lunes, 14 de junio de 2010

Perú ¿Línea de fractura en América Latina?


Introducción.
2.006 fue un año difícil para la oligarquía peruana. En un contexto general de cambios en América Latina, un candidato, Ollanta Humala, ponía en peligro el control que dicha oligarquía ejercía sobre la vida pública y sobre una democracia que, sin exageraciones, cabría definir como limitada y recortada al servicio de los grupos de poder económicos y de los intereses geopolíticos norteamericanos.
Alan García fue elegido presidente encabezando un amplio frente que iba desde el APRA a la derecha política, pasando por los llamados medios de comunicación y dirigidos por la embajada Norteamericana. Aún así, Ollanta Humala alcanzó el 47,5% de los votos del país, teniendo que soportar una cascada de descalificaciones, insultos y calumnias inimaginables en países con hábitos más o menos democráticos .

Después de las elecciones, el gobierno de Alan García ha dedicado una parte sustancial de su actividad a demoler sistemáticamente la persona y el proyecto de Ollanta Humala. Han sido más de once procesos judiciales abiertos con acusaciones tan graves como la violación de derechos humanos, la financiación ilegal o la insurrección militar (agravada porque a consecuencia de la misma hubo muertos). Como se puede suponer, cada procesamiento significó primeras páginas y titulares en los noticieros televisivos (acusaciones sin presunción de inocencia). Estos juicios obligaron al candidato de la mitad de los peruanos y las peruanas a presentarse periódicamente ante los juzgados, la prohibición de salida de Lima y la retirada del pasaporte para viajar al extranjero. Hoy Ollanta Humala ha ganado todos los juicios. Pero la imagen de “satanización” queda para una parte significativa de la opinión pública: “calumnia, que algo queda” es aquí una verdad que no admite demasiadas dudas y que funciona.

Podría hablarse de venganza o de persecución política, pero es algo más. Alan García sabe perfectamente que, hoy por hoy, en el Perú solo Ollanta Humala está en condiciones de organizar la alternativa al patrón económico y de poder dominante en el país andino. De ahí el ensañamiento: impedir que la esperanza se organice y gane peso en las aspiraciones del pueblo peruano. Por eso, nos tememos que los ataques y las calumnias no han hecho nada más que empezar y se agudizarán en el futuro conforme se acerquen las elecciones presidenciales y el candidato nacionalista siga encabezando las encuestas.

Las elecciones presidenciales peruanas en el contexto geopolítico sudamericano.

No hace falta insistir demasiado en la idea de que la geopolítica Latinoamericana está cambiando aceleradamente. En primer lugar, la crisis económica está teniendo consecuencias contradictorias en países que intentan construir alternativas reales a las políticas neoliberales. La recesión económica mundial está afectando a todos los países, especialmente a aquellos que dependen fuertemente de las exportaciones de materias primas y que están incrementando el gasto social desde el control público de los recursos naturales. En otros casos, como en el Perú, la crisis puede beneficiar a las fuerzas que, desde la oposición, rechazan el modelo neoliberal y el patrón de poder dominante.

En segundo lugar, la política de Obama en América Latina no se diferencia demasiado de la de Bush y, en cierto sentido, es mucho más peligrosa: neutraliza a una parte de la izquierda (en sentido amplio) y reorganiza a las fuerzas que, de una u otra manera, defienden los intereses oligárquicos. La presencia de la IV Flota, las nuevas bases militares en Colombia y el rearme general, nos dicen claramente que EEUU, en momentos de debilidad relativa, necesita volver a anclarse sólidamente en América Latina para defender sus intereses estratégicos globales. Honduras nos advierte de que el llamado “poder inteligente”, como no podía se de otra forma, vale porque tiene siempre el fundamento de los “poderes duros” con un objetivo preciso: evitar que nuevos países se sumen a los cambios sociales y a las transformaciones políticas en nuestro continente, advirtiendo, de paso, que el golpe militar, en determinadas condiciones, puede ser una alternativa viable.

En tercer lugar, el ciclo electoral latinoamericano está generando incertidumbres y contradicciones que no deben ser ignorados. Uruguay y Bolivia, desde sus especificidades, suponen nuevas energías para los procesos de cambio. Chile, sea cual sea la valoración que se haga de los gobiernos de la Concertación, significa el retorno de una derecha pura y dura en un país crucial que tiene relaciones privilegiadas con los EEUU. Brasil y Argentina tienen procesos electorales abiertos y cuyas salidas políticas son inciertas. La construcción de un eje (del Pacífico) entre México, Panamá, Colombia, Perú y Chile sería la alternativa al llamado “eje del mal” encabezado por Venezuela.
Perú y sus elecciones, en este contexto, cobra una importancia fundamental. En cierto sentido, aún más que en el 2.006, ya que ése era un momento de cambio y de ofensiva general y hoy, hay que subrayarlo, se vive el contraataque del imperio y una etapa (¿relativa?) caracterizada por el repliegue y la consolidación de espacios.

La coyuntura peruana: déficit de legitimidad sin crisis de Régimen

Si hoy llegara al Perú un observador atento advertiría una paradoja muy sobresaliente, a saber, un país que ha crecido en los últimos siete años en porcentajes “asiáticos” (6,74% de media), tiene un gobierno rechazado por el 71% y un presidente rechazado por el 66% de la ciudadanía (encuesta Ipsos –Apoyo del 17 de enero del 2010). ¿Cómo es posible esto? En primer lugar, porque las magnitudes macroeconómicas no reflejan la calidad de la vida de las poblaciones y especialmente el desigual reparto de la renta y de la riqueza. En segundo lugar, porque el modelo primario-exportador dominante en la economía peruana escinde social y territorialmente al país, agravando las desigualdades y marginalizando a partes significativas de la población. En tercer lugar, porque el sistema político vigente es una forma de dominio que asegura el control de los grupos de poder económico y que organiza una clase política a su servicio. La corrupción no es algo episódico o exclusivamente de moral pública, es el sistema; el medio a través del cual los que no se presentan a las elecciones ganan siempre. De ahí, el desprestigio de la política y de los políticos; de ahí la asociación entre la política, el robo y el expolio del país que explica el enorme déficit de legitimidad de todo el sistema político.

Cuatro elementos explican con cierta precisión la actual coyuntura del Perú:

a) El gobierno de García. Para poder ganar a Ollanta Humala, García tuvo que, de un lado, ganarse el apoyo de los poderes económicos fuertes y de la derecha política; de otro, convertirse en un crítico de las políticas neoliberales prometiendo un giro más social y más próximo a las capas populares. Una vez llegado al gobierno, García se ha convertido en un fundamentalista de las políticas económicas más a la derecha y, literalmente, ha cuarteado y puesto en venta el territorio peruano. De hecho, hoy es el prototipo de la desnacionalización de la economía, el ajuste y represión salarial permanente y de la sumisión a los intereses de las grandes trasnacionales.
b) García va, sin embargo, más lejos. Pretende construir lo que pudiéramos llamar el “Partido del Régimen”, es decir, perpetuar el sistema político fujimorista e impedir, usando todos los medios (legales e ilegales) que Ollanta Humala llegue democráticamente al gobierno del país. Como el mismo García ha dicho, el presidente del Perú no elige a su sucesor pero puede impedir que un político que cuestiona el Régimen acceda al gobierno.
c) En tercer lugar, la conflictividad social. Una de las singularidades del Perú es que existe una conflictividad difusa que no logra traducirse en alternativa política. Lo que se ha llamado “el Baguazo” (la sublevación de las tribus amazónicas) expresa con mucha claridad esto que se acaba de decir: conflictos sociales radicales, que no logran traspasar el muro de la política. Para decirlo con más claridad: la habilidad de la oligarquía limeña ha consistido en desconectar lo social de lo político. Esto tiene consecuencias importantes: deja a lo electoral como territorio único para dirimir los conflictos políticos-sociales y fomenta la “delegación” en torno a figuras extra o antisistema. Así como, perpetua la debilidad de los movimientos sociales y, derivadamente, de los partidos políticos democrático-populares.
d) Por último, la izquierda social y política en Perú fue destruida en el conflicto militar entre Sendero Luminoso y el gobierno dictatorial de Fujimori. Una de las izquierdas más creativas y con más apoyo social sucumbió presa, de un lado, de la represión fujimorista y, de otro, del cainismo de unas formaciones políticas y sindicales que nunca entendieron un problema capital: configurarse como alternativa de poder.

Hoy quedan los residuos de aquella izquierda, personas y organizaciones con poca incidencia electoral, apreciable presencia social y mucho sacrificio militante. El problema es muy simple y, a su vez, política y humanamente complejo: ¿cómo ayudar a construir una alternativa en la que ellos no serán los actores principales? Ollanta Humala parece consciente de esta realidad: él tiene votos y base electoral, pero tiene una organización aún demasiado débil, es decir, carece de cuadros (cantidad y cualidad) capaces de organizar e impulsar una fuerza (que es ideológicamente plural y socialmente heterogénea) con voluntad de constituirse en alternativa de gobierno y de poder.


El movimiento nacionalista y popular: una posibilidad real de la alternativa.

