadencia político-electoral siguen estando muy presentes y sin una salida visible. El tema de fondo es simple: el papel del partido de Felipe González ha sido  históricamente hacer imposible una alternativa de izquierdas, asegurando la leal alternancia de los partidos dinásticos. El avance de Podemos y la consolidación de IU  lo hacen innecesario para esa función y lo obligan a definirse en un nuevo campo político, donde las opciones son todas muy complicadas y con resultados inciertos. El PP, al final, puede dejarlo caer.

Otro asunto de calado es la llamada “cuestión catalana”. La presión de los poderes está siendo muy fuerte, intentando una salida que ayude a la consolidación del nuevo régimen en construcción y que, sobre todo, no contribuya a acumular fuerzas del lado de los que impulsan la ruptura y el proceso constituyente. Al final, el asunto tiende a alinearse del siguiente modo: reforma constitucional o proceso constituyente, es decir, es lo sustancial, evitar el protagonismo del sujeto popular, de las mayorías sociales en el cambio político. Rajoy sigue teniendo el “botón nuclear”: convocar elecciones generales anticipadas con la secesión catalana en el centro, generando así un nuevo alineamiento político e impulsando una salida mucho más a la derecha de la crisis del régimen.

Ahora bien, el catalizador, el acelerador de los cambios sigue siendo el avance electoral de las fuerzas rupturistas, es decir, Izquierda Unida y Podemos. No tener esto en cuenta, situarlo en un segundo plano o jugar a política palaciega es caer en las trampas de los poderes realmente existentes. Dividir a las fuerzas del cambio, cooptarlas, desviarlas del objetivo siempre ha sido la política de los que mandan. Parecería que ahora se está ensayando un “pacto bajo mesa” cuyo contenido sería algo así como “todos contra Podemos”, intentando impedir la necesaria unidad, la alianza, no hay que olvidarlo, que reclaman los hombres y mujeres de izquierda, la ciudadanía, que quiere poner fin a tanto sufrimiento social, al paro y a la pobreza, a los desahucios, y hacerlo viable, no es poca cosa, con la movilización y la lucha social.

La esperanza de que el cambio es posible, de que está en nuestras manos y  que depende de nosotras y nosotros, es una fuerza social, un imaginario tan poderoso, que va más allá de IU o de Podemos. El acento hay que ponerlo en este aspecto: la hegemonía se construirá en torno a la capacidad de unir a las fuerzas por la transformación y traducirlas en una propuesta político-electoral solvente, mientras, el “partido orgánico” (Gramsci) sigue creciendo y acumulando voluntades, hasta el punto que se puede estar  pasando de la simple adición a la multiplicación de fuerzas y consensos, que sitúen la cuestión de la alternativa en el horizonte de lo posible. No entender esto es desconectar de la gente y convertirse en prescindible social y electoralmente.

La unidad no es fácil, nunca lo ha sido, tampoco en el interior de las fuerzas políticas, de esto sabemos mucho en IU. Podemos es una fuerza en construcción, que aspira a ser algo más que un excelente aparato político electoral. Hay una tendencia de fondo en favor suya y, lo que es más importante, está cambiando el campo político en su conjunto, obligando  a los actores a definirse frente a ella y a cambiar la agenda política. Su convergencia con IU es un reto nada fácil y la lógica de la diferenciación pesa y pesará mucho. La pregunta de fondo es pertinente: ¿puede aspirar Podemos al gobierno del país sin  IU o contra IU?

Ciertamente, esta pregunta debe de responderla también IU y hacerlo sin ambigüedades. En principio, la respuesta no resulta difícil: desde hace varios años, especialmente desde su última Asamblea, hace año y medio, IU adelantó temas y  propuestas que posteriormente Podemos recogería y las convertiría en discurso propio. IU no tiene que cambiar de política, ni adaptarse sin más a los nuevos tiempos: llegamos autónomamente y desde nuestro proyecto a una propuesta estratégica que no por casualidad se  resumía en la en algo tan inequívoco como la Rebelión Democrática, ni más ni menos.

¿Dónde ha estado el problema? En que no hemos sido plenamente coherentes con nuestra política, que no confiamos suficientemente en lo que aprobábamos en nuestros órganos de dirección y que al final se impuso el seguimiento de unas encuestas que nos eran aparentemente, solo aparentemente, favorables y la atención preferente se centró en los previsibles gobiernos futuros con el PSOE. Lo que se impuso por los hechos y por las decisiones que se iban tomando era algo así como: menos procesos constituyentes, menos república, menos rebelión democrática y más programa concreto y electoralmente viable. El proyecto, se troceó, no construimos un discurso adecuado y dejamos de estar en la vanguardia. Se fue a amarrar el resultado y no a ganar.

La unidad es lucha y conflicto, no la paz celestial. Depende de la correlación de fuerzas y de la inteligencia política de aquellos que aspiran a construir un bloque político y social alternativo. El objetivo es claro: impulsar el proceso constituyente y plantearse en serio y hasta el final la conquista del gobierno y la transformación del poder. Este es el problema real y señala con precisión los desafíos y dilemas de la estrategia unitaria.

Convertir un problema de esta dimensión y hondura, como se hace ahora, en una cuestión identitaria centrada en las siglas, es desviarse de la cuestión central e iniciar el camino a ninguna parte. Lo fundamental, hay que insistir, es definir bien la fase y apostar por ser alternativa y no mera alternancia, es decir, plantearse en serio el problema del poder. La unidad no es sumarse a otras fuerzas u ocupar espacios más o menos compartidos electoralmente, es algo muy diferente y mucho más radical: construir desde abajo y a la izquierda, como ha señalado muchas veces Julio Anguita, un contrapoder social con voluntad de ser mayoría, una fuerza (contra) hegemónica que no tenga miedo a ganar y que se tome en serio construir un nuevo proyecto de país. Esta ha sido la propuesta histórica de IU, la plataforma moral e ideal que hemos defendido hasta el presente y que recientemente hemos reafirmado en el Consejo Federal de IU. Lo demás, es secundario y nos sitúa fuera de la política real. 

