lunes, 22 de abril de 2013

De la crisis a la revolución democrática



Lo que se intenta argumentar en este libro es que estamos en un cambio de época para peor y que el pasado no volverá. Lo que hay detrás es muy conocido: una grave crisis sistémica del capitalismo histórico, una “gran transición geopolítica” que está definiendo una radical redistribución del poder a nivel mundial, la decadencia del “Occidentalismo” como geocultura dominante y más allá una crisis ecológica y social de grandes dimensiones
En España estamos ante una auténtica involución social y política, marchando aceleradamente hacia el subdesarrollo, convertidos cada vez más en periferia subalterna de una Unión Europea alemana. Estamos viviendo un auténtico Estado de Excepción caracterizado por el predominio de los poderes fácticos, la suspensión del derecho y la progresiva conversión de nuestros sistemas po-líticos en democracias “limitadas y oligárquicas”. Es por esto que el verdadero debate está entre los que aceptan como inevitables ajustes, involuciones sociales y políticas, y aquellos que creen que los derechos sociales y las libertades se defienden profundizando la democracia como desarrollo del autogobierno de las poblaciones, garantizando la soberanía popular y definiendo nuevas reglas que hagan efectivos los derechos sociales y pongan la economía al servicio de las necesidades básicas de las personas.
Lo que eso significa aquí y ahora es proceso constituyente y poder ciudadano, en definitiva, una Revolución Democrática para una República Plebeya

miércoles, 10 de abril de 2013

En la Semana Republicana de Palencia

 Miércoles 10 de abril, y en el marco de la Semana Republicana de Palencia, tuvo lugar un homenaje a Paco Fernández Buey, filósofo nacido en dicha localidad y uno de los pensadores mas lúcidos de la segunda mitad del siglo XX en España. Será a las 19:00 horas en la Biblioteca Pública, bajo el título “Homenaje a Fernández Buey; comprender, luchar, amar”.

lunes, 8 de abril de 2013

Invitación a una "Cita Secreta" . Un tal Vladimir Illic



"Entre las peculiaridades más dignas de mención del temple humano», dice Lotz, «cuenta, a más de tanto egoísmo particular, la general falta de envidia del presente respecto a su futuro». Esta reflexión nos lleva a pensar que la imagen de felicidad que albergamos se halla enteramente teñida por el tiempo en el que de una vez por todas nos ha relegado el decurso de nuestra existencia. La felicidad que podría despertar nuestra envidia existe sólo en el aire que hemos respirado, entre los hombres con los que hubiésemos podido hablar, entre las mujeres que hubiesen podido entregársenos. Con otras palabras, en la representación de felicidad vibra inalienablemente la de redención. Y lo mismo ocurre con la representación de pasado, del cual hace la historia asunto suyo. El pasado lleva consigo un índice temporal mediante el cual queda remitido a la redención. Existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros, nos ha sido dada una flaca fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos. No se debe despachar esta exigencia a la ligera. Algo sabe de ello el materialismo histórico."
Tesis de filosofía de la historia Walter Benjamin (1940)
Traducción de Jesús Aguirre
Taurus, Madrid, 1973

Foro Social Mundial de Tunez- El futuro de los países del Sur

sábado, 16 de marzo de 2013

Charla en Zaragoza: Construir mayorias, conquistar el poder



Vídeos de la charla que tuvo lugar el 9 de marzo de 2013,  en Zaragoza en la librería Pantera Rossa, organizada por la corriente de opinión Jaque al Régimen

lunes, 11 de marzo de 2013

Chavez: Hacer posibles los sueños



Hay una costumbre, un hábito muy español, que es hablar bien de quién se muere. En este caso no ha sido así. Los grandes medios de comunicación no han perdonado a Hugo Chávez ni siquiera después de muerto. Las descalificaciones han sido recurrentes: golpista, dictador, autoritario, gorila…envuelto todo ello en eso que ha terminado por convertirse en uno de los peores insultos políticos: populismo.

No hay que extrañarse. Es un caso típico del odio de clase, es decir, los poderosos acaban mostrando su desprecio y su repugnancia ante aquellos que ponen en cuestión sus privilegios, sus reglas del juego y, lo peor, ejercen el derecho a la rebelión cuando la injusticia es ley.