Que Ollanta Humala ha sido víctima de un proyecto de demolición personal y político es algo que nadie puede negar en el Perú. Hay una singularidad: García, para ser el presidente del “Partido del Régimen”, necesita polarizarse con Ollanta Humala y, a su vez, debe impedir que éste llegue al poder. Esto hay que entenderlo bien. García quiere volver a ser en el futuro Presidente del Perú y para ello necesita gobernar la transición y convertirse en el “gran elector” determinando, en lo posible, a su sucesor. Esta es una arista del asunto, la otra es que la derecha (económica, mediática y política) quiere tener las manos libres para imponer sus políticas y sus candidatos evitando hipotecas demasiado costosas y riesgos de bonapartismo. La carta última del Presidente es que una candidatura dirigida y gobernada por la derecha no seria capaz de impedir el triunfo del candidato (antisistema) Ollanta: solo él está en condiciones de impedirlo.
Con la feroz campaña contra el candidato nacionalista lo que se pretendía y se seguirá pretendiendo es que no pase a la segunda vuelta, pero esto es cada vez menos viable. La encuesta de Ipsos-Apoyo (aparecida el 17 y 18 de Enero de 2010 en el periódico “El Comercio”) pone de manifiesto que por mucho que intenten manipular a la opinión pública, hoy por hoy, Ollanta Humala es un candidato bastante seguro para la segunda vuelta. Para decirlo de otra manera, el problema real, como anteriormente se indicó, es saber cuál será el candidato de la oligarquía con posibilidades reales de ganar a Ollanta en una previsible segunda vuelta.

En Perú, como en casi todas partes, las encuestas son un arma electoral. Ipsos-Apoyo es la empresa más solvente, pero se sabe con claridad que responde a los intereses de los grupos económicos dominantes. Ha intentado en estos últimos años situar en un lugar secundario a Ollanta Humala: no lo ha conseguido. Hoy tienen que reconocer que Ollanta ocupa el tercer lugar, pero que fuera de Lima es ya mayoritario. Si hacemos un análisis de lo que podríamos llamar “las tripas” de la encuesta de Apoyo llegamos a la conclusión de que el interior del Perú está subvalorado y que, lo que podríamos llamar Lima en un sentido amplio, está sobredimensionada. Más claramente, a nuestro juicio Ollanta Humala está en un suelo electoral del 20%, y se configura como alternativa viable

El problema de fondo es cómo pasar de un suelo del 20% a conquistar la mayoría del país. Esto requiere credibilidad, solvencia y fuerza organizada. Configurarse como una alternativa de gobierno y de poder en las condiciones del Perú exigirá de Ollanta, en primer lugar, un programa claro, radical y posible; en segundo lugar, un equipo solvente, es decir, Ollanta debe convencer a una parte mayoritaria de la población de que no solo quiere, sino que puede y para eso es decisivo un equipo de hombres y mujeres capaces de gobernar para transformar, tejiendo alianzas sociales, aglutinando mayorías sociales y sabiendo gestionar; en tercer lugar, debe vertebrar y organizar una fuerza político-social donde converjan movimientos sociales, intelectuales y profesionales críticos, sectores empresariales emergentes y fuerzas políticas regionales. Una campaña electoral entendida como un proceso prolongado de acumulación de fuerzas, de alianzas con los sectores medios y de re-asentamiento en los sectores populares. En este sentido, como en el 2006,Lima será decisiva.

En cuarto lugar, la campaña debe ser fuertemente propositiva, generadora de alternativas concretas y pegada al terreno de las necesidades básicas de las personas de carne y hueso, de los “comunes y corrientes”. El objetivo central de la misma, el imaginario (el marco) que hay que movilizar, es que el cambio es necesario y posible; que hay futuro para el Perú porque hay futuro para los ciudadanos y ciudadanos que viven en esa tierra. Que la esperanza de los más venza al miedo de los menos. Hay Alternativa.

El manifiesto a favor de la gran transformación y de la candidatura presidencial de Ollanta firmado por un conjunto de prestigiosos intelectuales va en el buen sentido: demostrar que Ollanta quiere, puede y sabe. Todo ello desde una defensa intransigente de los intereses nacionales y de las clases subalternas, que al fin y al cabo, son su sustento moral, electoral y político.

Manuel Monereo Pérez
Lima, Marzo 2010

martes, 23 de marzo de 2010

Preocupaciones

De Jaén,de la refundación y del peligro de restauración


Querido compañero:

Te escribo para expresarte algunas preocupaciones y que, si lo ves oportuno, las "socialices" con los amigos. Como sabes, el tema de Jaén está ya en su tramo final y temo que termine mal, muy mal. Sabes también que no soy neutral: soy amigo de los "críticos" de mi tierra desde siempre. Ahora bien (es tan viejo como el mundo de los que piensan y reflexionan sobre como piensan) reconocer la propia subjetividad no significa trasladarse al mundo de lo arbitrario, más bien al contrario: partir de la propia posición para decantarla intelectualmente hacia lo argumentable y lo racionalmente consistente.

Yendo derecho, lo de Jaén es simple: los críticos son mayoría desde hace mucho tiempo y el "mecanismo único" PCA-IUCA no lo admite. Se podrían dar muchas pruebas de lo que digo, por todas: la sentencia judicial que anula la anterior Asamblea Provincial de Jaén de IUCA. La resolución es tan concluyente que de darse para cualquier organismo público llevaría emparejada la dimisión por responsabilidades políticas. Desde IU se han exigido dimisiones por mucho menos. Aquí no: se premia al secreto urdidor del asunto y se le legitima en la practica como Coordinador Provincial, puesto al que concurrirá de nuevo con los parabienes del "mecanismo único". La paradoja, una más, es que los órganos de control democrático del Estado (¡de este Estado!) son más garantistas que los de IU, es decir, de una fuerza política de izquierdas, democrática, alternativa y hasta republicana. Moraleja: hay que ser prudentes y modestos sobre nuestras autoproclamaciones.

Las gentes no es tonta, miran y ven y, al final, miden la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Un resultado de todo esto suele ser la credibilidad, mejor dicho, la perdida de la credibilidad en un proyecto donde el hacer es apenas un eco del decir. Muchas veces nos quejamos, seguramente con razón, que un fallo, un error, de IU se paga durísimamente en términos políticos y electorales. Hay que entender las cosas: una parte grande de la población sabe perfectamente que en las fuerzas de lo existente (las grandes formaciones políticas) anidan la corrupción, la dependencia de la plutocracia y el apego al poder. Periódicamente (se juegan mucho) elijen casi siempre lo que les parece que es el mal menor, para luego continuar una vida que es todo menos fácil. ¿Por que votar una IU que para lo bueno y lo malo es una "copia" (algunas veces algo peor) de lo que hacen los demás?. Las palabras y las proclamaciones son importantes pero para "perder el voto" se exige mucho más, muchísimo más.

Lo de Jaén no es una anécdota no solo porque está en juego una provincia y mas de mil militantes, sino por que pone en cuestión la Refundación misma. Aquí quisiera iniciar una reflexión de más calado de la que nunca escribimos y de la que hablamos mucho, muchísimo. Me refiero a las relaciones PCE-IU

Cuando pasamos de IU "coalición" a IU "formación política de nuevo tipo" sabíamos lo que estábamos haciendo: iniciar la construcción de un movimiento-político social plural, democrático y de base programática. Un hombre y una mujer, un voto era el corolario necesario: ¿Por qué? Primero, porque pretendíamos atraer a miles de personas "sin partido" que emergían a la política en torno a Julio Anguita y al proyecto que él encabezaba. Segundo, la necesidad de formas nuevas de hacer política y de formas de organización -luego lo llamamos democracia participativa- más horizontales y más abiertas. Tercero, no podía haber militantes de primera y de segunda: los militantes del PCE éramos como los demás y nos sometíamos a las reglas comunes. Es más, algunas veces defendimos que era bueno que en la futura IU el PCE fuese minoría (se entiende organizativamente): señal de que el (su) proyecto había triunfado y que el movimiento político-social llegaba a su mayoría de edad. Hasta aquí la teoría.

Lo increíble es que la crisis de IU se da porque triunfa demasiado pronto. Cuando se pasó de fuerza de minoritaria de oposición a la oposición determinante, todas las costuras estallaron y todas las contradicciones aparecieron. Contradicciones transversales y que eran, antes que de nadie, del PCE: Nueva Izquierda fue una formación compuesta y dirigida por militantes comunistas en su inmensa mayoría. Lo primero fue la política y luego vino la organización. La contradicción real no fue nunca PCE si o PCE no, eso fue una trampa que ocultaba lo fundamental, a saber, el carácter autónomo y alternativo de Izquierda Unida. En momentos de "caída del muro" hacer anticomunismo daba (y da) réditos y los dirigentes ex-comunistas lo supieron usar con eficacia.

Quedaba un problema: las relaciones entre IU y el PCE. El asunto era simple: IU se cerraba, centenares de militantes, miles, se fueron y centenares de miles de votantes nos dejaron. Ahora, como antes, los debates seguían siendo entre comunistas dirigentes de IU y comunistas dirigentes del PCE (que a su vez eran de IU). Con un matiz: Gaspar Llamazares nunca fue, en las grandes cuestiones políticas, minoría. Se pudo cuestionar su gestión o sus formas organizativas, pero el grueso de su política (desde el así llamado Tratado Constitucional a los acuerdos de "asociación preferente" con Zapatero y alguna cosa más que no quiero acordarme) siempre contaron con un respaldo mayoritario y algunos fueron mucho más lejos que el otrora Coordinador de IU.