Es el momento se sumar y no de sumarse. No hay espacios políticos permanentes ni posiciones ganadas para siempre. Los espacios se crean y se definen en la lucha social, se potencian con la organización y se articulan desde un discurso que trabaja en y desde los imaginarios sociales y que cambian el “sentido común” de las clases subalternas. Ser poder es convertirse en fuerza social organizada y en esperanza colectiva; es saber traducir  las demandas de las gentes en mayoría electoral y es, sobre todo, plantearse en serio el gobierno de la cosa pública. Todo ello requiere una  dirección política a la altura de los tiempos: jefes, si, jefes y cuadros, como nos enseñó Lenin y nos tradujo como nadie Antonio Gramsci. Esto es IU, sobre todo IU, no únicamente, pero si la que generó y genera confianza, militancia y voluntad, la Izquierda Unida de Julio Anguita.


                          Manolo Monereo  en Madrid a  25 de Julio de 2014

miércoles, 30 de julio de 2014

¿Por qué quiere demoler el PP a Izquierda Unida? ¡Es la restauración, estúpidos, la restauración!

                                           Para Santiago Alba Rico, hermano de fe  de una religión 
                                popular basada en la emancipación



Me asombra que estas cosas sigan asombrando. Veo a tantos compañeros sorprendidos e indignados  ante  los ataques injustos y cobardes del PP contra IU que me llevan a la conclusión de que muchas veces no sabemos, mejor dicho, no somos plenamente conscientes de las cosas que decimos y hacemos. Que el PP aproveche su la mayoría conservadora en la Cámara de Cuentas para expedientar a IU no debería asombrarnos, tampoco que medios tan “independientes y objetivos” como El País, nos dediquen, después  de tantos meses o años, una pagina impar completa comentando la excepcionalidad del tema. Somos visibles para lo peor. Luchar por la ruptura y por los de “abajo” tiene estos costes.
Que el especialista consumado en financiación ilegal y en corrupción política, el PP, expediente a IU por supuestas irregularidades formales en sus cuentas tiene que ver, como no, con nuestra sistemática denuncia de la corrupción, con nuestra personación en el “asunto Barcenas”, con la querella contra los gestores de Bankia y, mucho más cercanamente, por nuestra petición de dimisión por nepotismo del mismísimo presidente de la mencionada Cámara de Cuentas. La respuesta no se ha hecho esperar: expediente y ventilador. Idea: todos somos igual de corruptos.
Hay que ir, aquí también, más allá de lo inmediato y de lo aparente. El PP, los poderes reales económicos y mediáticos, van contra IU, porque esta no aceptó ni acepta un nuevo pacto, una nueva “transacción”, para impulsar una enésima restauración monárquica, que tenía en su trasfondo el borrón y cuenta nueva con los múltiples casos de corrupción. Al negarse IU, el PSOE, tuvo que pensárselo y actuar con mayor comedimiento como se ha visto en la “dimisión en diferido” de Rubalcaba.
El gobierno sabe —los “cloacas” del “doble Estado” están funcionando a tope— que desde casi siempre IU, sus activistas y militantes, están presentes, son actores destacados (no los únicos, nunca lo olvidamos) en las luchas sociales y en las movilizaciones ciudadanas. La prioridad ha sido y es el conflicto, para desde él ir trenzado una estrategia unitaria de amplio espectro, muchas veces dando un paso atrás hasta hacernos, si no invisibles, sí opacos. El poder lo sabe y no se deja engañar por las apariencias, más bien tiende a usarlas, contra el movimiento de masas unitarias y mayoritarias que IU intenta impulsar.--> Sigue leyendo aquí pinchando el enlace

sábado, 28 de junio de 2014

Por Europa y contra el Sistema Euro

Presentación, en la sede del CAUM, del libro "Por Europa y contra el Sistema Euro" de Manolo Monereo. Intervenciones de Javier Couso, de Iñigo Errejón, de Tania Sánchez y de Manolo Monereo. Moderador del acto Manolo LLaneza.
Madrid 25-06-2014

¿Podremos construir juntos la alternativa?



Para Joan Tafalla desde el recuerdo  de  nuestro común amigo Román


1.-  Se trata de elecciones en la Unión Europea

Los efectos políticos  de estos comicios han sido tan significativos en nuestro país que a veces se nos  olvida que estas eran unas elecciones europeas. El dato de fondo: la UE se ha ido convirtiendo en una maquina productora de fascismos, nacionalismos extremistas y populismos de derecha. La paradoja está ahí: nacida, eso se dice desde la ideología europeísta, para superar los nacionalismos, fomentar la paz y la cooperación, se ha ido convirtiendo en su contrario. Se profundiza la fractura Norte-Sur  y se acentúa  la del oeste con la del este, desde una dinámica que solo cabe calificar de (neo) colonial; la dependencia política, económica y político-militar de la Administración imperial norteamericana adquiere rasgos dramáticos. El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) y la actuación de la UE en Ucrania son datos especialmente significativos de lo que decimos; todo ello, de ahí su gravedad, en un mundo que cambia aceleradamente hacia la multipolaridad. A más Unión Europea, mayor dependencia del  imperialismo USA.

El otro lado es la catástrofe social y la regresión civilizatoria, especialmente en el Sur. Para decirlo directamente y ahorrar literatura: las poblaciones están exigiendo protección, seguridad y horizonte de futuro ante una Unión Europea que le exige recortes sociales sin límites, degradación de sus condiciones de vida y reducción de sus libertades. Todo ello, para salvar al euro y a un  proyecto supuestamente europeo que condena  a la pobreza, al desempleo y la precariedad a las mayorías sociales y singularmente a la juventud. Los gobiernos, todos los gobiernos sin excepción (hablar de derecha e izquierda da vergüenza ajena) cómplices y ejecutores conscientes de políticas contrarias a sus constituciones, a sus proclamadas defensa de los derechos sociales y del Estado de bienestar. Se podría decir de otro modo: estamos en la plena (norte) americanización de la vida pública europea. Gobernar en esta Unión significa traicionar y dividir a los europeos y europeas.