La figura de Chávez tiene, al menos, tres dimensiones: la geopolítica latinoamericana, la específicamente venezolana y, más allá, la simbólica. Estas se podían resumir muy bien hablando de lo que pudiéramos llamar ”las promesas incumplidas de la independencia latinoamericana”. Chaves representa mejor que nadie este esfuerzo colectivo por salir de una frustración histórica que dura más de doscientos años.

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jueves, 28 de febrero de 2013

Ruptura democrática o transformismo: el gobierno de la transición



Uno de los conceptos más importantes de “la caja de herramientas” analíticas de Antonio Gramsci es el de “transformismo”. Esquematizando mucho, se podría decir que para el dirigente comunista italiano es el dispositivo por medio del cual las clases dominantes, sobre todo en tiempos de crisis política, cooptan a las élites (los intelectuales) de las capas subalternas, ampliando su base social y perpetuando su poder.

Para entender lo que se quiere decir, puede resultar útil poner el ejemplo de la crisis de la 1ª República Italiana. Como es sabido, la “tangentópolis” puso de manifiesto que la corrupción se había convertido en sistémica, comprometiendo a una parte sustancial de la clase política y atravesando todas las estructuras del Estado. La investigación de los jueces terminó por dinamitar el sistema de partidos, abriendo una gravísima crisis política y la transición a un nuevo régimen. El resultado de esa operación fue, al final, la llegada al poder de Silvio Berlusconi y la liquidación, nada más y nada menos, de la izquierda política, social y cultural italiana.

Lo sustantivo, las lecciones que se deberían sacar de dicha experiencia (Italia siempre ha sido un laboratorio para la izquierda europea) es que las crisis políticas están ahí y no se pueden eludir y que  las clases populares no son los únicas protagonistas del conflicto: los poderes dominantes siempre tienen la capacidad para usar las crisis en su propio beneficio, ampliando su control e influencia sobre la sociedad. El “transformismo” es, a mi juicio, el concepto que expresa mejor la sustancia de esa operación “a la italiana”.

En España vivimos hoy una grave crisis política (una crisis “orgánica “del capitalismo español) que puede culminar en un cambio de régimen, de hecho, a mi juicio, esto ya ha comenzado. Las similitudes con Italia son muchas. El centro, una corrupción sistémica, engarzada a un determinado modelo o patrón de crecimiento y conectada molecularmente con los poderes económicos. Como en el país transalpino, aquí el centro de atención mediático se dirige a los partidos políticos y a las múltiples formas de parasitismo, enriquecimiento personal y comportamiento mafioso ligado al ejercicio de la cosa pública. Los políticos, en masculino, son culpables y punto.

En Italia, y como hoy en España, hay un actor decisivo que desaparece: los poderes económicos. Este es el verdadero problema y el centro de la disputa hegemónica en el país. La cuestión de fondo en una democracia capitalista es complejo: ¿cómo mandan los que no se presentan a las elecciones?, es decir, ¿cómo controlan e influyen en las decisiones de la clase política los que tienen el poder económico?: la corrupción, directa o indirecta, ha sido y es el mejor instrumento, sabiendo, nunca se debe de olvidar, que ellos tienen un poder estructural en nuestras sociedades.

Para decirlo con mayor precisión: el problema, aquí y ahora, es la “captura”  del poder político por los grupos de poder económicos, mediáticos y financieros. La creciente homogeneidad, en los hechos y en la teoría, entre el PSOE y PP, la separación cada vez más profunda entre las demandas de las mayorías sociales y las políticas de los gobiernos, la sumisión absoluta ante las decisiones de la troika (auténticos chantajes a las poblaciones) son algunos de los datos más relevantes  del control que los poderosos ejercen sobre una clase política cobarde y dependiente que gobierna contra las personas.

Cuando se habla de la derrota de la política nos estamos refiriendo a esto: la soberanía popular tiene cada vez menos poder frente a los grupos económicos y la tupida red de tecnócratas que los representan.