Esta es una cuestión muy difícil de dilucidar. Para decirlo directamente: esto se resuelve por IU o se resuelve por el PCE. Siempre hay puntos intermedios pero no caben demasiados atajos. La coherencia del Comité Provincial del PCA de Sevilla es en este punto digna de elogio y para mi respetable, precisamente por que no estoy de acuerdo con ella. Constato que dicha posición política requiere de respuestas y no de descalificaciones y, mucho menos, de artilugios ( Carrillo versus Claudín ) tan conocidos en nuestra tradición como el de "dejar pasar la pelota pero no al jugador". No hay que confundir política con politiqueria.

La propuesta es simple: convertir IU en una especie de CDU portuguesa, es decir, coalición electoral más o menos estable donde no se confundan el PCE y su frente electoral. En este sentido se haría realidad lo que se dice: el PCE recupera todas sus competencias excepto las electorales. Claro, que siempre queda la duda de por qué no se presenta el Partido con sus propias siglas en vez de "cargar" con unas que, hoy por hoy, tienen una realidad electoral, lo diríamos así, no demasiado brillante. Se me ocurre que tiene motivaciones estrictamente electorales. Parece normal

En Andalucía, sin embargo, se ha ido construyendo una formula que creo que esta cargada de futuro. El "modelo andaluz" intenta superar, desde la practica, las cuestiones planteadas por el PCA de Sevilla. El esquema es el siguiente: el PCA define la política de IU y la hace obligatoria para sus militantes a todos los niveles. Los que no la siguen, de una forma u otra, son separados, autoexcluidos o, simplemente, son dados de baja. A su vez el Partido cotiza colectivamente por el número y la cantidad que considera oportuna y, además, reclama su presencia pública. El objetivo es claro: todos, y especialmente los dirigentes de IUCA, deben de seguir las directivas de la dirección del PCA, desde la línea política, la composición de la dirección y sus funciones hasta, decisivo, las listas electorales.

Prácticamente, excepto la CUT, no hay otro tipo de afiliados que los militante del PCE, en sus diversas condiciones (activos, expulsados, excluidos, separados) y un número reducido de "independientes". En estas condiciones es más claro y más democrático el sistema propuesto por Sevilla.

Lo que se construye, paradojas de la política, es una democracia elitista u oligárquica: una estructura de poder define, fuera de la "esfera y de la deliberación pública" de los afiliados y afiliadas (formalmente iguales, como en nuestras democracias), las reglas y determina las decisiones porque "tiene más poder" (lo organización es poder) que la persona individual. Más claro: hay una asimetría estructural de poder; todos ya no son, no somos, en derechos y deberes, iguales, la desigualdad deviene en permanente. Lo de un hombre y una mujer, un voto es algo formal.

La única posibilidad, como se hizo en las viejas y antidemocráticas sociedades liberales, es organizarse y crear estructuras de poder como, en este caso, el PCA. Lo que se echa por la ventana entra por la puerta, es decir, al final hay coalición de partidos o, como pasa en Andalucía, un partido controla y determina IUCA. Para decirlo con más precisión, el sistema (el llamado modelo andaluz) funciona por que solo existe un partido (organizado) de verdad, si existieran varios, o seria una formación de corrientes organizadas (fracciones en el sentido de Lenin) o una coalición de partidos.

¿Se puede alguien imaginar una organización de varios partidos o fracciones que hicieran lo mismo que hace el PCA? Por eso, repito, organización de fracciones o coalición de partidos. El mecanismo, el truco, como diría el castizo, es que una fuerza política así constituida impide que ingresen otros partidos (con estas "barreras de entrada" es imposible competir) y hace muy difícil que personas individuales encuentren atractivo afiliarse (¡conforme está eso de militar en un partido!) a una organización así.

Luego están las marrullerías, como pasa en Jaén, que consiste en abusar del artilugio de poder. Si se cotiza colectivamente siempre se gana. Cuando hay disputa siempre aparecen afiliados, vivos o muertos, que dirimen los delegados y la mayorías en lo que realmente es importante: las direcciones que eligen a los cargos públicos, que no es otro el bien que se derime. Este método es mucho más fácil que otros como manipular censos, hacer aparecer y desaparecer afilados y cotizaciones virtuales consentidas por el órgano superior, siempre que sea de la misma "cuerda" o de la misma mayoría, si no lío y comisión de garantías.

Cuando el problema de una organización son sus censos, es decir, la carencia de censos limpios y veraces estamos en la antipolitica y en el triunfo de las oligarquías. Se puede matar al mensajero y decir que el problema no existe. Pero la verdad, como la vida, no se para y vuelve por la puerta. Todo ello en una organización que, con dificultades, anda por el 5 por ciento.

¿Es a eso a lo que vamos? ¿Es creíble?¿Merece la pena? No nos engañemos: dos estructuras (organizaciones) de poder paralelas y simétricas en todo el entramado (tan débil y con tan poca sustancia social) de IU no la llevó muy lejos (cuando habían mejores condiciones) y no creo que lleve muy lejos ahora.

Una organización política anticapitalista y con voluntad socialista y, digámoslo en serio, republicana, no se construirá si no es en base a la democracia participativa, la deliberación publica y un "demos" claro, es decir, un pueblo, un conjunto de ciudadanos y ciudadanas (afiliados y afiliados) conocidos (censos claros) y que decidan soberanamente. La legitimidad nace de esto: procedimientos claros, libertades republicanas e igualdad de opciones. La minoría aceptará las decisiones mayoritarias si las reglas se cumplen y si en algún momento posterior pueden ser mayoría. Cuando esto se impide (la manipulación de los censos y la arbitrariedad de las direcciones sirven para esto) lo que viene es el reino de la selva y la guerra civil interna.

¿Por que lo que pedimos como gobierno y sociedad no se puede cumplir en esta comunidad de hombres y mujeres libres que según decimos es IU?

Para terminar, yo sigo confiando en Cayo Lara. Su discurso y su estilo político me dicen que hay posibilidades de hacer girar las cosas. Hay que ayudarle en todo lo que se pueda.

Manolo Monereo. Lima 17 de Marzo del 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

Diálogo sobre un ideario socialista en el siglo XXI



Conferencia que tuvo lugar el pasado día 12 de febrero de 2010 en Jaén







Vídeos de la conferencia






 Audios de la conferencia


martes, 9 de marzo de 2010

Seminario: Por una alternativa emancipatoria a la crisis sistémica del capitalismo. Experiencias alternativas en la UE y América Latina

Organizado en el marco del Foro Social de Cataluña por la Asocciació Socialisme 21, FARGA, Forum ecologista de síntesis libertaria y Revista Viejo Topo, tuvo lugar el pasado día 30 de enero, en la Universidad de Barcelona. Moderó y presentó: Rosa Cañadell, y tuvo como ponentes a Ramón Franquesa, Severino Viraca, y Manuel Monereo Pérez

Audios


Video intervención Manuel Monereo

domingo, 7 de marzo de 2010

05-03-2010

La crisis de la Unión Europea y Julio Anguita



El otro día, sin avisar, me presenté en Córdoba. Nada le dije a Julio, pero quería verlo. Así que me fui a La Corredera y me puse a esperar con un excelente "montilla". Al poco rato apareció con su andar característico y solo. Nos saludamos con el cariño de siempre y les presente a mis amigos. Hablamos, también, de lo de siempre, de España, de la crisis, del Congreso del PCE y de IU. Lo normal: decepciones varias y esperanzas realistas, o sea, pocas, muy pocas.Y se fue como vino, dejandonos con ese deje de tristeza que dan las posibilidades perdidas y los fracasos colectivos que tienen siempre cara y ojos.

Después, con los amigos, seguimos dandole vueltas al pasado; qué se pudo hacer y no se hizo y los errores cometidos. Alguien, no me acuerdo bien quien, dijo ¿que pensará Julio de la crisis europea?;¿que pensaran hoy los dirigentes sindicales y políticos del PCE, PSUC e IU que organizaron un descomunal escándalo porque Julio habló del "fiasco de Maastricht"?. Me acordé de aquello de las "Memorias de Adriano" (¡que traducción de Julio Cortazar!) cuando la Yourcenar dice (al menos así lo recuerdo) que el mayor error de un político es acertar antes de tiempo. Efectivamente:¿cuantos errores de estos cometió Anguita?

De él aprendí, en ese y en otros debates, que para la "política política" hace falta tener ideas y coraje moral (él creo que empleaba otra palabra más concisa y clara). Si se está por la transformación (por la revolución) esto es decisivo: todas las batallas hay que darlas (solo se pierden las que no se dan) y no hay atajos que valgan cuando se está delante de un problema real ante el cual hay que tomar posición. Diga El País lo que diga y hasta Prisa completa.

Quisiera contar una anécdota. Estábamos en una Asamblea de IU típica (no se cual y apenas si importa ya): caos, lucha denodada por estar en la dirección y cola para ver a Julio (lo normal, colocarse). De pronto, Maastricht. ¡La que se armo!. Los que luego conformarían Nueva Izquierda, férreamente dirigidos por audaces sindicalistas, dijeron que hasta aquí habían llegado; que era una barbaridad y que la Comunidad Europea era intocable. Dijeron muchas más cosas y algunas impronunciables sobre supuestos cavernicolas (yo entre ellos) e involuciones ideológicas cocinadas no se sabe donde. La consigna: hay que ser como los italianos (como los restos del PCI, se entiende). Mejor no seguir.