Por eso a nadie le puede extrañar  la elevadísima abstención, la desgana, el aburrimiento y la rabia, una inmensa rabia, de unas poblaciones sin referentes, desprotegidas y masivamente  engañadas por sus élites políticas. Casi nunca se habló en serio de propuestas europeas y las grandes frases (Europa social, modelo social europeo, democracia, solidaridad, proceso constituyente) se quedaron en eso, frases de cartón-piedra, recuerdo de viejos escenarios  que circulan como ideas zombi por imaginarios sociales que definitivamente viven en otro mundo, en el del miedo, la inseguridad y el abandono. Si algo demuestran estas elecciones  es que la  soberanía popular y el Estado social nacional son las únicas líneas de resistencia al neoliberalismo y a la Europa alemana del euro.

2.- Crisis del bipartidismo, crisis del régimen: entre restauración y ruptura
 Ha sido un fantasma que ha recorrido la campaña: el gobierno de coalición. El ruido, el rumor, venía de lejos pero desde dentro del poder. Que fuese Felipe González  y en plena campaña no pudo ser casual, sobre todo, por que rompía el discurso del PSOE, que, no le quedaba otra, consistía en diferenciarse del PP en el terreno más difícil: la UE; menos mal, para ellos, que las meteduras de pata machistas del señorito Cañete ayudaron al pobre y desteñido discurso de la señora Valenciano.

Las razones que se barajan por los círculos palaciegos, mediáticos, económicos, políticos, para la “gran coalición” han sido, parece, básicamente tres: el desprestigio creciente de la monarquía, las varias cuestiones “nacionales” del Estado español y la crisis del bipartidismo. Yo le añadiría una más, que se relaciona con el sur de la zona euro y que anuda y concreta históricamente las otras tres cuestiones: ¿qué modelo productivo económico y social?, ¿qué  tipo de Estado y qué sistema político nos toca en la nueva división del trabajo que se está construyendo en la crisis y desde ella? Es, lo podríamos llamar así, el tema viejo y nuevo, del subdesarrollo y de la dependencia (neo) colonial de España, en el marco de una alianza de clases de las diversas burguesías articuladas por las instituciones de la Unión y garantizadas por el Estado alemán.

El resultado de las elecciones no hace otra cosa que confirmar lo acertado de estas previsiones: el bipartidismo retrocede electoralmente y lo hace por y desde la izquierda. Sin embargo, para aterrizar, no se deberían olvidar dos cosas: que estas elecciones tienen la peculiaridad de ser muchas veces mecanismo de protesta, voto de castigo y advertencia a las fuerzas políticas dominantes y, esto hay que subrayarlo, que la crisis del bipartidismo no implica sin más su superación, para que esto sea posible hará falta una fuerza  política y social alternativa que lo materialice. Lo nuevo, insisto, es el avance de IU y el ímpetu de Podemos.

La respuesta de la clase política ha sido la esperada: autismo y más de lo mismo. La derecha canta aparentemente victoria y espera tiempos mejores, dios mediante la esperada recuperación económica y la suavización de los criterios fiscales y presupuestarios de la Troika. Sorprende la actitud del PSOE: una dimisión a tiempo  fijo de su secretario general y convocatoria de un congreso en clave de aparato. Replegarse en estas condiciones parece la vía más segura para convertir la crisis en algo estructural y permanente. Hay razones de fondo para el declive: la socialdemocracia europea se ha ido convirtiendo en la otra cara del neoliberalismo dominante, comprometida con un europeísmo insulso y  carente de un proyecto realmente diferenciado de la derecha. Del “reformismo sin reformas” se ha pasado a la “contra reforma” permanente y  a su progresiva conversión en un “partido cartel” sin vínculos sociales específicos y desligado de los movimientos sociales viejos y nuevos.

Parecería que el “repliegue como respuesta” de Rubalcaba tiene relación con la crisis del régimen y las salidas políticas al mismo. Unas primarias democráticas podrían poner el partido en manos de personas poco seguras y  sin  relaciones orgánicas con los poderes fácticos; un giro hacia la izquierda seria percibido como  una  propuesta “frente populista” y acentuaría aún más la crisis del sistema dinástico de partidos. Quizás estemos ante una  “salida” a la italiana: refundar el PSOE en clave de partido democrático y remodelar el conjunto de las fuerzas políticas del régimen. El “transformismo” como vía  para una nueva transición y el gobierno de coalición como palanca de un nuevo régimen monárquico y oligárquico. Felipe González ya lo intentó en otro momento.

3.- Izquierda Unida y Podemos: la alternativa que avanza
Empezar por lo evidente siempre ayuda a enhebrar  el razonamiento: el bipartidismo retrocede seriamente y lo hace por la izquierda. IU avanza y Podemos emerge con mucha fuerza. Este es el dato y se puede y se debe partir de él: los nuestros, los hombres y mujeres comunes y corrientes, quieren una izquierda alternativa a las políticas dominantes y a las formas tradicionales de ejercerlas. Esto para IU debería ser memoria y sentido común partidario.

Partiendo del avance de IU y de su enorme patrimonio moral y organizativo, hay que reconocer un dato nuevo y sustancial: por primera vez, la formación creada por Julio Anguita tiene no solo un competidor sino una alternativa. Hablar del que fuera secretario del PCE no es inocente. Pablo Iglesias ha incorporado elementos sustanciales del discurso de Anguita: pensar en grande, definir el enemigo principal (la clase política) y, específicamente, disputarle la base social a los partidos tradicionales desde posiciones que vayan más allá de los viejos posicionamientos  y, no es cosa pequeña, vocación de mayoría y no de fuerza complementaria  para supuestas mayorías de izquierda. Podemos no va a disputarle a IU su espacio al modo de la vieja extrema izquierda: no será el NPA francés o al menos lo intentará.

Hay, más allá de las intenciones, varios escenarios posibles para  supuestos como los analizados: el portugués, el griego o el mencionado francés. La unidad nunca es fácil y al final no es otra cosa que la continuación del conflicto por otros medios, sobre todo, cuando no hay una experiencia común, un programa y un imaginario compartido, pero esto, como sabemos, se construye colectivamente. La clave de la unidad, sin ingenuidades, tiene que ver con el territorio común: la construcción de la alternativa política, social y cultural para iniciar un proceso constituyente que lleve a un nuevo régimen y a una nueva clase dirigente. Esta es  la verdadera línea demarcación  entre las fuerzas de la izquierda alternativa y, hay que subrayarlo,  en el interior de ellas.