La transición ya ha comenzado y se esta haciendo a espaldas de la ciudadanía. Por ahora, la clase política bipartidista mal que bien controla la situación, pero las maniobras son muchas y aparecen por todos lados. Se puede decir que los poderes fácticos empiezan ya a definir opciones posibles, manteniendo la actual situación y apostando por futuros alternativos, inclusive intentando, y algo más, cooptar a dirigentes y cuadros de los movimientos alternativos, dando voz y medios a posiciones aparentemente rupturistas pero que acaban por consolidar un modelo de Estado y unas relaciones de poder funcionales a los grupos económico-financieros dominantes.

Ante una situación así definida caben, al menos, dos opciones: defender lo existente o disputarle la hegemonía a los poderes dominantes. Insisto, la transición ya ha comenzado y lo decisivo es que las clases subalternas, los “comunes y corrientes” participen y le disputen el gobierno de la misma a los poderes fácticos.

Se trata de definir un proyecto de país, de hacer política a lo grande, que organice un nuevo modelo de desarrollo al servicio de las necesidades básicas de las personas, que profundice y amplíe los derechos sociales y sindicales y, lo fundamental, que construya una democracia económica y ecológica. La pieza maestra: el poder de la ciudadanía. Lo que esto significa está claro: proceso constituyente y desarrollo de la soberanía popular para construir una nueva clase dirigente nacional-popular. A esto es lo que llamamos Revolución Democrática.

                                                                                              
                                                                                                   Manolo Monereo


sábado, 12 de enero de 2013

Frente Cívico: La emergencia de un Nuevo Espacio Público.





En recuerdo de Paco Fernández Buey,
 comunista discreto, maestro y amigo.

Si algo ha caracterizado a Julio Anguita es su intuición política y su sentido  histórico. Él fue siempre un adelantado, un profeta armado con un punto de vista fundado en la cultura popular y en la democracia  plebeya. Siempre nos despistó a todos y nunca fue fácil clasificarlo: derecha, izquierda, renovador, leninista,  hasta falangista, según  el insigne Santiago Carrillo, que Dios tenga en su gloria.

Antes de la “caída del muro”, mucho antes (él sabía mucho de ese muro y lo que tenia de protección frente al enemigo de verdad: el imperialismo euro-norteamericano) se dio cuenta que las viejas formulas no valían y que había que innovar para seguir siendo comunista. Él siempre se definió por los grandes enemigos y escogió al que era más de derechas y el peor adversario de la izquierda con voluntad socialista: Felipe González. Lo combatió a fondo y sin tregua. Solo le ganaron cuando rompieron  IU y aislaron al PCE.

Perdimos todos y el sistema se reprodujo lindamente. Anguita nos dejó y llegó el enésimo encantamiento: Zapatero. No es cosa ahora de hacer balance, baste tan solo constatar que abrió casi todos los frentes posibles y que todos los cerró mal; el único que nunca enfrentó, el decisivo, fue el del poder económico y el del modelo de crecimiento; cuando llegó la crisis dio de sí todo lo esperable: sumisión a la oligarquía financiera-inmobiliaria, servilismo ante los dictados de la troika y, cobardía extrema, modificación de la Constitución para garantizar el pago de la deuda y la estabilidad presupuestaria, es decir, la conversión de España en un protectorado de la Europa alemana.

Todos esos años Anguita siguió escribiendo, hablando y estudiando: comprender el mundo para transformarlo, al viejo modo de los tribunos del pueblo, removiendo conciencias, enfrentándose a los poderosos y haciendo bueno aquello de la soledad orgullosa del que se sabe acompañado por muchos y que nunca mira atrás. Eran los años de la “belle époque” y del sueño de los españolitos y españolitas: somos como ellos, al fin europeos y adiós al subdesarrollo. No duró mucho el  encantamiento.