En pleno lío aparecen los bomberos (los nombres se me han olvidado y solo me acuerdo de los cascos). Todos ellos, purita izquierda no más, intentaban rebajar el tono y que el Julio pactara. Nos buscaron a algunos que pensaban (¡craso error!) podían influir sobre el Coordinador. Pero no cedió.

¿Por que no cedió? (que conste, fue tentado infinidad de veces por diablos ,diablesas y hasta Belcebú en persona). Nunca fue un misterio y era bien simple: si IU aceptaba la Europa de Mastrich, dejaba de ser inmediatamente una fuerza de izquierda. Esa Unión Europea constitucionalizaba las políticas económicas neoliberales y hacían inviables las políticas alternativas. Aquí tampoco hay que engañarse: todos sabíamos que defendíamos posiciones económicas socialdemocráticas, ecologicamente fundamentadas (paz Paco Fernandez Buey y democrático radicales (paz Juan Ramón Capella). Eso era todo. Nada de extremismos. Los únicos extremistas eran los "expertos neoliberales" y sus amigos en IU y en el Sindicato. No eran pocos,la verdad.

Cuando llegó el tema del "euro" la cosas ya caminaban solas.Juan Francisco Martín Seco, Salvador Jové, Pedro Montes y Jesus Albarracín (por citar a amigos que tuvieron que aguantar de todo) no les hizo falta irse a la teoría de las "las zonas monetarias óptimas" y los "choques asimétricos" para advertir las graves consecuencias de una moneda única sin una hacienda, una legislación laboral y una seguridad social común.Todo ello, con un presupuesto ridículo y con una dinámica de ampliación suicida. Y lo fundamental, la degradación de nuestra débil democracia:se fue imponiendo una "constitución material" neoliberal que anulaba, de hecho, los aspectos más progresivos de nuestra constitución formal y que convertía en mera retorica eso de Estado social (¡si Herman Heller levantara la cabeza!) o aquello de la democracia avanzada por no hablar de la planificación o de llamada "constitución del trabajo".

Anguita a fuer de coherente se lo dijo públicamente al Rey :si los aspectos más progresivos de la Constitución no son efectivos y se rompe lo pactado nosotros no reconoceremos aquellos otros (la Monarquía,por ejemplo) que tuvimos que aceptar en aras del consenso básico. Aquí ya ardió Troya: ¡se mete hasta con nuestro Juan Carlos!. Absolutamente inadmisible.

Todo esto se repitió una y mil veces. Mi amigo Pedro Montes le dedicó un libro "La historia inacabada del euro", ese era el titulo si no recuerdo mal (¿se vendieron algunos ejemplares?). Han tenido que venir Krugman, Castell y algún otro para decirnos que siempre los supieron y que lo del "euro" fue un desastre. Pues qué bien.Yo siempre lo pensé, mis amigos también y a Julio, seguramente, le costó algún que otro infarto y la demolición (consciente y programada) personal y política. Anguita, que le va la marcha, aún dijo más (perdona Julio si no te cito literalmente): con esta mierda de Europa seguiremos siendo un satélite de los norteamericanos.Te equivocastes una vez más: ni eso solo masa de maniobra.

Nuestro consuelo,enorme, que Diego López Garrido (secretario de Estado para Europa) está trabajando para nosotros y nos salvará. Amén.


http:\\manuelmonereoperez.blogspot.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious digg meneame twitter

viernes, 5 de febrero de 2010

EL LENTO DECLIVE DE LA HEGEMONÍA USAMERICANA


Hace un año que el Consejo Nacional de Inteligencia de Usamerica hizo público su último informe titulado "Tendencias Globales en 2025" (El País,22-11-2008). Como es sabido, Michael T. Klare lo ha señalado en estos días, este centro es una conocida filial de la CIA especializado en análisis prospectivos de de las grandes tendencias de la economía y de las relaciones internacionales analizadas, no hace falta subrayarlo, desde el punto de vista y los intereses de la Administración de los EEUU.

Lo más significativo de dicho informe es que, por primera vez, un organismo oficial reconoce públicamente que "el dominio económico, político y militar de Estados Unidos en el mundo se debilitará progresivamente en las próximas dos décadas, dando paso a un nuevo equilibrio multipolar con una mayor presencia en la escena internacional de nuevos competidores como la India y China". Para los analistas del CNI, el poder económico y la riqueza se desplazarán progresivamente hacia Asia y que China emergerá como una gran potencia con la que necesariamente habrá que contar en el futuro.

Hasta aquí nada demasiado nuevo, quizás lo más sobresaliente esté en la importancia dada a la disputa por los recursos naturales (agua, energía) y el énfasis en las cuestiones ecológico-sociales como determinantes de los conflictos geopolíticos futuros de un mundo "global y multipolar". Un dato sí que llama la atención y es que, para los mencionados analistas, uno de los peligros más relevantes es que el tipo de capitalismo de las nuevas potencias emergentes es mucho más estatalista e intervencionista que el llamado modelo occidental.

Es necesario constatar que dicho informe se elaboró antes que se conocieran las dimensiones reales de la crisis económico-financiera norteamericana y que algunas de sus profecías se han cumplido mucho antes de lo esperado, hasta el punto que ya en estos días se ha hablado, con toda normalidad, de la emergencia de una nueva bipolaridad Usa-China ordenadora del mundo. En poco más de un año se ha pasado del G-7 (más Rusia) al llamado G-20 y que de nuevo (¡cuantas veces se repetirá esto en los próximos años!) se reconoce que es necesario configurar un nuevo orden internacional más justo y democrático.

Situar el tema de la crisis económica-financiera ayuda mucho a conocer los perfiles de una crisis de hegemonía largamente anunciada y da pistas de la conexión profunda entre los llamados ciclos sistémicos de acumulación y los ciclos hegemónicos tal como el recientemente fallecido Giovanni Arrighi analizó con tanta brillantez y rigor histórico. Efectivamente, si enfocamos el asunto desde la crisis de los años 70, veremos con toda claridad que la contrarrevolución neoliberal, la financiarización de la economía y la llamada globalización son parte, también, de la respuesta Usamericana al primer cuestionamiento real a su hegemonía en un mundo bipolarmente regulado.

Hay que decir, para evitar análisis excesivamente optimistas, que dicha respuesta consiguió todos los objetivos esperables y hasta los inesperables como la disolución del Pacto de Varsovia y la posterior desintegración de la Unión Sovietica. El proyecto político e ideológico de la globalización neoliberal aparece como el fundamento de un nuevo orden económico y militar al servicio de la recuperada hegemonía de la "hiperpotencia". Veinte años después todo ese mundo está saltando por los aires y parece que estamos ante una transición sistémica (inestable y plagada de incertidumbres, como toda transición) caracterizada por una (nueva) redistribución del poder a nivel mundial y el rediseño de nuevas estructuras hegemónicas capaces de gobernar la complejidad inherente a todo configuración multipolar.

Si pensamos que el poder es siempre relacional, lo primero que aparece es la emergencia de un conjunto de Grandes Potencias Continentales (los llamados BRIC) que están disputando y compitiendo por nuevos espacios y cuyo intereses geoeconómicos y geopolíticos deben ser tenidos en cuenta. Para decirlo con más claridad: estos países exigen voz y poder de decisión porque ya pueden hacerlo, porque tienen fuerza económica, política y militar para ello. Y otros, nunca se debe olvidar, ya no tienen tanto poder como antes.

Como ejemplo lo siguiente. Oscar Ugarteche y Leonel Carranco han analizado con mucha perspicacia las relaciones económica de los países del G-7 (lo que ellos llaman el G-7 Político) con el otro G-7 real por su PIB (G-7 de las reservas). Si lo medimos en poder de Paridad de compra (2008), en primer lugar esta Usamerica (14,58), después China (7,8), Japón (4,49), India (3,32), Alemania (2,86), Inglaterra (2,28), Rusia (2,23). Brasil anda en noveno lugar, pero se calcula que pasará, consecuencia de la crisis, al octavo, sustituyendo a Francia.

Lo paradójico de la situación es que en el G-7 político están los países más endeudados del mundo (lo que Ugarterche ha denominado, con cierta gracia, los PRAE: Países Ricos Altamente Endeudados), y que los BRIC son los acreedores y los que disponen de las mayores reservas.

Hay que tomar nota de que Usamerica ha necesitado en los últimos años más de dos mil millones diarios de dólares para cuadrar sus cuentas y que consumió (para eso le sirve su control del sistema financiero y monetario internacional) en el 2007 algo más del 40 por ciento del ahorro mundial. Si a lo anterior se le añade el incremento masivo de los déficit públicos como consecuencia del salvamento de la banca y de la imperiosa necesidad de colocar Bonos del Tesoro en el mercado mundial, nos daremos cuenta del poder de los acreedores y del debate real en torno al dólar y a la reforma de las instituciones internacionales.

El otro elemento de la discusión tiene que ver con los aspectos militares y estratégicos. El declive es siempre relativo y en ciclo largo: nadie deja de ser superpotencia de un día para otro y sin lucha. Obama significa, como lo fue Carter, el reconocimiento de las nuevas realidades y el esfuerzo por gobernar la crisis y, si puede, revertirla. En esto no hay que engañarse, lo de las bases militares en Colombia o el cínico espectáculo de Honduras dice mucho de los marcos de actuación reales y de los limites del "poder blando" más o menos inteligente.