El resultado electoral ha sido muy bueno para las fuerzas que estamos batallando por la Alternativa. El bipartidismo es el núcleo duro del Régimen: hoy nos lo recuerdan tantos y tantas sesudas comentaristas que intentan asustarnos con la inestabilidad permanente, el caos y la “amenaza” bolivariana (Felipe González, se está convirtiendo, tampoco es casual, en el “intelectual orgánico” de la restauración borbónica). Ahora se trataría de construir fuerza organizada y militante y, es fundamental, combatir denodada y sistemáticamente por un nuevo consenso de masas que defina un nuevo sentido común liberador: situar a las mujeres y a los hombres que sufren la barbarie capitalista y la crueldad  sin límites de los poderosos en protagonistas conscientes de su propia historia, en actores cotidianos de un esfuerzo milenario por una vida digna, libre y emancipada del mal social de la explotación. Esa fue siempre nuestra fuerza: soñar, imaginar, darse y luchar, luchar siempre y no rendirse nunca.

Las movilizaciones, las imponentes  luchas sociales recientes  y estos  resultados electorales nos dicen que hay una disponibilidad social creciente para salir de la ratonera de las políticas neoliberales y de esta Europa alemana del euro. Necesitaremos de toda nuestra inteligencia y de todo nuestro coraje moral para no perder de nuevo una oportunidad histórica: ya han sido muchas y nuestra gente no puede esperar.

Publicado en Cuarto Poder

viernes, 16 de mayo de 2014

Organizar la transición a un nuevo régimen monárquico, objetivo de la ‘gran coalición’ PP-PSOE

Hemos ido aprendiendo que el bipartidismo es un modo de organizar el poder para impedir  la realización de políticas de izquierda. Desde el principio fue algo más que un injusto y antidemocrático sistema electoral: era el modo, unas veces sofisticado, otras veces burdo, por medio del cual los que no se presentan a las elecciones siempre ganan. La derecha económica y mediática son gobierno: unas veces como PP, otras como PSOE.
Hay diferencias, sin ninguna duda, si no las hubiera  el negocio no sería posible. Es más, el componente esencial del asunto es que se escenifiquen “radicales” diferencias, debates “dramáticos” y todo tipo de insultos y descalificaciones. Insisto: es necesario que haya diferencias, entre otras cosas, porque las prebendas del ejercicio del poder político son enormemente significativas. La relación corrupción y bipartidismo es algo establecido. ¿Dónde está el truco?: en los límites que no se pueden rebasar, que se corresponden con los intereses estratégicos definidos por los grandes poderes económicos-financieros. Es decir, los dos grandes partidos (siempre hay que añadir a la burguesía vasca y catalana, como parte decisiva del bloque del poder) están de acuerdo en lo fundamental y divergen en lo accesorio. Cuando el bipartidismo entra en crisis, como ahora, se encienden todas las luces de alarma.
La Unión Europea, como he subrayado en más de una ocasión, es el territorio ideal para que se de este consenso fundamental. El mecanismo ha sido y es muy eficaz: los gobiernos aprueban políticas en la UE que no podrían defender, sin grandes costes, en cada uno de sus Estados y luego las presentan como exigencias obligatorias y permanentes de una Europa abstracta y genérica. Europa lo exige, la Merkel lo manda y los mercados lo requieren. Así se ha ido desmontando pieza a pieza el Estado social y los mecanismos que regulaban los mercados y promovían el desarrollo. Derecha y socialdemocracia se han ido turnando y aprobando las directivas que emanan de los poderes dominantes, de los grandes oligopolios financieros e industriales. Los tratados son la demostración más evidente de lo que decimos: siempre aprobados por el PP y el PSOE, con los añadidos imprescindibles de la derecha vasca y catalana.
La crisis lo ha cambiado todo. Ha puesto de manifiesto el carácter neoliberal  de la construcción europea; ha evidenciado la subalternidad de la clase política bipartidista a los poderes económicos; ha  mostrado hasta la saciedad que el objetivo es poner fin a las conquistas históricas del movimiento obrero y sindical, a los derechos sociales y laborales y, es  la cuestión de fondo, que estamos ante una descomunal redistribución de renta, riqueza y poder en favor del capital monopolista-financiero. Los gobiernos conspiran contra sus poblaciones y poco o nada importa que sean de derechas o socialdemócratas. De ahí deviene la crítica al bipartidismo y de aquí, aparentemente, surgen las propuestas a favor de una “gran coalición” a la alemana.
De un posible gobierno de gran coalición PP-PSOE se viene hablando desde hace tiempo. Tiene que ver, como antes se indicó, con el agravamiento de la crisis económica y social, el deterioro creciente de la monarquía, el desprestigio de la clase política y, en general, la desafección de una parte significativa de la población respecto a las instituciones y a las formas de la democracia realmente existente. En el fondo -esto es cada vez más reconocido-, lo que está en crisis es el Régimen político surgido con la constitución del 78.
Un gobierno de coalición PP-PSOE es muy delicado para el futuro del bipartidismo y del propio Régimen e implica riesgos no menores. El sistema funciona porque da la imagen (los medios de comunicación son decisivos para este propósito) de una polarización, de una contraposición, derecha-izquierda. Sutilmente se confunde alternancia con alternativa: para impedir que se den alternativas reales entre posiciones ideológicas definidas, es necesario que juegue la alternancia entre opciones compatibles con los intereses de los poderes fácticos y su cada vez más efectivo control sobre la política. Para decirlo de otra forma: gobierno de coalición ya existe entre el PP-PSOE en las grandes cuestiones de Estado, en los temas de fondo que realmente importan a los poderes realmente existentes, explicitar un gobierno conjunto de la derecha y de los social liberales podría beneficiar especialmente a las fuerzas de izquierda que están por un proyecto político y social alternativo. Sobre todo, es bueno subrayarlo, porque el bipartidismo es visto por las nuevas generaciones como algo negativo y contrario al pluralismo político. ¿Por qué aquí y ahora proponer un gobierno de coalición?
La razón de fondo, a mi juicio, tiene que ver con el deterioro profundo del Régimen y, más allá, con el nuevo modelo de acumulación  que se está configurando por y desde la crisis. Somos la periferia dependiente y subalterna de una estructura de poder organizada en torno a un “núcleo” dominado por la Gran Alemania. Los poderes económicos, la clase política y la monarquía reinante están de acuerdo con el nuevo papel que se le asigna España en la división del trabajo definida por la Unión Europea y que literalmente nos condena al subdesarrollo social y productivo. Este es el  nudo  donde se organizan y se entrecruzan las contradicciones.
La “gran coalición” sería algo más que un ejecutivo conjunto PSOE-PP.  El objetivo parece claro: organizar desde el poder político una nueva transición hacia una (enésima) restauración borbónica, de ahí la radicalidad de la propuesta realizada por los portavoces orgánicos del capital financiero. Digámoslo con todas sus palabras: hacer una propuesta de este calibre en plena campaña electoral no beneficia al PSOE precisamente, luego ¿por qué se hace? La hipótesis de la que partimos es que se está intentando, de un lado, determinar la agenda política y, de otro, doblegar a una parte del PSOE poco interesado, por ahora, en esta propuesta. Se podría pensar que uno de los objetivos últimos de esta operación palaciega, financiera y mediática seria remodelar las fuerzas políticas a la italiana, es decir, cambiar el mapa de los partidos y propiciar un sistema electoral mayoritario. Propuestas como estas se vienen haciendo desde hace años y Felipe González no es la primera vez que las defiende.
Organizar la transición a un nuevo régimen tendría objetivos precisos:
  1. Garantizar por todos los medios la continuidad de la Monarquía, entendida como eje organizador del bloque de poder e instrumento de cohesión entre el poder económico y el político. La tarea más complicada es conseguir la rápida abdicación de Juan Carlos y la entronización de su hijo Felipe como símbolo de la regeneración democrática del sistema.
  2.  La reforma de la constitución del 78. El verdadero objetivo es impedir la apertura de un proceso constituyente que signifique en la teoría y en la práctica el autogobierno de los ciudadanas y ciudadanos, la ruptura democrática. Rajoy lo ha dicho una y otra vez: es la Unión Europea la que ha cambiado y cambiará aún mas nuestra constitución económica y social; por lo tanto, se harán reformas para adaptarse al que tiene el verdadero poder, al soberano efectivo, los poderes económicos y financiero.
  3.  Encontrar acomodo a las varias cuestiones “nacionales” del Estado español, poniendo el acento en lo que une a las diversas burguesías: la Monarquía y la UE.
  4. Modificar la vigente ley electoral, apostando por un sistema mayoritario y desde ahí modificar las estructuras partidarias. El objetivo: reforzar el bipartidismo y avanzar, lo diríamos así, hacia la norteamericanización de la vida pública.
  5.  Consolidar y convertir en ley lo conseguido ya con las políticas de ajuste: desmontar el Estado Social, la pérdida de derechos sociales y sindicales y la mercantilización de los servicios públicos.
  6. Alinear firmemente a España y a la UE a la política exterior (comercial, político-militar y estratégica) norteamericana. Un dato central será el Tratado Transatlántico de Comercio y de Inversiones que consagra la subalternidad económica y comercial de la UE a la geopolítica del Imperio.