La crisis lo cambió todo. Se inició virulentamente la del patrón de acumulación español en el contexto de una profunda y radical mutación en eso que se llamó la globalización capitalista; emergió una crítica de fondo a la clase política y se puso en cuestión el bipartidismo dominante; la monarquía, piedra angular del sistema de poder, fue denunciada por su carácter parasitario y corrupto y la “vieja y nueva” cuestión nacional del Estado español volvió a situarse en el centro del debate público. Era todo el imaginario de la “inmaculada transición democrática “el que entraba en crisis en medio  de un desempleo de grandes dimensiones, del crecimiento de las desigualdades y del planificado desmontaje de nuestro débil Estado Social. Era el inicio de nuestra peculiar marcha hacia el subdesarrollo.

Hace apenas unos días, en el marco de la asamblea anual del CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales, fundación, entre otras muchas cosas, especializada en A. Latina y en sus cambios políticos y constitucionales) se suscitó en amplio debate sobre una aparente paradoja: la progresiva “latinoamericanización” de Europa precisamente cuando esta intenta, a su modo, europeizarse. La tesis que hemos defendido algunos de nosotros, con ganas de provocar, es verdad, era que empezaban a darse en algunos países del sur de Europa “condiciones nacional-populares”, eso que algunos denominan  de forma  casi siempre descalificatoria, condiciones “populistas”.

No es este el lugar para un debate de calado sobre estos temas, solo subrayar  que estas condiciones nacional-populares tienen, al menos, cuatro rasgos básicos: (a) la aplicación sistemática del modelo neoliberal de transformación social, con el tratamiento de shock correspondiente, por medio del uso a fondo y sin contemplaciones del poder político; (b) la creación de un modelo político y social que promueva el miedo y la inseguridad colectivas y personales hasta el punto que el “sálvese quien pueda” y el individualismo más atroz e insolidario sea el modo normal de funcionamiento de la sociedad; (c) la disolución de las viejas identidades de clase y de los viejos alineamientos políticos tradicionales; (d) el desmantelamiento de la acción social protectora del Estado, la supresión de derechos sociales y sindicales en el marco de una mercantilización brutal del conjunto de las relaciones sociales.

Todavía no estamos en condiciones de valorar en todas su dimensión el 15M como símbolo y ejemplo de resistencia de una parte significativa de la sociedad a la ofensiva del capital y de los poderes  económicos y mediáticos. De todas, a mi juicio, la más importante, fue la emergencia de un “nuevo espacio público” en el terreno y en la lucha democrática. Siempre hay otras posibilidades y el espacio se fue construyendo en un territorio que pugnaba por una regeneración  democrática de la sociedad, la economía y del poder. Esa es una batalla que puede marcar una época.

La gran intuición de Anguita es darse cuenta que correlativamente a la crisis del régimen se estaba abriendo un nuevo espacio público y que sobre él habría que construir la resistencia democrática, la reorganización de las fuerzas populares y  la ofensiva constituyente, ahora sí, en su contenido fuerte. Veamos. Cuando un comunista convicto y confeso plantea, como tantos jóvenes en las plazas públicas, que “el Frente Cívico no es de derechas o de izquierdas sino de los de abajo”, está constatando que las viejas identidades (¿el PSOE es de izquierdas?) ya dicen poco a las nuevas generaciones y a los nuevos sujetos emergentes, y que la izquierda de verdad, la transformadora, debe aspirar a vertebrar una nueva mayoría social capaz de crear y organizar un nuevo régimen político al servicio de una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales.  Por derecho: no solo conquistar el poder sino transformarlo, democratizarlo.

Se trata, insisto, de un nuevo espacio público difuso, heterogéneo, “mar de muchas mareas” donde lo viejo y lo nuevo se confunde, donde las viejas culturas emancipatorias se mezclan  con nuevas experiencias apenas vividas y donde el tiempo se comprime y acelera. En esto tampoco cabe engañarse: la batalla estratégica es ampliar este nuevo espacio público y restar base de masas a los “populismos de extrema derecha” o al fascismo puro y duro. Todo esto construido en las luchas, en el enfrentamiento radical a las políticas de la derecha y desde el desarrollo de la democracia como democratización sustancial de las relaciones sociales y del poder. ¿No es eso aquí y ahora estrategia socialista en lo real concreto?