El poder real, la gran baza, sigue siendo, como siempre, el político-militar. En Octubre de este año de gravísima crisis económico-financiera, Usamerica aprobó el mayor presupuesto militar de su historia (y de la humanidad, dicho sea de paso), 626 mil millones de dólares, sin contar con los mas de 400 mil millones de dólares que se están gastando en Afganistán y en Irak, es decir, casi la mitad el presupuesto total. Para ver las dimensiones reales del asunto baste señalar que el segundo presupuesto es el de Gran Bretaña: 50 mil millones de dólares (¡el 7 por ciento del usamericano!) .Detrás, como ha señalado Chalmers Johnson, el complejo económico, militar y técnico-científico dirigiendo un operativo compuesto, fuera de Usamerica, de más de 737 bases militares desplegadas en todo el mundo y 200 mil soldados dispuestos y preparados para intervenir en cualquier momento. Todo ello, sin contar con los efectivos en las guerras que el imperio libra en este momento. Seguramente es por lo que a Obama le han dado el Premio Nobel de la Paz: asegurar su liderazgo mundial en momentos de debilidad relativa. Las élites europeas muestran su verdadera política: subalternidad y dependencia del "amigo americano". Nada de autonomía, nada de criterios propios.
Y es que esta construcción europea (con o sin Tratado de Lisboa) está hecha para esto: desmantelar el Estado Social, organizar las condiciones para hacer irreversible el modelo neoliberal; impedir la construcción de una Europa democrática y federal y hacer inviable cualquier intento de una política independiente y soberana: lo de la política internacional y lo de los nuevos escenarios geopolíticos es cosa de Usamerica.

Lima. Noviembre de 2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

Entrevista en el Diario la Nación de Chile


29 Noviembre de 2009

Las venas siguen abiertas
Manuel Monereo es, jurista e investigador del Centro de Estudios Político y Social de España.
Foto: Leandro Chávez

Las venas siguen abiertas

El mundo no es el mismo después de la debacle financiera. Según el investigador español Manuel Monereo, las turbulencias redistribuyeron los ejes de poder. Para posicionarse en este escenario, la región debería apostar por la integración política, económica y militar entre sus países. “Si no lo hace, se perderá un tren que es irreversible”, asegura.

Cuando en septiembre del año pasado cayó Lehman Brothers y se desató la crisis mundial, de inmediato surgieron miles de elucubraciones sobre el rumbo que tomaría el mundo en ese momento. A más de un año del inicio de ese descalabro y con más antecedentes en la mano, se han hecho análisis bastante crudos. Uno de ellos es el que plantea el politólogo, jurista e investigador del Centro de Estudios Político y Social de España, Manuel Monereo.

El investigador participó el jueves en un seminario organizado por el Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, en el que se analizó la situación de América Latina postcrisis económica. El diagnóstico de Monereo fue claro: el continente tiene que potenciar hoy la integración entre sus naciones. A su juicio, no existe otro camino.

Según el experto español, la crisis económica generó un nuevo orden global. “Estamos viendo una redistribución muy fuerte del poder mundial, donde nuevos actores están emergiendo como grandes superpotencias. Vuelven los grandes actores continentales, como Rusia y Brasil, y el centro económico del mundo se está redistribuyendo a Asia, principalmente. Por otro lado, Estados Unidos seguirá siendo la superpotencia por una temporada larga, pero se encuentra con gravísimas dificultades económicas y siempre con la tentación de encontrar en el sur la reserva estratégica que le permita mantenerse en una situación de privilegio en las relaciones internacionales”, plantea.

-En ese escenario postcrisis, ¿qué rol le corresponde a Latinoamérica?
-Tendrá que plantearse de nuevo y en serio la integración económica, política, social y militar. Esa necesidad se hace más evidente después de la crisis. La única posibilidad que tiene es dar un salto de cualidad con tres objetivos fundamentales. Primero, actuar como sujeto político en este cambio de escenario mundial. Segundo, negociar en serio con las grandes transnacionales, que siguen siendo los sujetos económicos decisivos. Y tercero, negociar con Estados Unidos. Plantearse una nueva independencia. Esa mayor autonomía es lo que se verá inexorablemente en este próximo período. Si no es así, América Latina tendrá grandes dificultades, porque, dada la dimensión de los actores en juego, cada uno de los países no tendrá la fuerza para situarse bien en este nuevo contexto.

-¿Cuáles serían las dificultades que se presentarían si no da ese salto?
-Principalmente, dificultades económicas. La crisis está significando una contracción del crédito a nivel mundial de grandes proporciones, el mercado internacional se restringió y, además, ha provocado efectos devastadores en las economías internas. Y si bien este shock pilló a América Latina con muchas mejores reservas, puede durar un largo tiempo, generando en el futuro problemas de deuda.

-¿Qué es lo que deben hacer en la práctica los países del continente?
-Varias cosas. Primero, generar una unidad que sea en serio y políticamente conducida. Segundo, hacer que los pueblos noten que esa unidad servirá para algo. Si esto es sólo un proceso de la elite económica o de lo estadistas, no resultará. Hay que implicar a los pueblos y hablarles de que el viejo proyecto de la patria grande y de la unidad latinoamericana es un proyecto atractivo. Y por último, esto se hace rompiendo con los moldes del neoliberalismo. Después de tres décadas, está en crisis como pensamiento, pero no así como realidad social.

-El modelo neoliberal es el que impera en América Latina y el resto del mundo…
-Ese es el problema de fondo. Pero hay una contradicción terrible: todo el mundo sabe que el neoliberalismo está en crisis, pero no hay una alternativa política que lo sustituya. El problema es que las crisis se irán reproduciendo.

-Los expertos aseguran que cada cierto tiempo se producirán burbujas en el sector financiero.
-La primera burbuja que se hinchará es la del salvataje bancario, porque son absurdas las subidas de las bolsas cuando la economía real está por los suelos en todas partes. ¿Por qué se están disparando? Por la inyección de millones de dólares que se le ha dado a la banca y a la bolsa. Eso ha creado un optimismo fácil.

-Cuando hablamos de integración, ¿qué nivel requiere ese proceso?
-Eso hay que definirlo. La integración es tener mayor autonomía energética, alimentaria, en recursos naturales y ponerse de acuerdo en el cambio de la matriz productiva de los países. Y, por otro lado, lo que yo llamaría una autonomía político-militar.

-No sería un proceso sencillo. En el continente se han promovido iniciativas que no han prosperado, como el anillo energético.
-Pero cada cual tiene su propia variante. Más que en grandes principios, hay que buscar acuerdos concretos, no grandes palabras. Por ejemplo, decir que vamos a crear una cooperación activa y fuerte para concentrarnos en el problema energético o cómo logramos que la unión de naciones latinoamericanas se comprometa a ser más autónoma y prioriza a países como Chile, que no tiene energía propia.

-¿Una integración más práctica que ideológica?
-Claro, buscar políticamente grandes acuerdos sobre temas concretos y sobre eso ir creando instituciones supranacionales, que supervisen esos acuerdos, que los pongan en marcha y que vayan más allá de las palabras de que somos latinoamericanos y que nos queremos mucho. La construcción de un polo de poder económico, político y militar es decisiva para cada uno de los pueblos latinoamericanos. Si eso no se hace, se perderá un tren que es irreversible.

-¿A quién le corresponde liderar ese proceso de integración en América Latina?
-Brasil. Son los grandes países del sur, como Brasil, Chile y Argentina, los que tiene capacidad de tirar a otras naciones como Bolivia y Perú. El liderazgo se gana con poder y Brasil lo tiene.


http://www.lanacion.cl/las-venas-siguen-abiertas/noticias/2009-11-28/175525.html#tc_tab1

sábado, 10 de octubre de 2009

Entrevista en la Revista Pueblos: Es necesario refundar la izquierda



Pueblos. Revista de información y debate
http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1743
Manuel Monereo: “Es necesario refundar la izquierda”
PUEBLOS Nº 39 - SEPTIEMBRE DE 2009 - MIRADAS: ELECCIONES EUROPEAS / Aloia Álvarez Feáns
Viernes, 2 de octubre de 2009
/ Revista Pueblos
Es politólogo, abogado laboralista, director del Área Política de El Viejo Topo, miembro del patronato de la Fundación de Investigaciones Marxistas y, sobre todo, militante histórico de una izquierda que, según él, precisa de una verdadera reconstrucción. Ha formado parte de la directiva de Izquierda Unida y hoy se congratula de ser “simplemente militante de base” de dicha formación. En esta entrevista, Manuel Monereo Pérez nos ofrece su nada halagüeña valoración de las recientes elecciones al Parlamento Europeo en el Estado español; traza el perfil de una izquierda con “poco coraje moral”, a la que invita a la “convergencia y la unidad en la acción”, y nos anima a tomar las calles.

El pasado mes de junio se celebraron elecciones al Parlamento Europeo en los 27 países que conforman actualmente la UE. Para empezar, nos gustaría que nos hicieses una valoración general sobre los resultados de estas elecciones. ¿Qué dato destacarías?