Conseguir esto no será fácil. Se requieren, al menos, tres cosas: una fuerte unidad del bloque de poder en torno a las dos fuerzas mayoritarias; una Izquierda Unida, y en general, una izquierda transformadora débil y sin capacidad de movilización y unidad y -es la clave- la pasividad de las clases trabajadoras, de la ciudadanía. El 22M puso de manifiesto que hay fuerza para la movilización y el compromiso social si se organiza la unidad y se definen bien los objetivos. Lo que viene está claro: una salida capitalista a la crisis que implique un nuevo régimen monárquico y una democracia “limitada y oligárquica”. La alternativa está también clara: ruptura democrática para un proceso constituyente que consagre una democracia de hombres y mujeres libres e iguales, que subordine la economía a la sociedad y garantice los derechos sociales de todas las personas. A esto siempre se le llamó aquí República.

Publicado en   Cuarto Poder

miércoles, 7 de mayo de 2014

Los tratados neoliberales de la Unión Europea: el verdadero programa común del PP-PSOE


Por Europa y contra el euro. Conferencia mayo de 2014
Comienza la campaña y de nuevo asistimos a “feroces” y “despiadados” debates y mutuas agresiones entre el  PP  y el PSOE. Viendo y oyendo las cosas que dicen el señorito Cañete y la señora Valenciano parecerían que estamos ante dos opciones políticas radicalmente opuestas que expresan proyectos de país y de Europa antagónicos. Quizás, entran algunas dudas cuando ambos reclaman que no se voten a los partidos pequeños y que se siga apostando por el bipartidismo. Si al final, como parece previsible, hay un debate televisivo  a dos tendremos el escenario adecuado para que están elecciones sean cosas de dos, o que al menos, lo aparenten.
A estas alturas, sabemos con bastante precisión lo que ha significado para este país el bipartidismo: modo de organizar el poder para que sigan mandando quienes no se presentan a las elecciones, es decir, los poderes económicos, auténticos y cada vez determinantes “señores” de esta limitada y oligárquica democracia. El bipartidismo limita el pluralismo y cercena las posibilidades para construir una real y unitaria alternativa a neoliberalismo. El mecanismo funciona siempre de la misma forma: la derecha económica siempre gobierna, unas veces con la derecha política y otras veces con una izquierda que no lo es y que impide que se hagan políticas realmente de izquierdas. Hay alternancia, no hay alternativa. Es más, parecería que muchas veces la derecha económica prefiere al PSOE:  se divide a la izquierda social y política y se impide que avance una propuesta alternativa a las políticas dominantes. Todo ganancias.

Las cuestiones europeas son las más adecuadas para ocultar las identidades de fondo, los consensos básicos existentes entre los partidos dinásticos mayoritarios,  apoyados, esto nunca se debe olvidar, por las derechas nacionalistas catalanas y vascas. El por qué de esto es, hoy, insisto, hoy, fácil de entender. Por su propia naturaleza las cuestiones relacionadas con la Unión Europeas son cosas de especialista, expertos, lobistas de diversos y complicados pelajes. Conforme avanza el proceso de deconstrucción de los Estados sociales nacionales y de la progresiva concentración  de poder en las instituciones de la Unión ,más se practica el secretismo y los acuerdos “bajo mesa” a varias bandas: entre los grupos industriales-financieros, los funcionarios y las fuerzas políticas mayoritarias, con la activa participación, paradojas del proyecto, de las instituciones económicas internacionales, como el FMI, firmemente controladas por “el amigo” norteamericano.