Ahora de lo que se trata es poner en marcha un nuevo discurso público al servicio de una estrategia de poderes sociales. Ni más pero tampoco menos. Vayamos por partes. Nuevo discurso público. No hay que inventarse nada, solo hay que traducirlo a propuesta política. El enemigo está claro: la plutocracia, el gobierno de los ricos con la complicidad de la clase  política bipartidista más o menos imperfecta (es decir, con la burguesía vasca y catalana). El objetivo: una democracia de hombres y mujeres libres e iguales. Contenido: una economía al servicio de las necesidades básicas de las personas y en armoniosa relación con nuestro medio natural del que formamos parte. Medio-forma: poder constituyente. Método: la acción democrática.

Esto último tiene su importancia. Lo digo directamente: la rebelión democrática que  Izquierda Unida  ha hecho suya en la última asamblea requiere un método de lucha, una forma de acción y organización que, como diría Rosa Luxenburgo, en los medios estén los fines. Esto significa: desobediencia civil y estrategia pacifista. Sobre estas cosas Paco Fernández Buey escribió mucho y bien y a él me remito. Una cuestión: hay que leer y estudiar. Los codos y la soledad ayudan a pensar libremente. Tenemos que robar la ciencia a los ricos y entregársela a nuestra gente “común y corriente”.

Estrategia de poderes sociales. Lo diré con una cita, con perdón, del Kautsky marxista (maestro de Lenin: la gente cambia y no siempre para mejor, sobre todo, en momentos de crisis y cuando se ponen en juego los verdaderos fundamentos político-morales de los dirigentes) venía a decir así: el partido te coge en la casa cuna y te deja en el cementerio. Traducción: el Partido Socialdemócrata Alemán había creado toda una red social organizada que iba desde las guarderías hasta las funerarias al margen del estado y como economía-organización popular. Para decirlo de otro modo: se creó en la sociedad un (contra) poder social organizado que era el sustento material de la fuerza política. Más: no solo fue cosa de alemanes, se hizo en casi todas partes y se sigue haciendo hoy. Ejemplos: el PSOE de las “Casas del Pueblo” y  los anarquistas de los “Ateneos Populares”. Hoy, guste más guste menos: Hamas y, sobre todo, Hizbulá. Para que no se diga: la experiencia de los kibutz también comprendida y valorada por una de las personas más venerables del siglo XX: Martin Buber. Entre nosotros: solo queda algo así en el mundo de HB, ellos nos enseñan muchas cosas en una vía nada fácil.

¿De qué se trata?: construir una “una economía moral de la multitud” “un sector público voluntario” que organice capilarmente este nuevo sector público emergente, lo fecunde, reproduzca y la convierta en poder social. La gente cuando se organiza, se compromete y se dota de un proyecto se convierte en  poder; en condiciones democráticas (ojo, hay que tenerlo en cuenta) derrotar a los que tienen el poder económico y controlan el poder mediático y político exige de un contrapoder social de las clases subalternas como fundamento de cualquier avance electoral. La condición para los que no tienen poder es siempre socializarlo y hacerlo carne y sangre de las capas populares. Sobre esto han escrito cosas preciosas Max Abel y Juan Ramón Capella.

¿Qué tendríamos que hacer hoy? Discutir, consensuar  y ejecutar un plan para  acción. En el centro: exigir la dimisión  del gobierno Rajoy y nuevas por elecciones generales. Será el momento para proponer una lista  propia de todos los que estamos por un proceso constituyente. Una salida democrático-republicana a la crisis de régimen.

La clave: diferenciar claramente legalidad y legitimidad. Este gobierno no es legítimo: incumple  sistemáticamente su programa electoral, legisla contra la constitución vigente y sirve a interese de los grupos de poder económicos. El derecho  y el deber de resistencia  frente a la tiranía de los mercados, la desobediencia civil ejercida pacíficamente y sin violencia es un derecho humano fundamental. La libertad se defiende ejerciéndola.

La unidad y la convergencia  al servicio de la acción consciente organizada es imprescindible. Se dan síntomas de que la movilización social esta encontrando límites políticos para su desarrollo. Parece llegado el momento de la política en sentido fuerte. El 2013 por venir será decisivo: hacia la Revolución Democrática.

                                                                                           Manolo Monereo  30 de Diciembre de 2012