JPEG - 60.1 KB
Foto cedida por El Viejo Topo

La primera cuestión que aparece con claridad es la enorme abstención, que sigue creciendo; y aquí hay un aspecto paradójico, porque desde el punto de vista político- práctico los temas de Europa son mucho más importantes de lo que la ciudadanía cree, ¿Por qué? Porque España, de facto, ya no es un Estado-nación sino que cada vez más, sobre todo desde el punto de vista socieconómico, es una comunidad autónoma de Europa. Pero la gente siente cada vez más los temas de Europa como lejanos y negativos y este alejamiento se da en España en un contexto en el que aparecen tres elementos clave: una lenta decadencia del PSOE (la crisis económica ha afectado profundamente a su estabilidad); un ascenso seguramente menor de lo esperado del PP (es decir, la ciudadanía se abstiene y no parece que haga una valoración muy positiva de ninguna de las dos formaciones) e IU, que es donde yo me inscribo, sigue sin ser un referente de la izquierda social del país, sigue apareciendo sin perfil propio, sin capacidad de recoger el discurso crítico de la ciudadanía ante la opción bipartidista. Hay una especie de crítica global al bipartidismo y a los grandes partidos, pero no hay nadie, ni a la izquierda ni a la derecha, que sea capaz de recogerlo; con, quizás, dos fenómenos nuevos, que son el partido de Rosa Díez, que se ha convertido en la tercera fuerza en más de 30 provincias; y que las expectativas de fuerzas a la izquierda de IU también han aparecido muy bajas, dejando a un lado el fenómeno de Euskadi, donde el voto de HB aparece en este caso apoyando a Iniciativa Internacionalista.

Esa lejanía de los/as ciudadanos/ as deriva probablemente, en parte, de la desinformación. Esa paradoja de la que hablas, ¿podría estar alimentada desde las altas instancias? ¿Cuanto menos se sepa, mayor margen de maniobra?

De algún modo sí. Europa es siempre la gran justificación. Hay un mecanismo perverso: Europa es una construcción básicamente antidemocrática y eso permite que se puedan hacer en conciliábulo políticas que la ciudadanía no conoce y que se acaban imponiendo casi como un hecho natural. Hay un autor francés, Jacques Sapir, que dice que la característica de la construcción europea es la naturalización de la economía de mercado y, en segundo lugar, la despolitización de la política económica, que se deja en manos de los expertos. Son los economistas los que definen las grandes opciones, y los demás son los que definen las leyes de lo posible. La política se hace en las leyes de lo posible y es la expertocracia tecnocrática de Bruselas la que nos dice lo que hay que hacer; se acota el terreno de lo político a lo que dejan los poderes fácticos. Europa es básicamente la administración de los grandes negocios transnacionales y se ha ido perdiendo la esencia de lo que ha sido el Estado-nación en los últimos 100 años, la democracia social, la única que conocemos, con todos sus agujeros negros, claro. Se han ido cortando los poderes al Estado-nación y se han trasladado a un organismo europeo y al final lo que queda de Europa es lo que nos deja el Banco Central Europeo, un organismo independiente de la política y la ciudadanía; es decir, un desastre económico y social para la gente de abajo. Hemos cedido nuestra soberanía económica a un poder incontrolado democráticamente, controlado por las fuerzas del mercado, las grandes transnacionales, en un momento, además, de crisis especialmente grave.

¿Y la izquierda? ¿Dónde se sitúa en esta coyuntura?

La izquierda y los movimientos sociales tienen que ir definiéndose ya. Hasta ahora hemos venido defendiendo un guión en la izquierda que venía a ser lo siguiente: construyamos los Estados Unidos de Europa y refundemos la UE. Hemos permanecido más o menos callados sobre las pérdidas de soberanía de los Estados-nación pensando que eso iba a dar como resultado una especie de Estado federal europeo; y eso no se va a alcanzar. Entonces, ¿qué hacemos? Con esta estructura de la UE nunca veremos un proceso constituyente democrático. Unos y otros hemos ido orillando este problema ante la llamada globalización capitalista, por un lado, y ante el propio proceso de integración. Ahora bien, lo que se está demostrando son dos cosas: que no hay más democracia que la del Estado-nación y que los procesos de integración europea son sustancial y radicalmente antidemocráticos. No sé si tendremos ya que pensar que esta Europa no tiene solución y que hay que pensar en otra Europa y en un repliegue hacia el Estadonación. Pero hay un problema, y es que en el proceso de construcción europea se ha avanzado mucho, sobre todo con el euro, y esa es una situación dramática en función del tiempo que dure la crisis. Si la crisis económica, como algunos pensamos, viene para quedarse, eso va a poner en cuestión este modelo de construcción europea y ya veremos cuál va a ser la salida. Pero eso también va a obligar a la izquierda política y social europea a plantearse que esta Europa tal como está concebida es contraria a los intereses de los trabajadores y los ciudadanos.

Vamos a concretar un poco más, ¿cómo valoras los resultados de los partidos de izquierda en el Estado español?

En concreto el resultado de IU es muy malo en unas elecciones que son muy cómodas para esta formación. No estoy de acuerdo con la lectura “moderadamente positiva” de la dirección de IU sobre estos resultados. Creo que son muy malos por dos razones. Una, son los resultados de unas elecciones donde el bipartidismo no juega con la misma fuerza que en unas generales o municipales, y dos, el sistema electoral es casi proporcional al ser una circunscripción única, y eso ha permitido que IU, habiendo bajado en votos y porcentaje, siga manteniendo dos diputados. Demuestra que en una situación de gravísima crisis económica IU no levanta cabeza. Pero es que no levanta cabeza tampoco la izquierda a su izquierda, es decir, las expectativas que se habían puesto sobre Izquierda Anticapitalista e Iniciativa Internacionalista, más allá de Euskadi, no han tenido reflejo, lo que nos obliga a una reflexión sobre la enorme debilidad de la izquierda social en este contexto político. La crisis ha llegado con un desempleo dramático, pero eso está teniendo más una lectura hacia la derecha y la conservación que hacia la izquierda, y ese es el gran debate que tenemos que tener ahora.

¿Cómo lo iniciarías?

La cuestión es asentarse bien en la realidad del país. Creo que en general la izquierda social española tiene una mala lectura del país y los trabajadores. Ahora que el patrón de crecimiento ha entrado en crisis podemos ver con claridad que este patrón, que nos ha llevado a un ciclo de crecimiento de 13 años, ha tenido efectos devastadores en la conciencia de la clase obrera. Más allá de lo crítico que se pueda y deba ser frente a la izquierda sindical, que ha tenido pocas luces en este proceso, es cierto también que se da en un contexto en el que gran parte de los trabajadores de este país se han sentido perfectamente integrados en este modelo de crecimiento. Eso es lo que hace que llegue la crisis y que la clase obrera reaccione más en clave conservadora que alternativa y que no haya una respuesta social de combate frente a la crisis, sino más bien de miedo y pérdida de referentes. Esto es lo que refleja el mapa electoral.

Quizás por este motivo es altamente improbable que planteamientos como el del decrecimiento económico cuajen en la ciudadanía... ¿Qué opinas?

Plantearse en un momento en el que hay un decrecimiento real el decrecimiento como estrategia tiene poco que ver con esa clase obrera y estos jóvenes que de una u otra manera se han visto plenamente integrados en este patrón de crecimiento que ha entrado definitivamente en crisis. ¿Qué ocurre? Que cuando a la izquierda del PSOE no ha habido nada serio desde el punto de vista social y político, y llega la crisis, la primera reacción que tiene la clase obrera es el miedo y el conservadurismo.

¿Cuál es la situación actual del Tratado de Lisboa?

Ahora mismo están, ante el asombro general, intentando que Irlanda repita el referéndum en octubre para poder aprobar el Tratado de Lisboa como mecanismo para darle una cierta continuidad a lo que se llama la gobernanza europea. Uno de los mecanismos que ha empleado Europa para impedir la política democrática ha sido la ampliación hacia el Este, que la izquierda, estúpidamente, como hace siempre, consideró que era positiva. En una Europa de 27 es cada vez más difícil tomar las decisiones y los aspectos más desreguladores y mercantilistas son los que se imponen. Esta Europa es ingobernable desde el punto de vista democrático, y eso hará que la gobernanza no democrática sea lo que se imponga. Lo que ha ocurrido es que la crisis también pone en crisis la ampliación hacia el Este. Prácticamente todos los países del Este están quebrados en este momento, lo que se ha agravado por el ingreso en la UE.

Parece inevitable hablar de crisis en estos momentos. ¿Cuáles son tus perspectivas al respecto?

En esta coyuntura, dada la correlación de fuerzas, claramente favorable a las clases dominantes, es evidente que se va a agudizar el conflicto de clases. Los gobiernos se han endeudado enormemente para salvar a la banca y a los ricos practicando políticas intervencionistas, y eso resta mucho margen de maniobra a los Estados para una política más audaz de salida de la crisis. Las clases dominantes van a intentar que los trabajadores paguen la factura, la posición de la patronal española es en eso evidente. Plantea cosas que son las líneas maestras de una política de fondo que tarde o temprano aparecerá en la UE, como políticas de la Comisión y de este Parlamento que acaba de salir: abaratar más el despido de los trabajadores, flexibilizar más el mercado de trabajo; reducir los derechos sociales, fundamentalmente de prestaciones al desempleo; e intentar intervenir en la seguridad social. Al final, el mecanismo es el mismo: golpear los derechos sociales y laborales y darle más peso al capital financiero, que nos ha llevado a esta situación de crisis. Esta crisis puede ser la salida del neoliberalismo hacia la izquierda pero también hacia la derecha, y desde el recetario neoliberal se están imponiendo cada vez políticas más derechistas.