Esta crisis ha puesto de manifiesto algo fundamental y que los pueblos del Sur de la Unión conocen con bastante precisión: el poder político no reside en la soberanía popular sino en unas instituciones opacas a la democracia, estrechamente dependientes de los poderes económicos y al servicio de un proyecto contrario a los intereses mayoritarios de las poblaciones. Se podría afirmar que estas políticas reaccionarias son posibles porque las ordenan y mandan las instituciones de la Europa del euro; en cada uno de los Estados individualmente considerados serian imposibles o significarían la caída de los gobiernos que las aplicaran. El “chantaje” europeo funciona, y para que esto ocurra tiene que haber un acuerdo de hierro entre las fuerzas políticas mayoritarias, es decir, las varias derechas y una socialdemocracia contraria a las políticas socialdemócratas.
Todo el entramado jurídico- institucional que legitima el poder omnímodo de eso que se llama la Troika se ha fundamentado hasta sus más mínimos detalles en un acuerdo estratégico de fondo, entre los grupos de poder económicos y la clase política bipartidista, es decir, entre la derecha y la llamada socialdemocracia. Insisto, todas y cada una de las directivas, resoluciones y tratados que concentraron el poder de decisión en la Troika y que acordaron un conjunto sistemático de contra-reformas profundamente contrarias a los intereses mayoritarios de las poblaciones, (en lo que podemos denominar una descomunal desposesión de patrimonio público, derechos y libertades de las sociedades y las personas) ,fueron decididas y ejecutadas  por la derecha y los socialistas.

No hay que irse demasiado lejos en el tiempo. Bastará partir del vigente Tratado de Lisboa de diciembre del 2007, y sobre todo, el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (TECG) y el Tratado Constitutivo del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) ambos del 2012 y que significaron, en la practica y en la teoría, la radicalización neoliberal de los anteriores tratados y , lo que es mucho más grave, la legalización de un Estado de Excepción  que deviene en permanente.

Los datos básicos de estos tratados no deberían olvidarse, señalan un punto de no retorno de una socialdemocracia que deja definitivamente de serlo y se convierte en aliado estratégico de la derecha económica para liquidar derechos sociales, sindicales y laborales y poner fin al Estado Social. Estos tratados, en síntesis imponen a cada uno de los estados, y a la soberanía popular, un conjunto de reglas “permanentes” y “obligatorias”, entre ellas las siguientes:
a)        Los presupuestos deberán estar equilibrados, o con superávit. Esta regla, se considerará respetada si el déficit estructural no supera el 0,5% del PIB
b)        Todos los Estados deben de introducir en su constitución esta regla de oro, y establecer mecanismos de corrección automáticos.
c)        Cuando los Estados no cumplen los criterios antes anunciados se someten a un Procedimiento de Déficit Excesivo, teniendo que presentar un conjunto de programa de reformas estructurales  a la Comisión  y al Consejo que lo aprobaran en su caso y harán seguimiento riguroso de su puesta en marcha.
d)        Se establecen un conjunto de sanciones casi automáticas para todos los países que incumplan las reglas establecidas
e)        En quinto lugar la comisión europea y el tribunal de justicia de la UE, refuerzan considerablemente su papel como garantes de que las reglas neoliberales se cumplen a rajatabla.
Resulta cuando menos indecente que el PSOE y sus representantes  vengan a estas alturas a hablar de la Europa social o de la lucha contra el “austericidio”, cuando ellos están por delante y por detrás tanto en el Parlamento Europeo como en el Parlamento español de los Tratados que consagran u constitucionalizan las políticas neoliberales. O mejor dicho el llamado ordoliberalismo alemán. El PSOE en estas cuestiones ha sido un adelantado y no un sufridor paciente. Hay que recordar, la memoria es clave en época electoral, que la única reforma sustancial de nuestra inmaculada Constitución del 78 se realizó precisamente para asegurar la máxima jerarquía jurídica estas reglas neoliberales y que las propuso un gobierno del PSOE.
El asunto llega ya al ridículo cuando la propuesta de los socialistas europeos para presidir la Comisión es nada mas y nada menos que Martin Schulz destacado dirigente del partido socialdemócrata alemán, principal aliado gubernamental de la Sra. Merkel. El ridículo se convierte en tragedia cuando estos destacados “socialdemócratas” terminan gobernando( después de “durísimas” campañas electorales contra la derecha y las “suicidas” políticas ordoliberales ) como Francois Hollande, para finalmente hacer lo que la derecha de Sarkozy no fue capaz de llevar a cabo. ¿Alguien puede extrañarse de que en un contexto así definido la extrema derecha y los populismos de derechas crezcan y se desarrollen?

domingo, 30 de marzo de 2014

Notas sobre la transición y Adolfo Suarez

Para situarse con rigor en el proceso de la Transición española y el papel en ella de Adolfo Suarez, hay que tener en cuenta, cosa que hoy se olvida, la excepcional coyuntura política nacional e internacional en la que se inserta.
Coyuntura internacional. Estaba definida por un retroceso global del imperialismo norteamericano (derrota en Vietnam), el ascenso de la URSS (aparente), de los movimientos de liberación y del movimiento obrero organizado europeo. Específicamente influyó mucho en la Transición la caída de las dictaduras portuguesa y griega y el ascenso muy potente de la izquierda, sobre todo, en el sur europeo.
La caída de las dictaduras griega y portuguesa alarmaron mucho al capitalismo europeo y a la socialdemocracia. En Portugal, destacadamente, la ruptura vino desde un lugar inesperado: la oficialidad de un ejército cansado de la larguísima guerra colonial. La Revolución de los Claveles, su radicalismo económico y social, preocupó enormemente a las clases dirigentes de nuestro país. Para unos, se trataba de amarrar aún más el propio régimen; para otros dar pasos “aperturistas” que evitaran una radicalización de la oposición al régimen.
Coyuntura nacional. Estaba definida por los siguientes datos: 1) una gravísima crisis económica que ponía en cuestión el modelo de acumulación del capitalismo español, 2) ascenso del movimiento obrero. Las CCOO (ilegales) ganaron las elecciones sindicales(sindicato vertical) en los grandes centros industriales; 3) el crecimiento de la oposición al régimen que tenía al PCE como eje aglutinante; 4) Significativa presencia de fuerzas y movimientos nacionalistas que unían lucha por la democracia con la reivindicación de los estatutos de autonomía plebiscitados en la República (“libertad, amnistía y estatuto de autonomía”); 5) La presencia de grupos armados, destacadamente Eta que contaban con un considerable apoyo de la opinión pública, sobre todo en las nacionalidades históricas; 6) dos datos para no olvidar:  la ruptura interna dentro de la Iglesia Católica que llevó a una parte de ella a aliarse con la oposición democrática y el protagonismo del movimiento estudiantil y de la intelectualidad.
Crisis del régimen franquista. Después de la muerte del dictador era evidente que el régimen surgido de la Guerra Civil entraba en un periodo de crisis  y que era necesaria otra forma de dominación política. Esto lo sabían el Rey, los poderes económicos nacionales y extranjeros, específicamente los europeos y, hay que subrayarlo, la socialdemocracia europea asustada por avance de los partidos comunistas.
La primera alternativa (gobierno Arias-Fraga) fue la “reforma del franquismo”: cambar poco para que, en lo fundamental, todo siguiera igual. En las diversas versiones de la historia se suele olvidar que este gobierno fue derrotado por la oposición política y, especial y singularmente, por el PCE. Pero hay que decirlo claramente: el PCE tuvo fuerza para impedir la reforma del franquismo pero no la tuvo para conseguir la ruptura democrática con él, aunque lo intentó mientras pudo.
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viernes, 21 de marzo de 2014

Las marchas de la dignidad. ¿El inicio de una nueva etapa?


Sigue siendo difícil pero fatigosamente se abre camino. Es duro, durísimo si se me apura, entenderlo y, sin embargo, es crucial  comprenderlo para situarse bien en el presente: el capitalismo que emerge de y por la crisis es incompatible con los derechos, las libertades y las aspiraciones de las gentes, de nuestra gentes, comunes y corrientes. La novedad es radical y extremadamente negativa: el pasado no volverá y lo que viene es mucho peor. No será fácil convertir esto en política.
 Muchos y muchas, casi todos se agarran al primer clavo, aunque sea ardiente, para eludir esta cuestión central: toca ser radicales y es necesario volver a luchar y hacerlo a fondo. Después de vivir en la maravillosa  y consoladora etapa de endeudamiento para el ladrillo (¡por fin ya somos como ellos!) despertamos y nos volvemos a encontrar con la España de siempre: derecha pura y dura que expropia y privatiza, libertades menguantes, involución social y, de nuevo, la emigración como alternativa. Por si fuera poco, Rusia, también, de nuevo, culpable. Definitivamente, el pasado que vuelve es el  que creímos que se había ido para siempre y que amenaza con convertirse en nuestro futuro.
 Cuando decíamos esto no hace demasiados años las palabras de respuesta, dejo a un lado los insultos, eran acusaciones de catastrofismo y de dogmatismo  de nostálgicos de las crisis liberadoras de la revolución.  No seguiré mucho por este lado. Lo sustantivo: la izquierda social y sindical no está a la altura de la ofensiva del capital. En el reciente pasado de construcción pactada del  capitalismo español   se han desacumulado muchas fuerzas, se han perdido dosis elevadas de tensión política y moral y, lo que es peor, se demostró con mucha claridad que las reformas reformistas (eran eso y no otra cosa) son reversibles, rápidamente  reversibles. Dicho de otro modo: la condición de las reformas, mientras que exista el capitalismo, es la organización, el proyecto alternativo de sociedad y la movilización social de las clases trabajadoras realmente existentes. Los derechos solo se garantizan con poderes sociales activos y actuantes. Sigue leyendo --->

sábado, 1 de marzo de 2014

¿Cuando comprenderemos que la llamada globalización terminó? Ucrania y Venezuela como ejemplos


No duró demasiado. La llamada globalización fue siempre un proyecto político ligado estructuralmente  a la hegemonía de los EEUU: fue el intento apenas consumado por consolidar un nuevo orden internacional  basado en su indiscutible dominio y, lo decisivo, que impidiese la emergencia de una potencia o de un conjunto de ellas que lo pusiese en cuestión. Un mundo ordenado  de tal modo que la “híper potencia” norteamericana  nunca tuviera realmente que compartir su poder.