Sin querer caer en teorías de la conspiración, es evidente que quienes manejan esta globalización neoliberal conocen los terribles impactos que tienen sus políticas sobre la mayor parte de la humanidad, pero parece que los consideran como “daños colaterales”. ¿Qué podemos hacer nosotros/as frente a esta realidad?

Mira, decía Lenin, con mucha inteligencia, que no hay política sin conspiración, aunque no todo en la política lo sea. Sí, se está conspirando contra los pueblos, pero quien organiza esa conspiración no está en un lugar cerrado lleno de humo... se conspira contra los pueblos en los grandes centros de poder económico, abiertamente. Se está diciendo que esta crisis, que es una pérdida de poder de los trabajadores, la tienen que pagar ellos. El “fracaso” de una política no mide que sea verdadera o falsa sino si tiene fuerza social para imponerse o no. Estamos viviendo la crisis de la globalización neoliberal pero eso no significa que sea su fin, simplemente puede terminar siendo una especie de suspensión y de recomposición de políticas aún peores. Sin una resistencia organizada de los trabajadores en la calle y en las instituciones no caerá el neoliberalismo, porque la política siente horror al vacío. Si los de abajo no reaccionan, se organizan y proponen una alternativa política no vamos a ningún lado. Lo que demuestran estas elecciones europeas es que la izquierda social no tiene una política a la altura de lo que requiere esta situación. Lo mas dramático ha sido en Italia y España, pero es una situación tremendamente preocupante para toda la izquierda europea. Hay países, como Grecia, Dinamarca, Portugal, Francia, hasta cierto punto Alemania, Holanda..., en los que la carencia de una alternativa es notable, pero hay capacidad de resistencia y propuesta. El problema en España e Italia es que no tenemos ni capacidad de resistencia ante esta situación. Yante eso, lo que nota uno en la izquierda, y yo soy militante de base de IU, es la falta de coraje moral y de rigor del conjunto de la izquierda “transformadora” para enfrentar esta nueva fase. Creo que el momento obliga a dar un movimiento de reconstrucción de la izquierda y lo que se ve es una falta absoluta de capacidad para poner en pie un programa alternativo, de convergencia y unidad en la acción, para dar una respuesta positiva a esta situación. Es necesario refundar la izquierda en base a un programa común para la acción común. Si no retomamos la calle y la movilización social no va a haber ninguna recomposición de la izquierda. No creo que en España haya fuerza para hacer la revolución, pero sí para generar un polo alternativo en la sociedad que sea un referente para la gente.


Redacción Pueblos. Esta entrevista ha sido publicada en el nº 39 de la Revista Pueblos, septiembre de 2009


sábado, 26 de septiembre de 2009

Para reconstruir la izquierda social y cultural



El debate, si se puede llamar así, político del pasado verano da muchas y buenas pistas sobre los temas de fondo que organizan eso que se ha llamado “la opinión pública”. El primer asunto de importancia, no por orden cronológico, ha sido la polémica, que todavía colea, entre PRISA y el gobierno de Zapatero (hablo del gobierno y no del PSOE, no por casualidad, como luego se verá). El motivo, como es sabido, ha sido la regulación por decreto-ley del sistema de pago para la TDT. La brutalidad de la respuesta de los representantes de la citada empresa de comunicación, agobiada por una deuda que ronda los cinco mil millones de euros, demuestra hasta qué punto están rotas las relaciones entre el gobierno y el sistema mediático empresarial que, hasta ahora, ha condicionado y, hasta cierto punto, apoyado a ese gobierno.

El tema es muy viejo en la política y consiste en algo tan simple, pero tan importante como la creación desde el gobierno de grupos mediáticos que lo apoyen y lo sostengan. Esto lo ha hecho el PSOE y lo ha hecho el PP, al igual que, desde otro ámbito, lo hacen los partidos nacionalistas. Tan vieja también como el mundo es la tendencia de estos grupos mediático-financieros de autonomizarse y convertirse en lobbys que acaban determinando muchas veces las políticas del partido que en otros momentos los impulsó. Es evidente que Zapatero sintió negativamente, ya desde la oposición, la presión de PRISA y que desde el gobierno ha intentado e intenta crear un grupo de apoyo mediático que, sin romper definitivamente con PRISA, sí que la limite y le asegure márgenes de maniobra mucho más grandes.

Como se ha encargado de decir Juan Luis Cebrián, el consejero delegado de PRISA, en el fondo hay algo más, que es la cuestión del felipismo. En esto no hay que engañarse: el felipismo fue una trama de poder que interconectó grupos económicos, gobiernos locales y regionales y estructuras partidarias. De una u otra forma, desde el gobierno o la oposición, esas estructuras y redes de influencia se siguen manteniendo; sin ellas nunca hubiesen sido posibles cosas como el GAL, la corrupción generalizada y la decisiva influencia de PRISA y sus medios, aquí y en América Latina.

Dichas estructuras, con diversas aristas, han sido puestas directamente al servicio de gentes como Slim (seguramente la primera fortuna del mundo), del cual González es un conocido ayudante y tiene como núcleo de influencia el llamado “Club de Madrid”, que no es otra cosa que el defensor a ultranza de los intereses de las transnacionales con pabellón español y enemigo mortal de las experiencias de transformación social que se desarrollan en América Latina. La línea editorial de El Paísy de sus clones latinoamericanos son, en este sentido, más que evidentes y compiten abiertamente con la derecha extrema española.

Es importante retener la cuestión del felipismo porque, como más adelante se verá, tiene mucho que ver con las disensiones en el grupo económico del gobierno que han dado como fruto la dimisión de su todopoderoso vicepresidente económico, las críticas abiertas de gentes como Almunia y la salida de la política del otrora amigo político de Zapatero, Jordi Sevilla.

La corrupción al galope

El segundo asunto que nos ha ocupado durante el verano tiene que ver con el espinoso tema de las corrupciones del PP y las denuncias de escuchas telefónicas realizadas desde los aparatos del Estado. Que desde el Ministerio del Interior se realicen campañas contra la oposición política y social no nos debe de extrañar demasiado: lo han practicado aquí el PSOE y el PP cuándo y dónde gobiernan. Es más, las críticas del PP al gobierno se dan, justamente, en un contexto en el que hay procedimientos judiciales abiertos contra el gobierno de la Comunidad de Madrid por seguimientos y espionaje -esto si que es una novedad- a disidentes políticos contrarios a Esperanza Aguirre.

El problema de fondo no es otro que la corrupción. Tampoco en esto hay que engañarse: el patrón o modelo de crecimiento español en estos doce últimos años ha sido posible y se ha mantenido por la complicidad de las fuerzas políticas mayoritarias, en el Estado y en las Autonomías, con los grupos de poder financiero-inmobiliarios. Han sido el gobierno central, las Autonomías y las instituciones locales los que han hecho la vista gorda ante los desastres urbanísticos, han seguido desregulando y privatizando, a cambio de (esta es su mejor cara) conseguir ingresos para sus menguadas arcas, financiación extra para las cada vez más costosas campañas electorales, cuando no corrupción directa de personas que se han enriquecido espectacularmente ante la pasividad, sino el abierto apoyo, de una opinión pública que asocia como normal la corrupción y la política.

Tarde o temprano, esta enorme y sistemática corrupción, emergerá. Se tiene la sensación de que el conflicto entre las grandes formaciones políticas está relacionado con la ruptura de un pacto no escrito que consiste en taparse mutuamente las corrupciones y situarlas al margen del debate político. En el fondo, hay que insistir en el enorme poder político de la oligarquía financiero inmobiliaria y mediática para controlar la agenda del gobierno e imponer sus “alternativas”.

Hay que empezar a preguntarse, también, si esta corrupción generalizada semioculta que sólo parcialmente nos facilitan los medios de comunicación no está inserta en el corazón de nuestra propia sociedad, si no se trata de un cáncer moral perfectamente arraigado entre nosotros. Un cáncer cuyo origen tal vez se halle en el mismo origen de la etapa democrática: no hubo ruptura, sino reforma, y con ello se arrastraron todos los vicios y hábitos imperantes en el tardofranquismo.

El asunto no es baladí, pues hay ya síntomas alarmantes de que la pretendida “sociedad civil” (léase grandes empresarios y familias ricas “de toda la vida”) reclama su parte del pastel. El caso de Félix Millet, un patricio barcelonés de una familia que ha estado en la cima fuera cual fuera el régimen político imperante, y que supuestamente se ha metido en el bolsillo más de diez millones de euros provenientes de subvenciones de las administraciones públicas destinadas al Palau de la Música, puede ser la punta de un iceberg de dimensiones insospechadas.

El debate de la subida de impuestos

El tercer asunto de importancia, muy relacionado con los otros dos, tiene que ver con el debate sobre la crisis y, específicamente, con las propuestas, por lo que se ve, moderadísimas, de incremento impositivo del gobierno. No se sabe si sorprende más la “hipocresía organizada” de los grupos económicos y mediáticos de poder o la enorme debilidad de la respuesta de un gobierno y del partido que teóricamente le apoya. Todos los debates se entrecruzan en este: lo que está en cuestión es el poder de los que tienen el poder para imponer “su” salida a la crisis.