La globalización fue también una ideología mistificadora y encubridora de la realidad. Algunos la confundieron con un Imperio que dejaba atrás al sistema imperialista, liquidaba las arcaicas relaciones Centro- Periferia, ponía fin al Estado Nación y creaba una “multitud” esclarecida capaz de cambiar el mundo de base. El ensueño no duró históricamente casi nada. Los diversos conflictos bélicos, las recurrentes crisis financieras y la “gran recesión” del 2008 pusieron de manifiesto que estamos entrando en un proceso de bifurcación histórica y que de nuevo  la hegemonía norteamericana  se cuestionaba radicalmente y con ella la globalización capitalista.
Lo que está emergiendo ante nuestros ojos es un mundo que vive una decisiva redistribución de poder, el surgimiento de nuevas y la reaparición viejas potencias que discuten el orden existente y que reclaman un régimen internacional diferente que reconozca las nuevas realidades económicas, culturales y político-militares. Retorna la geopolítica, los intereses estratégicos de los Estados, la competencia entre ellos y los durísimos conflictos para ganar influencia y ocupar espacios. Retorna la razón de la fuerza convertida en la fuerza de los Estados. La verdad es que nunca se fueron y no será fácil situarse bien ante lo que viene, sobre todo, para los que estamos del lado de las clases subalternas y de la liberación de los pueblos. No hay que olvidar, lo ha señalado recientemente Jean-Pierre Chevènement, que el fracaso de la anterior globalización capitalista costó una guerra de 30 años y millones de muertos. El mercado autorregulado capitalista, en contextos imperialistas, generan  monstruos que siempre llevan consigo desolación y muerte, inmensos sufrimientos para las personas y los pueblos.
Nada explica mejor esta nueva dinámica política internacional que los conflictos que sufren Ucrania y Venezuela. Cada uno de estos estados viven enfrentamientos internos durísimos, determinados, en gran medida, por los intereses estratégicos de las grandes potencias en su  lucha permanente por  ganar influencia y poder, por recursos y espacios en disputa, por ganar ventaja y desgatar al adversario e imponer sus reglas y mercados para los negocios de sus empresas. A esto se le ha llamado desde hace tiempo imperialismo.
La primera cosa que sorprende y que asemeja ambas situaciones  es que son “revoluciones buenas”: tienen el apoyo unánime de los medios de comunicación y sus protagonistas son presentados como valientes y dignos combatientes por la libertad. Los gobiernos no son solo “malos” son algo peor: el “enemigo”. Poco importan que estos gobiernos sean legales y hasta legítimos según los criterios normalizados por el Occidente “democrático y liberal”. La demonización es tal que lo único posible es su derrocamiento. En un país como el nuestro, donde tanto se usa y se abusa del consenso como modo normal de resolver la contienda y el conflicto político (la Transición es la luz de nuestro mundo) se defiende casi siempre, para ambos conflictos, la solución de “masas e insurreccional “.
Si algo queda claro de los “papeles de Wikileaks” o del asunto Snowden  es que el “complejo integrado” comunicacional es un arma de guerra que engarza sólidamente a los poderes políticos, económicos, servicios secretos, los medios en versión completa, y los pone a disposición de las opciones estratégicas de las grandes potencias. Los EEUU han llegado a tal sofisticación, a tal capacidad de actuar en diversos planos y espacios que convierten al mencionado complejo en un instrumento de poder solo comparable con el dispositivo político-militar.
La segunda cuestión que a nadie debiera extrañar es que Ucrania y Venezuela son objetivos geopolíticos de grandes dimensiones. Ucrania era el segundo Estado en importancia de la extinta URRS, zona de frontera y de transito de gas ruso, espacio en disputa entre Rusia y una Unión Europea cada vez más alemana, donde los intereses estratégicos norteamericanos están presentes con enorme fuerza. Contener a una Rusia recuperada, que empieza a ser de nuevo determinante en conflictos armados (Siria), en un Oriente Próximo en permanente ebullición (Irán) y donde las “primaveras” árabes se han ido convirtiendo en fríos inviernos de restauración. Más allá, el verdadero peligro: una alianza estratégica ruso-china ampliada a las ex repúblicas soviéticas, a Irán, desarrollando y ampliando la Organización de cooperación de Shangai  hasta convertirla en una alternativa a la OTAN.
Las conversaciones, filtradas, de la secretaria de Estado adjunta para Europa de los EEUU con su embajador en Kiev, muestran bien a las claras que han sido y son actores “internos” del conflicto, que lo financian generosamente y que forman parte del Estado Mayor de la insurgencia. Es más, cuando dicen aquello tan ocurrente de que “se joda la Unión Europea” lo que realmente expresan es que esta es una aliada subalterna y que también aquí la administración  norteamericana es determinante, sobre todo, cuando se enfrentan a la vieja Rusia. ¿Para qué sirve si no la OTAN?
Los intereses estratégicos de EEUU sobre Venezuela son tan conocidos y evidentes que casi no merece mucho detenerse en ellos. Solo insistir que el fundamento último de su poder imperial reside en su capacidad para controlar América Latina y sus ingentes recursos naturales de todo tipo, especialmente los energéticos. Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo reconocidas del mundo, representa el esfuerzo más consistente para superar las  políticas neoliberales y es un eje fundamental en la vertebración unitaria de la región, dirigida a conquistar la independencia del vecino del Norte.  
Ucrania y Venezuela son sociedades muy polarizadas y con una institucionalidad débil. En un caso (Ucrania) hay una polarización étnica y racial; en otro (Venezuela) es predominantemente social y de la clase. Hay dos ucranias claramente diferenciadas, una es fuertemente nacionalista y anti rusa, xenófoba y antisemita, que ha sido capaz en estos años de independencia de crear un imaginario social basado en el odio a Rusia pero, sobre todo, el odio a los rusos de “dentro”, es decir, a la mitad de la población del país. La otra Ucrania es la industrializada, la obrera, la minera que se considera por lengua, cultura e identidad próxima a Rusia y que se siente crecientemente excluida del país.
La polarización de Venezuela es básicamente social y de clase. Con el chavismo emergen los excluidos económicos, sociales y, sobre todo, políticos. La polarización existía ya  antes, ahora es visible y movilizada en nombre de un proyecto del país que le da voz, protagonismo y que busca su bienestar. El eje exclusión-inclusión es decisivo desde el punto de vista político y marca toda la fase. Desde el primer día se le combatió sistemáticamente; se usó de todo contra el nuevo régimen: huelgas económicas, boicot, golpes de estado y cualquier tipo de provocaciones. Todo eso después de 18 elecciones ganadas, las últimas hace unos pocos meses.
La clave, en uno u otro, caso es la presencia de una oposición social y política férreamente unida, que nunca da tregua  al gobierno salido de las urnas y que busca permanentemente la confrontación. Lo decisivo es la presencia de una minoría organizada, militante, muy  cohesionada ideológicamente y con gran capacidad de mantener  el cuestionamiento de la legitimidad del gobierno. El centro del discurso: construir el enemigo y organizar el mal en torno a él. El racismo siempre funciona, bien como el “otro”, bien como el pobre que nos quita el sueño ante su creciente libertad y protagonismo, las clases peligrosas como enemigas.
Ya sabemos cómo ha terminado Ucrania. Ahora desaparecerá de los medios. Nada o poco sabremos. Veremos cuál es la solidaridad real de la Unión Europea con el pueblo ucraniano y veremos lo que dan de sí las próximas elecciones. No será así con Venezuela, continuará la híper visualización de los conflictos, se contaran con pelos y señales los desórdenes públicos y nunca se dirá cual es la política real que se hace en ese país. ¿Hasta cuándo? hasta que consigan poner fin al gobierno democrático venezolano.

Manolo Monereo Pérez
http://www.cuartopoder.es/tribuna/cuando-comprenderemos-que-la-llamada-globalizacion-termino/5544