El presidente de la patronal (convicto y confeso admirador de Esperanza Aguirre), en un momento álgido de la crisis, pidió, exigió que “se suspendiera temporalmente la economía de mercado” y propuso una contundente intervención del Estado en la economía ante una previsible catástrofe económica. La patronal y los grupos de poder económicos no tuvieron dudas, a pesar de que se incrementara sustancialmente el déficit público, en poner miles de millones de euros de los contribuyentes para sanear, de nuevo, el sistema financiero y ayudar de diversas formas a la empresa privada a través del gasto público. Pues bien, esta misma patronal, junto con toda la enorme trama mediático comunicacional, ha seguido insistiendo en la necesidad de abaratar el despido, aumentar la edad de jubilación y disminuir las pensiones ante la enésima amenaza de quiebra de la seguridad social.

El gobierno, frente a una gravísima crisis y ante la necesidad de proteger a los sectores más débiles, ha abierto mal y tarde el debate sobre un previsible incremento de impuestos para paliar un déficit público en expansión. La debilidad del gobierno resulta patética. España tiene uno de los más injustos sistemas tributarios de la UE y su gasto público sigue estando muy por debajo de la media europea; esto se agrava con nuestro insuficiente y escaso gasto social. Ante esto, el gobierno lanza un globo sonda y la oposición combinada del PP y de los grupos mediático-financieros, rebaja las expectativas de la misma hasta el punto que se tratarán de modificaciones temporales y nada significativas, según anuncia el propio Zapatero

Este “debate” señala elementos, como antes se dijo, muy significativo de nuestra realidad político-social. En primer lugar, pone de manifiesto que nuestro patrón de crecimiento ha generado, entre otras cosas, una distribución extremadamente desigual de renta, riqueza y poder. Hay una oligarquía financiero inmobiliaria que sigue acumulando poder político y que pretende, una vez más, que la salida a la crisis no cuestione en lo más mínimo los fundamentos de su poder económico, mediático y político.

En segundo lugar, el gobierno está a la defensiva, sin propuestas reales alternativas a la crisis del patrón de crecimiento. El PSOE y todo su inmenso poder institucional no está respondiendo a los desafíos políticos de una derecha a la ofensiva y que se ve ganadora a medio plazo. La alianza real de Zapatero está establecida con los sindicatos, con UGT y CCOO. Lo más significativo, no obstante, es que ni siquiera éstos están respondiendo con alguna contundencia a los desafíos de una patronal que sabe lo que quiere y que está más que dispuesta, si el gobierno no cede a sus exigencias, a ser la base de masas del PP.

En tercer lugar, la crisis viene para quedarse. Con o sin brotes verdes, el paro, la precariedad, la sobreexplotación van a continuar y con ello la inseguridad y el miedo ante la carencia de alternativas. El conflicto social básico va a estar presente durante mucho tiempo y la apuesta de los poderes económicos es clara y diáfana: ajuste salarial y ajuste social, es decir, menos poder de los trabajadores y sus organizaciones en la sociedad.

En cuarto lugar, destaca el escaso apoyo que Zapatero recibe en este terreno por parte de las Autonomías en las que el PSOE gobierna. Como si cualquier medida debiera tomarse exclusivamente desde el gobierno del Estado, los gobiernos autonómicos parecen, cuando se habla de crisis, mirar hacia otro lado. Especialmente notable es el caso de Cataluña, cuyo conseller de economía, Antoni Castells, ha rechazado explícitamente un posible aumento de impuestos, algo paradójico si se tiene en cuenta la reciente aprobación de la nueva financiación autonómica, y la inexistencia de recursos suficientes para llevarla a cabo. Resulta sorprendente que, siendo España un país fuertemente descentralizado, los gobiernos autonómicos opten por esperar plácidamente a que les arreglen el tema desde el gobierno central, mientras aprueban un ERE tras otro.

En quinto lugar: en estas condiciones, el gobierno Zapatero perderá las próximas elecciones, de las cuales emergerá una derecha política y económica con un programa abiertamente neoliberal y de aplicación pura y dura. La tentación es situarse, como tantas veces, defendiendo un gobierno que no sabe defenderse ante el peligro, real, de que llegue la derecha. Se debe, con sinceridad y con modestia, responder al temor de las gentes, pero la estrategia del mal menor, en estas condiciones, puede terminar siendo el mal mayor.

La salida, ¿hacia dónde?

Que el gobierno de Zapatero podría responder desde la izquierda a la situación, es evidente; el programa para esta ofensiva se le ha venido ofreciendo desde la izquierda social y política. Basta leer lo que han venido proponiendo Juan Torres, Vicenç Navarro, José Manuel Naredo, Juan Ramón Capella, Miguel Ángel Llorente o Albert Recio. La cuestión antes apuntada del felipismo tiene mucho que ver con esto: para hacer otra política desde la izquierda, Zapatero debería hacer otro PSOE. Ni PRISA, ni los barones y baronesas ni las tramas de poder de las que es parte, se lo van a consentir. A Borrell nunca le perdonaron intentarlo.

El “zapaterismo” ha consistido en el intento de humanizar el modelo neoliberal, respetando las bases económicas del patrón de crecimiento e intentando redistribuir mejor. Cuando ha llegado la crisis todo este esquema ha saltado por los aires. Zapatero no acepta que el peso de la crisis, una vez más, caiga sobre los trabajadores y busca conciliar esta decisión con los grupos económicos de poder, a lo que éstos se niegan; la dimisión de Solbes tiene mucho que ver con ello. Con todo esto se pone de manifiesto algo que ya sabíamos y que es bueno no olvidar: que el bipartidismo no es sólo ni principalmente una cuestión electoral, sino un modo de organizar el poder. Más contundentemente: es el instrumento del que se valen los que tienen el poder económico, y derivadamente el poder político, para no perderlo.

Tener claro esto y no hacerse falsas ilusiones es perfectamente compatible ( da un poco de vergüenza tener que decir esto a estas alturas) con acuerdos con el gobierno y con el partido que lo apoya para la defensa de los derechos de los trabajadores y de aquellas medidas que dignifiquen y mejoren la situación de los sectores más golpeados por la crisis, pero sabiendo que de este gobierno, no sólo no va a salir una alternativa coherente de izquierdas, sino que, desgraciadamente, sus incongruencias terminarán por facilitar el paso a la derecha.

Resistir el impacto combinado de la oposición política, de casi todos los medios de comunicación y de la jerarquía eclesiástica sería una prueba difícil para cualquier gobierno sólido; para un gobierno timorato, indeciso, carente de figuras que respalden al presidente, la misión se convierte en imposible.

La izquierda paralizada

Hasta ahora, no es por casualidad, nada hemos dicho de las izquierdas a la izquierda del Partido Socialista. Lo menos que se puede decir es que éstas viven una situación caracterizada por la carencia de un proyecto alternativo, la pérdida de apoyo social y electoral y una fragmentación que se va incrementando con el tiempo. Lo más grave es que dichas izquierdas niegan en la práctica esta realidad y poco o nada hacen por superarla. La valoración que han hecho de las recientes elecciones europeas invita al pesimismo. No sabemos si es peor la autocomplacencia o la supina ignorancia ante realidades que ni se pueden ni se deben de ignorar.

Que la izquierda en general y que la izquierda transformadora y anticapitalista en particular, no viven un gran momento en Europa, parece evidente. Pero hay casos y casos. La izquierda alternativa española, junto con la italiana, están en una situación que hay que calificar de emergencia y de práctica desaparición como referente electoral y social. Eso no ocurre en Alemania, en Portugal, en Grecia y ni siquiera en Francia, donde se conserva un importante espacio electoral, una fuerte capacidad de movilización y, lo más importante, están sacando consecuencias del coste político que tienen las divisiones y los hegemonismos más o menos explícitos.

Parafraseando un viejo artículo de Naredo, en España hace falta una oposición que realmente se oponga, una oposición social, cultural y política a los grupos de poder dominantes y a las fuerzas políticas que directa o indirectamente los apoyan. Sin esta toma de posición clara y firme, todo lo demás son meras palabras que a casi nadie convencen ya. De la mala situación de la izquierda alternativa en España no se va a salir con esporádicos llamamientos a la unidad ni con situarse como izquierda complementaria del PSOE, sino propiciando una nueva convergencia social, política y cultural con el objetivo explícito, no de salir en abstracto de la crisis, sino del capitalismo neoliberal en crisis.

Es importante tener claro que estamos ante una larga travesía del desierto; ante un éxodo de grandes proporciones; ante un territorio duro y difícil de atravesar, lo que exigirá saber a dónde se quiere ir, cómo y con quién, sabiendo que el trayecto exigirá un fuerte compromiso ético-político, mucha determinación y capacidad de maniobra para combinar defensa de principios sólidos con un talante unitario y no sectario.

Para construir una alternativa de izquierdas hace falta reconstruir una izquierda social y cultural capaz de sentar las bases de una nueva práctica y de un nuevo modo de hacer política. Lo que deberíamos hacer todos y todas es poner nuestros pequeños instrumentos político organizativos al servicio de esta tarea desde la unidad, el programa y la acción común. Ello requiere audacia, desembarazarse de complejos y renunciar a protagonismos autoatribuidos y a intereses espurios.

El problema, como siempre, es saber si estaremos a la altura de los desafíos históricos y de las necesidades de nuestras gentes.